Los 5 problemas que tenemos las personas a las que nadie nos hace ni puto caso

Me ha costado tiempo aceptarlo pero sí, soy invisible. Y no precisamente la clase de invisibilidad que yo estaba buscando, que se basa en tener una capa como la de Harry Potter, poder entrar en Zara y llevármelo todo sin que nadie me vea. Soy esa clase de persona que siempre pasa desapercibida. A la que escogían la última en el equipo de baloncesto del colegio. La que está en todas las historias hardcore del grupo de amigos pero nadie la recuerda. Para que me entendáis un poquito mejor: si fuera aspirante de Masterchef, llegaría a la final porque no sabrían ni que estoy allí.

Estos son los problemas que tenemos las personas invisibles

No malinterpretéis mis palabras, no todo es horrible siendo etérea. Por ejemplo, de pequeña nunca tuve una amiga imaginaria porque ese ERA MI PAPEL. Me ahorré muchas visitas al psicólogo. El caso es que para los que os sintáis identificados con lo que estoy diciendo, os dejo una lista de algunos de los problemas que compartimos:

1. Entras en tu trabajo con ganas de comerte el día, el mundo y hasta un kebab sin haber bebido. Vas feliz, dicharachera, risueña. Piensas: 'Hoy sí'. Pero no. Con tu mejor sonrisa das los buenos días a todo el que se te cruza. ¿Qué ocurre? NADIE CONTESTA. Te acuerdas de Adele y te dan ganas de cantar "Hello from the other side" a los cuatro vientos. Créeme, ni aún así funcionaría. En ese momento, tu cara se parece mucho a esta:

Estos son los problemas de las personas invisibles

2. No hablemos del momento de pedir en la barra de un bar. Intentas por todos los medios no tener que hacerlo, incluso propones a tus amigos echarlo a suertes, a piedra-papel-tijera-lagarto-Spock o a ver quien aguanta más sin respirar. LO QUE SEA para no pasar por ese trago. Pero te toca a ti levantarte porque recuerda que eres invisible y, por supuesto, tus amigos también van a pasar de ti.

Así que ahí vas tú, asustada y decidida, elaborando mentalmente una estrategia para que ese camarero con pinta de pocos amigos te atienda. Apoyas tus brazos en la barra, sacas pecho y le miras insistentemente sin apartar la vista de él. Levantas tímidamente un dedito para intentar que ese hombre del demonio te vea. ¿Qué hace él? Por supuesto, ignorarte. Y ahí te pasas media noche intentando pedir cuatro cañas y una de bravas porque LA VIDA PUEDE SER MARAVILLOSA.

Estos son los problemas que tenemos las personas invisibles

3. La hora de hacer la compra puede convertirse en una auténtica tortura. Agradeces a los dioses, en los que no crees, que existan los chismes rojos para coger número (¿por qué son todos rojos?). El drama viene cuando no los hay. Y tú, que eres despistada —o tonta— por naturaleza ves como se te cuela una 'amable' señora que encima te sonríe con cara de no haber roto un plato, porque las señoras son mucho de sonreír cuando están cometiendo una maldad.

Luego está ese señor que, cuando le miras con odio y desprecio porque se ha colado, te dice: "¿Estabas tú, guapa? Ay, no te había visto, hija". Ni soy tu hija ni quiero tu piropo de m****a. Total, que tú que estás muy bien educada, sonríes cordialmente cuando lo único que te apetecería hacer es esto:

Estos son los problemas que tenemos las personas invisibles

4. Otro de los grandes problemas que sufrimos las personas invisibles es que, al parecer, tenemos una cara muy común. Tan común que nunca se acuerdan de ella, ni de nuestro nombre. Me han llamado Ainhoa, Yolanda, Lourdes, Ana, Helena y Laura. También he tenido que escuchar las maravillosas frases —nótese la ironía— que nunca fallan: "¡No te había reconocido!", "¿Nos conocemos?" o "Perdona, ¿tu eras?". Mira, ¿sabes quién soy? La muerte. Y he venido a por ti.

Estos son los problemas que tenemos todas las personas invisibles

5. Estás en una reunión de trabajo o en clase y alguien hace una pregunta: un compañero, un jefe o una profesora. Piden ideas. Tú que estás llena de creatividad por dentro —o que simplemente sabes la respuesta— respondes con toda la humildad del mundo. La conversación sigue y empiezas a sospechar que no te han oído así que vuelves a contestar. Y otra vez LA NADA. Siguen conversando, a sus cosas, como si el mundo fuera suyo.

Y tú, que ya empiezas a sentirte fuera de lugar, agachas la cabeza cual avestruz en tierra. Y, de repente, el listo de turno da LA IDEA. TU IDEA. Y todo el mundo aplaude, sale confeti de no me preguntes dónde y una banda de cornetas y tambores le rodea mientras el resto le aclama. Y tú solo piensas: "¿me están vacilando?" No, no te vacilan. Te ignoran que es, básicamente, el drama de tu vida.

Estos son los problemas que tenemos las personas invisibles.