Cabalgatas de reyes: las locuras que llega a hacer la gente por un caramelo

Acercarse a una Cabalgata de Reyes, esperando ver la ilusión en la mirada de los niños y vivir un momento de alegre comunión con el prójimo, es un grave error. ¡A las cabalgatas se va a la guerra! O, por lo menos, a la guerra por los caramelos. Uno puede elegir participar activamente o quedarse a un lado viendo como padres y niños urdan estratagemas para hacerse con el máximo número de bombones.

Se les reconocerá porque, si la cabalgata empieza a las 6 de la tarde, ellos ya estarán ahí a las 4.30 guardando sitio en primera fila para ellos y para los primos. Los hay que echan mano de la creatividad y se confeccionan un sombrero/palangana con el que recoger los caramelos que se lanzan desde las carrozas, o la versión del que, en una tarde fresca pero soleada, se lleva el paraguas del abuelo y lo abre al revés por encima de las cabezas de los demás asistentes. Pero también los hay más activos, que entrenan todo el año para ese día poder corretear de arriba abajo cazando cualquier proyectil azucarado que caiga en su radio o en el del vecino; da igual, lo importante es llegar primero.

Este comportamiento se puede entender de los niños, pequeños seres viscerales por domesticar, que pierden las formas por un 'Chupa Chups', pero no de sus madres, esas señoras que dejaron atrás la treintena, tanto en edad como en talla de pantalón, y que son capaces de pisar el caramelo para que no lo coja ese otro niño, o meterle el codo en el ojo a la mamá de al lado para hacerse con una piruleta.

Así, cada víspera de Reyes, salen familias enteras de caza con bolsas de plástico que traen repletas de caramelos promocionales y demás parafernalia cabalgatística, donde la pelota de plástico es la joya de la corona. Con el paso de las semanas, el entusiasmo va mermando y en marzo las bolsas siguen ahí, los bombones por los que en enero se luchó contra viento y marea empiezan a derretirse y ya nadie los quiere porque están blandos.

Cabalgata de Reyes...

caramelos

Reflexionemos entonces, queridos conciudadanos, si es necesario dejar de lado todo aquello que nos une como seres humanos: la generosidad, la concordia, la educación, para abandonarnos a la locura del “como es gratis, lo quiero todo”, porque hay cosas en la vida más importantes, ¿no creen?