Los 5 métodos favoritos de los hackers para robarte la tarjeta

Cuidado con los correos electrónicos que parecen de tu banco. Podría ser una estafa phishing

¿Cuantísimas cosas pagas por internet con tu tarjeta bancaria? La suscripción de Spotify Premium, la suscripción de Netflix, la suscripción de Disney+, la compra mensual, la ropa, las entradas de los conciertos, las proteínas del gimnasio, los libros... Hace no demasiado tiempo la gente tenía miedo de utilizar sus datos bancarios en la red. Hoy está totalmente normalizado. Pero eso no significa que sea seguro en el 100% de los casos. Al fin y al cabo, siempre hay malhechores acechando. Y lo hacen principalmente a través de 5 métodos.

Los métodos habituales

El más habitual es el phishing. Tal como lo describen en El Economista, es una técnica en la cual "el cibercriminal se hace pasar por una institución o empresa conocida y legítima para engañar al usuario y que este le dé sus datos personales". La estafa suele comenzar con un SMS o un correo electrónico enviado supuestamente por tu entidad bancaria y que contiene un enlace. Cuando clicas, te lleva hasta una página prácticamente idéntica a la página oficial del banco. Si te lo crees y metes tus datos de acceso, terminas timadx.

Otro bastante frecuente es el malware. Se trata de programas informáticos maliciosos que se instalan en tu ordenador o en tu móvil sin que te des cuenta. "Algunos registran las pulsaciones del teclado cuando escribes la contraseña, mientras que otros directamente guardan la información cuando accedes a alguna de tus cuentas", apuntan desde este mismo medio. El resultado es el mismo: conocen tus datos y los utilizaran para entrar en tu banco y saquearte. Cuidado con las descargas en internet. Nunca sabes qué llevan.

Métodos que no detectas

Cada vez más común, y muy difícilmente detectable para ti como usuario, es el skimming digital. También es un software y también tiene como finalidad recopilar tus datos, solo que este no se instala en tu ordenador sino en las tiendas virtuales. Tú, desde tu buena voluntad, introduces los datos de tu tarjeta para comprar un regalito de Navidad o para donar a una asociación y el programa, invisible, los guarda. Aunque supone apoyar menos al pequeño comercio, las grandes empresas tienen mejor seguridad frente al skimming.

Y quedan dos métodos. Por un lado, las filtraciones de datos, en las que tú tienes muy poquito que decir puesto que se producen mediante ataques informáticos a los servidores de las empresas donde compras. Por otro lado, la explotación malévola de las redes WiFi públicas: los ciberdelincuentes se agazapan en ellas para robarte los datos confidenciales. A veces incluso hacen que redes WiFi privadas parezcan públicas para que caigas más fácilmente en la trampa. Mejor tirar de datos o esperar hasta llegar a casa. Protégete.