Algunos consejos para llegar a final de mes siendo un poco cabrona

Si a ti también te pasa que llega el día 21 y te quedas en bragas pensando cómo llegar a fin de mes sin que el kit de tu subsistencia incluya arroz y pollo, has llegado al sitio correcto. Porque esto no va de súperconsejitos rosas en los que dejar calderilla en la huchita de cerdo, ni de sisarle monedillas a tu madre cada vez que apareces por casa. Tampoco va de tirar de Google para vislumbrar estrategias monetarias que de verdad sirvan. Esto va de ser un auténtico canalla de la vida, de echarle morro y sobre todo, de hacer que funcione.

Todas las detalladas a continuación son de cultivo propio, previamente probadas, testadas y que han funcionado. Incluso en el Primavera Sound. Eh, una maravilla.

Café con leche a precio de cortado 

Si tienes la suerte de vivir en un pequeño pueblo de la Albacete profunda en el que el cafetito de por la mañana te cuesta 1€, enhorabuena. Yo no. Yo vivo en una de las grandes capitales y como tal, el pijismo tiene sus consecuencias. Un día descubrí un truco que me permitía ahorrarme alrededor de 0,30 céntimos por acción, y, desde entonces, mi vida ha sido absolutamente distinta.

Mecánica: Pídete un cortado para llevar en vaso de café con leche (esto es importante porque así juegas con el recurso de que hay más espacio). Una vez servido, bébele un buen trago. Sin miedo, puedes dejarlo a la mitad. Cuando lo hayas testeado, muy amablemente confiesa que es que está muy fuerte, que está caliente, que demasiado café. Te servirán más leche y, voilà. Ya tienes tu café con leche a precio de cortado.

Lo que te ahorras: 0,30 céntimos que multiplicado por 30 cafés con leche que tiene el mes suma un total de 9€. Un cubata más el día 31, señores. Por todo lo alto.


Pedir café con hielo a precio de café sin hielo

Esta es otra de las variantes que me encantan. Hasta ahora nadie me ha descubierto y para mi es maravillosa. Los hielos nos los cobran, amigos. Y es duro ver cómo te sablan 20 céntimos por un triste cubito (a veces dos). Ahora que llega el veranete y el calor está a la vuelta de la esquina haz uso de esto cuando te dé la gana.

Mecánica: Pide tu cortado/café/caféconleche de nuevo para llevar. Cuando ya lo tengas servido a punto de irte con él, hazte el despistado y di: “Ay, se me ha olvidado pedírtelo con hielo. ¿Te importaría ponerme uno o dos?" El camarero, por supuesto, te pondrá dos hielos. Ya tienes el primer paso, enhorabuena. Ahora, con cara de buena gente y como si le estuvieras pidiendo la paga a tu abuela, pregunta: "¿tengo que pagarte algo más?" Generalmente ocurrirá que la situación se volverá tan ridícula que el camarero te dirá que no hace falta. Piénsalo, ¿qué garrulez es esa de pedir 20 céntimos extra por un hielo? Ellos lo saben y ellos te hacen ese favor.

Lo que te ahorras: 0,20 céntimos por unos diez cafés de estos al mes: 2€.

3. “Pero bueno, que se me ha olvidado la cartera”

Esta me viene genial cuando el final de mes golpea mi espalda avisándome de que estoy más pobre que el vestidor de Tarzán. Me voy a un bar conocido en el que me hayan visto la cara un mínimo de 5 veces y me pido mi desayuno con tostadas y zumo de naranja. Yo sé que no tengo dinero para pagar, pero ellos no. Esa es la buena noticia. 

Mecánica: Da los buenos días, sonríe, pregunta qué tal. Pídete el desayuno pero no exageres. Algo normal, lo de siempre más un extra que hoy, paga el cielo. Desayuna tranquilamente, léete el periódico, consulta que está pasando en el mundo. Cuando llegue el momento de pagar entra a la cafetería y haz como que estás buscando algo desesperadamente. ¡Mierda, mi cartera! Di que se te ha olvidado en casa pero que mañana sin falta les pagas. Y claro que les vas a pagar, lo de irse y no volver es feo y además acumula puntos negativos para el Karma. Lo único que vas a hacer es irte desayunado y de gratis HOY, pero mañana, o al siguiente o al otro, cuando ya hayas cobrado, vuelves y saldas la deuda.

Lo que te ahorras: Nada, pero al menos a final de mes consigues darte un homenaje. Que a día 31 escasean, y bastante.


4. Ropa everywhere

¿Que no puedes comprarte ropa porque no te llega? De eso nada. Lo único que necesitas, eso sí, es hacer las compras a primeros de mes para tener saldo en tu cuenta bancaria. Lo demás, te lo explicamos ahora.

Mecánica: Ve a las tiendas que más te gusten y arrasa con lo que te apetezca. ¿Tienes una cena el sábado y quieres estrenar conjunto? Cómpratelo. ¿Te apetece un abrigo especial? Píllalo también. Lo único que tienes que conseguir es no cogerle cariño a la ropa porque 1, no será tuya y 2, tendrás que devolverla. Cuando veas que tu cuenta flaquea y está más débil que una cucaracha rociada en laca, entonces devuelve, devuelve y devuelve. Algún día te explicaré cosas estratégicas para disimular la etiqueta  pero eso ya en otro artículo.

Lo que te ahorras: dependerá de tu adicción a las compras, pero una media de 60-100€ al mes.


Tu bolso interminable

Este es al que más cariño que le tengo porque es el que más me funciona. Quizás porque tiendo al síndrome de diógenes. Pero no me cuestiones, lo importante es que FUNCIONA.

Mecánica: Cada vez que pagues con billetes y te devuelvan monedas, tira un euro o dos al final del bolso. No recurras a ellos nunca, como si no estuvieran, OLVÍDALOS. Cuando la última semana de mes tu cuenta bancaria caiga igual que la bolsa de Wall Street, entonces, y solo entonces, recurre a tu fondo del bolso. Allí encontrarás una mina con la que probablemente te podrás ir de cena. Y no de las baratas, ¿eh?

Lo que te ahorras: Nada porque ese dinero siempre estuvo. Pero, ¿ y lo que mola llegar a día 30 y descubrir que tienes al menos 40 pavetes circulando libres por tu vida?