Carta de amor a las comedias románticas (y cuáles ver este San Valentín)

Cuando tenía 13 años Matthew McConaughey siempre estaba metido en la pantalla de mi sala de estar y todavía no ha salido de allí

Cuando tenía 13 años Matthew McConaughey siempre estaba metido en la pantalla de mi sala de estar. A veces salía conquistando a Jennifer Lopez en el DVD que tenía de Planes de Boda, otras veces soportando a Kate Hudson en Cómo perder a un chico en 10 días. Después de darse a conocer en la prensa española como el noviete cachas de Penélope Cruz, la Cuore decidió adoptarlo y dedicarse a llamarlo Mateo y a retratar su posterior romance con Camila Alves, cual abuela contando a sus vecinas las novedades sobre su nieto. 

Matthew McConaughey tenía una chispa y una simpatía en las películas que yo veía que era imperceptible en las páginas de las revistas en las que aparecía. No era un guapo-guapo fabricado en los laboratorios de Hollywood: las estrellas de las comedias románticas nunca lo son. Así se distingue a un buen actor en las comedias románticas, por caer simpático, por poder hacerte entender qué es lo que está sintiendo en ese entramado surrealista en el que se encuentra, por acabar queriendo tú lo que él quiere.  Matthew Goode y Amy Adams son muy buenos actores en Tenías que ser tú. Julia Roberts es muy buena actriz en La boda de mi mejor amigo. Sin embargo, tal y como McConaughey en ese primer momento, no fueron reconocidos por ello.

El tiempo me dio la razón: McConaughey acabó ganando un Oscar por Dallas Buyer’s Club, y lo habría ganado por True Detective si las series hubiesen entrado en aquella competición. Pero las comedias románticas hace años que no entran en el mismo juego que las demás películas, porque son películas que nacen con el estigma de ser productos dirigidos para mujeres y por lo tanto, obras menores (e incluso malas). 

El lenguaje romcomero

Las películas de terror usan un lenguaje propio para apelar a las emociones del espectador. Estas reglas y pautas, aplicables solo a su subnicho, separan a las películas de terror del resto de películas, pero no impiden que en sus propios mundos apartados Hereditary o Tren a Busan se conviertan en películas aclamadas por la crítica

Las comedias románticas hacen el mismo uso de recursos propios. Son historias con estructuras predecibles y muchas veces replicadas. Entretenimiento bueno. La mayoría de las romcoms buenas lo son recayendo en guiones buenos, compensando el extra de azúcar con un guión ácido. Necesitan hacer uso de actores que no son simples floreros (igual que en las películas dirigidas a hombres, las chicas guapas están ahí de floreros para decir tres frases en toda la película), sino actores que sean capaces de tomarse en serio la complejidad de sus personajes y que sepan hacerte transmitir cómo evolucionan sus sentimientos a lo largo de la peli. Necesitan conseguir que tú quieras, que tú recrees sus nervios en tus entrañas, que tú grites a la pantalla que por favor, por favor, se besen ya.

Las romcoms siguen los estándares de su tiempo y como, como siempre, hay que ponerse las gafas del contexto. Muchas veces las critican por perpetuar roles machistas y estándares románticos no realistas, pero los mismos que usan este argumento hacen todo lo posible por ignorar lo que las películas típicamente masculinas perpetúan. Érase una vez... en Hollywood no recibe las mismas críticas por su masculinidad tóxica, ni lo hace el Joker por perpetuar unos comportamientos peligrosos y actitudes misóginas de los varones que frecuentan 4Chan. A veces parece que el elitismo cultural es una herramienta para tapar que es lo femenino aquello que se desprecia. 

El maltrato de los 2000

El repudio crítico a las romcoms no ha estado siempre ahí: hubo una época en la que bajo el género de screwball comedy (traducido como "comedia alocada") triunfaron los que serían en los años 30 y 40 los ascendientes directos de las comedias románticas de los 2000. Bajo la dirección de Frank Capra, Sucedió una noche se llevó en 1934 los llamados Cinco Grandes premios de los Oscar: Mejor Película, Mejor Director, Mejor Guion, Mejor Actor y Mejor Actriz. De esta típica historia se-conocen-se-odian-pero-el-roce-hace-el-cariño de una heredera rica y un periodista chulito nacería una fórmula que se replicaría hasta la infinidad con mil versiones, mil profesiones y mil situaciones diferentes.

Hasta los años 90 se mantuvieron las críticas estables: Cuando Harry conoció a Sally sigue siendo relativamente bien vista (Nora Ephron siempre lo es) y John Hughes hizo un gran trabajo convirtiendo a Molly Ringwald en la chica a la que todas las adolescentes aspiraban a ser. A pesar de eso ninguna comedia romántica supera la nota de corte de la crítica para convertirse en una de las mejores películas de la historia, un título reservado para películas de hombres.

No es hasta principio de los 2000 que la burbuja empieza a explotar: la sobreproducción de romcoms (con sus relativos bajos costes de producción y retornos decentes) hicieron que las poquitas joyas que salieron durante esos años se ahogaran en un mar de películas mediocres y directamente malas, dejando a la sociedad mainstream con una percepción sobre ellas bajo el suelo. A ojos de un inexperto, Amor con preaviso y La cruda realidad están en un mismo saco, y no quiero decir que Katherine Heigl arruinó la industria de las romcoms pero tampoco lo desmentiré.

Netflix, ¿una nueva oportunidad?

Después de unos años en los que la producción de comedias románticas ha sido casi nula (quitando alguna que se escapaba de Sundance en la que el drama de los protagonistas siempre se sobreponía a la trama), la entrada de las plataformas SVOD (Netflix, HBO, Amazon Prime…) está cambiando el paradigma.  Cada época tiene un cine que se adapta a su formato de visionado: no es casualidad que en los 80 se pongan en auge las películas familiares como ET o Los Goonies, justo cuando empiezan a hacerse comunes los videoclubs y los espectadores que cubrían los domingos a la tarde con los niños eran los que alquilaban las películas.

Netflix se aprovechó de estas ganas de querer ver cosas ligeras cuando uno está en casa viendo la tele, y que mientras los éxitos de taquilla son cada vez historias más estrambóticas y fantasiosas con Marvel, los remakes de Disney, etc., la intimidad del hogar se reservaba para ver historias que gustaban en la intimidad. Se estrenaba así en el juego de las romcoms en 2018 y lo hacía fuerte: con Set it up y A todos los chicos de los que me enamoré. La esperanza volvió con esta última, pasando directamente al olimpo de las comedias románticas y convirtiéndose en una de las películas propias más vistas de la historia de la plataforma. Y a pesar de que desde entonces se han dedicado a hacer producciones que no tienen “ni chicha ni limoná”, la llama de la esperanza en que el revival de las comedias románticas esté a punto de llegar sigue encendida. 

Mientras tanto, toca replantearse la visión que tenemos de este cine. Toca darle otra oportunidad, con la experiencia que nos da la distancia y dejar de hacerse sentir avergonzadas a las amigas que os dicen que su película favorita es El diario de Bridget Jones. Porque la verdad es que es una película que está muy bien.