Por qué han acusado a Ellen DeGeneres de ser la peor jefa del mundo

"Es una malísima persona. Mi hermano ganó un concurso para conocer a Ellen en persona pero lo cancelaron porque Ellen se niega a interactuar con gente con discapacidad", recuerda una mujer

Todo el mundo conoce a Ellen DeGeneres. Humorista, presentadora, con un exitoso talk-show desde 2003 por el que han pasado prácticamente todos los famosos y un icono LGTBI. Es una de esas figuras que han definido la televisión contemporánea. Sin embargo, su mítico programa está en caída libre, lo que podría significar el final: sus ratings de audiencia han bajado un 29% y su credibilidad está cuestionada desde que la “cancelasen” por su reprochable actitud.

Todo empezó en marzo de este año, en Twitter. El cómico Kevin T. Porter aseguró que, aunque Ellen quería ir de simpática en su programa, tenía una cara oscura y que constantemente recibía historias de lo mala persona que era en el backstage, así que pidió a sus seguidores que contasen las anécdotas más locas sobre Ellen. Rápidamente se llenó de comentarios contando rumores que demostraban la supuesta crueldad de la presentadora.

“Mi hermano ganó un concurso para conocer a Ellen en persona. Un mes antes cancelaron porque ‘Ellen se niega a interactuar con gente con discapacidad’”, explicó una usuaria. O la anécdota de Alison Freer, diseñadora de vestuario: “trabajábamos en un programa de Warner Bros que estaba cerca de su plató. Era el 50 aniversario de nuestro productor e hicimos una barbacoa. Nos obligaron a cancelar la comida porque no come carne y le molestaba. Es lo peor”. Además de nunca saludar ni interactuar con nadie: “trabajé con Ellen cada día durante dos años. Nunca me dijo hola, nunca me sonrió”, “en el plató había carteles de ‘prohibido mirar a la presentadora a los ojos’”, o “antes de hablar con ella tenías que comer un chicle por si te apestaba el aliento. O si ella creía que olías mal te mandaba a casa a ducharte. Y cada día escogía un random a quien odiar, y te hacía la vida imposible. Tocaba aguantar y esperar que mañana odiase a otro”.

Estos comentarios no eran nada nuevo, pero tampoco se limitaban al ambiente de trabajo. Después de establecer que era mala jefa, también salió que era mala persona. Según aseguraron varios tuiteros, siempre que iba a un restaurante se quejaba de los trabajadores para que los despidieran. También hacía peticiones ridículas y luego se enfadaba si no lo lograban. Pero, además, no era algo de gente anónima. Incluso famosos como Dakota Johnson ya se habían quejado de la falsedad de Ellen (una vez sucedió en directo, cuando la presentadora le increpó que no la había invitado a su cumpleaños y ella le dijo que sí que lo había hecho, pero a ella no le había dado la gana de presentarse). Todas las respuestas en el hilo quedaron ahí almacenadas, como un archivo de rumores y abusos sin confirmar.

Pero pasaron los meses y, con la llegada del covid, los trabajadores denunciaron que, en medio de la alerta sanitaria, no se les estaba pagando ni informando sobre su seguro médico. Además, volvieron a sacar el tema del hilo, asegurando que el ambiente de trabajo era tóxico, racista, explotador y que no tenían permitido crear un sindicato de trabajadores para defenderse.

Diversos medios lo investigaron (el reportaje más extenso, de Buzzfeed, en el que decenas de entrevistados aseguraban que trabajaban en un ambiente dominado por el miedo a los caprichos y berrinches de Ellen) y llegó el punto en que Warner Bros, la compañía que produce el show de Ellen, tuvo que abrir una investigación porque, como reveló The New York Times posteriormente, no se estaban respetando los estatutos de los trabajadores y las condiciones laborales eran, en efecto, tóxicas.

Ahora, Ellen se ha disculpado a sus trabajadores, asegurando que pondrán remedio a “estos problemas”, pero también ha empezado una campaña paralela para conservar su show y mostrarse como víctima de bullying. Su mujer, la actriz Portia de Rossi, la cantante Katy Perry o el humorista Kevin Hart se han unido a esta campaña, pidiendo ser más amables con Ellen y diciendo que es una víctima más del bullying online y de la supuesta cultura de la cancelación, sin hacer mención al maltrato sistemático que han estado viviendo los cientos de anónimos que han trabajado con ella en constante miedo y con los mínimos derechos laborales.

CN