La 2ª temporada de Sex Education te recuerda que todavía no has perdido el miedo al sexo

La exitosa serie de Netflix vuelve con una nueva tanda de capítulos que la reafirma como uno de sus mejores productos

El año pasado, Netflix estrenaba una serie sin demasiadas pretensiones sobre un instituto lleno de adolescentes descubriendo su sexualidad. El protagonista, Otis, hijo de una sexóloga, abría una consulta escolar para ayudar con los problemas con los que todos los adolescentes se topaban de bruces y para los cuales no tenían ni respuesta ni nadie a quién acudir. A priori, no parecía nada revolucionario, una comedia más. Pero lo petó y se convirtió en una de las series más comentadas del año, siendo rápidamente catalogada como lo mejor que ofrecía la plataforma de streaming.

Pero la clave de su éxito no solo está en que fuera buena, sino porque por primera vez se hablaba de muchos términos sobre educación sexual que no solían llenar el discurso mainstream. Mostraron el proceso psicológico por el que se pasa al abortar, los traumas de la virginidad, la rabia tras recibir un ataque homófobo, la sororidad tras un filtrado de nudes, la vergüenza cuando piensas que tus genitales son feos… Muchos temas cuya necesaria conversación todavía sigue pendiente, tal y como demostró el revuelo publicitario que desató el anuncio de su segunda temporada. 

Un poco de contexto: la temporada (que se estrenó el pasado viernes) había sido anunciada con grandes carteles que se hicieron muy virales. Probablemente los más famosos, varios en Cuenca que decían que "te vamos a poner mirando a Netflix", y otro en el Círculo de Bellas Artes de Madrid que, con letras gigantes, anunciaba su nueva entrega con un: "te la vas a tragar entera". Rápidamente salió a relucir la mojigatería y el "es que nadie va a pensar en los niños" y al final la campaña tuvo que ser retirada a petición expresa del propietario del edificio donde colgaba la lona. Y todo porque en ese juego de palabras se intuía algo sexual en el espacio público. 

Tampoco es una medida que deba sorprender demasiado, visto el debate sobre el pin parental en Murcia (esa propuesta de Vox que permite a los padres censurar contenido educativo a sus hijos para que no reciban formación en diversidad de género y sexual). Al final, todos estos ejemplos demuestran por qué es tan necesaria la serie y por qué lo petó tanto. Nos da miedo hablar de sexo, orientación sexual y, en definitiva, sexualidad. Vivimos en una sociedad todavía muy conservadora que tiene pavor a imaginarse cualquier aspecto de la sexualidad diversa y sana y que prefiere censurarla por completo. Lo cual es profundamente irresponsable, porque el sexo es algo natural y no dejaremos de practicarlo. Lo único que haremos será hacerlo mal, desinformados y con miedo. 

Esta es la tesis de la primera temporada y que se reproduce, de nuevo en la segunda. Aunque el argumento de esta nueva entrega explora las mismas tramas, han sabido mantenerlas con frescura y añadir otras nuevas (por ejemplo, poniendo un poco de luz en la asexualidad, en el acoso sexual que sufren las mujeres, la bisexualidad e, incluso, la compleja pansexualidad, mostrando una cara más honesta del debate entorno a esta orientación tan cuestionada), unas historias que han evitado que la temporada se convierta en un refrito monotemático de la anterior. Toda la crítica coincide: Sex Education es, a día de hoy, lo mejor del catálogo de la plataforma. Una serie que, aunque no sea tu género predilecto, es de visionado obligatorio por todos los tabúes que logra romper.