Convives con los asesinos en tu ciudad y estos casos te lo demuestran

Mossos d'Esquadra muertos en una fuga carcelaria, feminicidios en un parking, asesinatos en Urgencias... la serie Crims cuenta los episodios más oscuros de la historia catalana

Se puede contar la historia de una región de muchas formas. Por ejemplo, por sus movimientos políticos. O por las obras de sus artistas. O, incluso, por las atrocidades que se cometieron. Esta última es la premisa de Crims, una serie de la cadena pública catalana TV3, que rescata los episodios más oscuros de la historia reciente de la región. Porque sí, muchos conocemos el caso de la vampira del Raval, uno de los famosos crímenes históricos de Barcelona. Pero, ¿y el asesinato en el parking del Putxet? ¿Y el celador de Olot? Estos son algunos de los casos que tal vez te suenen de la prensa, pero jamás recordarías en detalle de no ser que una serie como esta te los recordara. Por ahora, solo está disponible en catalán, pero atentxs porque igual que Merlí, seguramente pronto dará el salto a la escena nacional. Igualmente, este es un adelanto de algunos de los crímenes que trata la serie.

1. Caso Brito y Picatoste

“14 de octubre de 2001, Lleida. Una pareja de Mossos d'Esquadra está en el Hospital Arnau de Vilanova custodiando un interno del Centro Penitenciario Ponent. Al salir, un hombre se les acerca, dispara a los policías a bocajarro y huye con el prisionero, al que acaban de enyesar el brazo. Nadie sospecha que el objetivo de estos dos delincuentes va mucho más allá de conseguir la libertad”. Bajo esta premisa empieza el primer episodio, que se divide en dos partes, y explora este enigmático caso.

Brito y Picatoste en su juicio

Manuel Brito Navarro y Francisco Javier Picatoste Arnaldo coincideron en la cárcel y tuvieron una profunda conexión emocional. Picatoste ayudó a salir a Brito de una depresión y, como agradecimiento, le prometió que lo ayudaría a salir del centro penitenciario. Y diseñó un plan: Brito se provocó un traumatismo en el brazo que requería radiología, por lo cual lo llevaron un domingo al hospital. Picatoste ya lo tenía calculado: ese fin de semana tenía un permiso especial de salida. Justo cuando salió del hospital, apareció su compañero y disparó a los agentes (que sobrevivieron, aunque con profundas secuelas, uno con una bala en la espalda y otro, que quedó paralítico, estaba de prácticas y no pudo entrar en el cuerpo). Los presos les robaron las armas y el coche, con el que escaparon. 

Durante su huida a pie evitaron todos los núcleos urbanos, caminaron de noche y durmieron (poco) de día. Bajaron hacia Barcelona y fueron sobreviviendo con la ayuda de externos que les proporcionaban ropa, comida y teléfonos móviles. Pero la fuga se prolongó hasta noviembre y las temperaturas bajaron bajo cero. No podían dormir a la intemperie, así que asaltaron el coche de una pareja: asesinaron al chico y violaron a la chica. Esa misma noche fueron detenidos por una operación de vigilancia 24 horas formada por más de 100 policías que habían logrado pinchar sus dispositivos móviles. 

Al final, Brito y Picatoste fueron condenados a 76 y 62 años de cárcel, respectivamente. Pero no fueron los únicos. Tres hombres que los ayudaron recibieron penas menores de cárcel. Pero también la Generalitat de Catalunya, que tuvo que pagar 2,7 millones de euros a las víctimas porque como eran presos estaban bajo su tutela. Años después, se descubrió que Brito, encerrado en una nueva cárcel, había formado un nuevo plan de fuga que no logró ejecutar. 

La serie no solo relata cómo se tramó y desarrolló esta famosa fuga penitenciaria. Al igual que el documental de Alcàsser de Netflix, va más allá y aborda su impacto social, especialmente cómo se trató el caso, muy polémico porque hacía poco que se había implantado el cuerpo policial de los Mossos d'Esquadra y cada uno de los movimientos se escudriñó con lupa.

2. El asesino del parking

"El 11 de enero de 2003 aparece muerta una mujer de 49 años bajo las escaleras de un parking de la calle Bertran de Barcelona. Se crea una gran alarma social en la ciudad: hay un asesino libre que puede volver a matar. Once días después aparece otro cadáver en el mismo parking, de una mujer, asesinada de la misma manera. La policía cree que el asesino reincidirá. Y no tienen tiempo que perder", empieza el segundo episodio.

"Es llamativo el elevado número de golpes a nivel occipital producidos para no matar, lo que revela un componente sádico por parte del homicida”, explicaron los médicos forenses que estudiaron las víctimas del "asesino del parking", el alias con el que los medios conocieron a Juan José Pérez Rangel, que en ese momento tenía 24 años. "Rangel quería matar. Lo tenía decidido. Incluso elaboró una insólita coartada acudiendo a una agencia matrimonial en busca de novia y una vez concertada la cita con la muchacha en cuestión, hizo que cuadrasen sus encuentros con los asesinatos", explica La Vanguardia. La motivación se analizó durante mucho tiempo, pero acabó con la misma conclusión por parte de los psiquiatras: tenía tendencias psicópatas, era "frío y peligroso" y actuaba por sadismo.

Asesino del parking | Betevé

El modus operandi fue atacarlas en el parking en el que había alquilado una plaza. Tras apuñalarlas y golpearlas una decena de veces hasta la muerte, les ponía una bolsa en la cabeza y robaba sus tarjetas. Fue así como le pillaron: acudió a un cajero a sacar dinero. Tirando del hilo encontraron su cara, su nombre y lo detuvieron en casa de sus padres, donde vivía, y donde encontraron álbumes con recortes de los asesinatos y pruebas que lo vinculaban a los crímenes. Aseguró ser inocente, pero seguirá en la cárcel hasta el 2035.

3. El celador de Olot

El tercer capítulo narra la historia de Joan Vila, auxiliar de enfermería en la Fundación La Caritat cuidando de ancianos. Ahí aprovechó para matar a casi una docena de personas mayores. "Utilizó productos cáusticos, cócteles de barbitúricos e inyecciones de insulina", recuerda un artículo de El Español. Los asesinatos fueron constantes y demasiado frecuentes. Él repitió a sus compañeros "¡qué mala suerte! Siempre se me mueren a mí". Pero no coló: al onceavo asesinato, el forense se negó a dar la muerte natural y llamó a la policía. Joan lo delató todo, era absurdo negarlo, aparecía en las cámaras de seguridad y la última víctima murió abrasada por el veneno que le proporcionó, por lo que la autopsia iba a ser de asesinato. 

La explicación que han intentado darle a sus crímenes, como en la mayoría de casos, fue una vida dura y trastornos psicológicos. Había tenido una adolescencia difícil, una vida sexual y social tortuosa y, además, le diagnosticaron un trastorno ansioso depresivo en una personalidad con rasgos obsesivos. Un cóctel de traumas que, aseguran, acabó convirtiéndolo en un asesino en serie, como explicaron los análisis psiquiátricos. Se justificó en que lo hizo para que "no siguieran sufriendo" porque creía que "a penas les quedaban días". Cuando encontraron sus cadáveres aseguró que "míralos que bellos están muertos". Creía que era una buena acción y por eso no manifiesta signos de arrepentimiento en la cárcel, donde es un "preso ejemplar". Todos los que interactúan con él en la cárcel parecen blanquearlo, y confunden todavía más por la sangre fría con la que asesinó a once personas.