Carta A J.K. Rowling: Por Qué Has Dejado Que Le Hagan Esto A Harry Potter

Querida amiga J.K.,

¿Por qué nos has hecho esto? Bueno, más bien, por qué has dejado que nos lo hagan, porque tú ni has escrito esta nueva entrega de Harry Potter y el legado maldito en forma de guión de teatro que se acaba de poner a la venta en castellano. Pero, ¿de verdad creías que el pobre Harry se lo merecía? Esto de quedar relegado a un mero personaje plano, obtuso de mente, y sin ningún tipo de sensibilidad.

Intentando no destripar demasiado, la historia está protagonizada por los hijos de Harry, concretamente uno de ellos, y él hace de padre preocupado y diría que poco más. Los que nos hemos leído fielmente todos tus libros, cerramos este último con una sensación medio amarga. Sí, hemos vuelto a Hogwarts, a Diagon Alley, a jugar al Quiddich y nos hemos vuelto a reencontrar, además de con los protagonistas, con Hagrid, con la profesora McGonagal, con el sombrero seleccionador y muchos otros personajes con los que crecimos y a los que, aunque no lo reconozcamos, echábamos de menos. Pero no ha sido lo mismo. De hecho, diría que ha sido demasiado. Porque aparecen muchos, todos, demasiados, tanto los vivos, como los muertos.

Más que una secuela de Harry Potter, este texto parece un acto conmemorativo (como el de la primera edición de OT) en el que no ha querido faltar ninguno de los que un día aparecieron en los libros originales. La historia, aunque no sea nefasta, se queda plana, como en esas películas malas de terror en las que todos sabemos que van a matar a esa chica menos ella, o esas tramas poco sutiles en las que un personaje se enroca tanto en una actitud que no queda creíble.

Aun así, como decía, la historia no es especialmente mala. Tiene giros interesantes, algunas amistades inesperadas, pero se nota que los autores son Jack Thorne y John Tiffany y han cogido el universo que creaste de Harry Potter y han hecho con él algo más o menos potable. Les habrás ayudado, sí, pero no demasiado.

En realidad, leyendo el libro, te das cuenta de que la obra de teatro debe ser espectacular. Hay varios saltos en el tiempo, escenas rápidas y complicadas de representar, como por ejemplo a los dementores volando y llenándolo todo de tristeza y oscuridad. Que probablemente en el West End londinense habrán invertido un pastizal y encontrado alguna forma no cutre de ponerlo en escena. 

Así que, si lo hubieseis dejado en obra de teatro, puede que probablemente nos hubiese decepcionado menos. Habríamos incluso hecho el esfuerzo de ir a Londres a verla, o seguramente no tardarán en traducirla y traerla a la Gran Vía de Madrid. Pero habéis querido hacer dinero, que volviéramos a hacer cola delante de las librerías y que nos creyéramos, como dicen muchos medios de comunicación, que es el octavo volumen de la saga Harry Potter.

Así que no te extrañará, querida J.K. Rowling, que nos sintamos un poco decepcionados al ver que has vendido a nuestro pequeño Potter al mejor postor y nos habéis dado algunas migajas para satisfacer nuestro pueril síndrome de abstinencia, pero al que le falta el alma, tu alma, ese que tanto nos conquistó y nos enganchó una vez cuando éramos pequeños.