“Las trabajadoras sexuales somos las grandes olvidadas de la pandemia”

Hablamos con 4 trabajadoras sexuales que nos explican el abandono por parte del gobierno y los medios de comunicación, la pobreza y la criminalización que han sufrido desde que comenzó la pandemia hace un año.

A raíz de la declaración del Estado de Alarma miles de trabajadoras sexuales se han quedado sin su principal fuente de ingresos en nuestro país. A esto se añade que debido al limbo legal en el que se encuentran la mayoría de las mujeres que ejercen su actividad en torno al trabajo sexual, ya sea de manera independiente o a través de clubes en los que muchas además residen, resulta imposible establecer unas cifras para entender el impacto real de la situación en la "industria del sexo". No obstante, desde algunos colectivos se habla de 60.000 trabajadoras sexuales que se han quedado en la calle o sin forma posible de ejercer su actividad principal. Un drama que está siendo invisibilizado pero que no está exento de grandes dosis de injusticia e hipocresía. Hablamos con varias de estas mujeres para que nos expliquen cómo arreglándoselas para sobrevivir a una situación que no parece que vaya a mejorar en el corto plazo.

Valerie, la prostituta 

Valerie May tiene 32 años y es de Barcelona. Empezó en el trabajo sexual hace más o menos 5 años, en 2016. Antes de eso estudió Integración Social. Valerie entró en este mundo al mudarse a otra ciudad y necesitar trabajo con urgencia. Conoció a una trabajadora sexual independiente, “Ella me explicó cómo lo hacía y me pareció una buena opción para mí. Empecé allí, cuando vivía en Tarragona y vi que, efectivamente sí podía ser algo que me gustara, así que seguí. Obviamente todos trabajamos por necesidad económica, para pagar la comida y el alquiler, y yo sentí que el trabajo sexual independiente era lo que mejor podía funcionar con mi vida. Cuando empezó la pandemia, tuve suerte. Estuve mucho tiempo sin poder trabajar de forma presencial porque las circunstancias no lo permitían y por mi responsabilidad como ciudadana, pero tuve mucha suerte tanto con OnlyFans, que me ha ido bien, y con que muchos de mis clientes me han estado apoyando a nivel económico. Tengo constancia de que esto también les ha pasado a otras compañeras”.

Hemos sido las grandes olvidadas en esta pandemia: A nivel de ayudas nos hemos tenido que organizar nosotras: recolectas de alimentos, ayudar a las compañeras que se quedaron en la calle porque vivían en los mismos clubs en los que trabajaban (y los cerraron)... Ni por parte del gobierno, del estado, ni de ningún colectivo abolicionista se han recibido ayudas. Hemos tirado gracias a los clientes y a la sororidad de otras trabajadoras sexuales. Yo me he sentido una privilegiada porque he tenido este colchón económico, pero las compañeras racializadas, trans y, en general, las que están en posiciones más vulnerables no han tenido esa suerte y se han visto en situaciones de pobreza extrema. Evidentemente no defiendo al dueño de OnlyFans, que se queda con un 20%. Hay que criticar el foco del problema, que es el sistema que genera semejantes situaciones de pobreza. Criticar a las chicas de OnlyFans es falta de empatía y de conciencia de clase”. 

Se nos consideró focos de infección (antes de las ETS y ahora también del covid), no personas: es normal que cierren los locales, igual que cierran los bares, pero tienes que ofrecernos alguna alternativa para subsistir. Si ofreces ayudas para los empresarios tienes que ofrecer ayudas a los trabajadores, y más si hablamos de trabajadoras que viven allí. Las trabajadoras sexuales somos las personas que más nos cuidamos, trabajamos con un contacto muy directo (tanto por las ETS como ahora con el tema del covid) muchas hemos optado por hacernos PCRs de forma privada y trabajar solo con clientes de confianza. Buscamos estar sanas:  ¿Es 100% seguro? Obviamente no, pero no somos un riesgo mayor que una persona que se monta en un vagón de metro abarrotado a las 8 de la mañana para ir a trabajar”. 

Anneke, la dómina y performer

Anneke Nekro tiene 33 años y es también de Barcelona. Empezó en el trabajo sexual a los 18 años como stripper, porque le “atraía mucho el mundillo, la fantasía de los clubs de striptease… yo ni era una chavala rica ni vengo de una familia acomodada ni nada, pero tampoco tenía una necesidad. En el porno entré en 2013, empecé porque me parecía la evolución a seguir para poder montar mi propio proyecto produciendo y dirigiendo, siempre tuve claro que ese era mi objetivo, y para eso necesitaba mucho dinero y de la forma más rápida posible. Como el BDSM siempre ha formado parte de mí en mi faceta más íntima, hace unos 5 años que decidí profesionalizarme. La pandemia para mí solo ha cambiado mi forma de trabajar. Por ejemplo, mis sesiones de BDSM ahora son online”.

“La pandemia para las trabajadoras sexuales ha sido como una prueba de fuego, no solo a nivel laboral, ha sido una cuestión literalmente de supervivencia: ha sido una prueba de fuego de organización entre nosotras, de tejer redes de apoyo. Yo he vivido como un golpe muy duro el rechazo y como se nos ha dado la espalda, como por parte de todas las entidades abolicionistas que luchan contra la trata de personas, gente que teóricamente se preocupa por nosotras, como no solo no nos han asistido, no nos han ayudado ni nos han dado voz ni espacios, sino que además, y es algo que no olvidaré jamás porque a nivel psicologico, fue cuando inventaron el término del ‘abolovirus’. Cuando vi a todas esas mujeres alegrándose del cierre de los clubs, diciendo que eran los beneficios de la pandemia para el abolicionismo... para mi fue un antes y un después. Estaba por un lado con mis compañeras al teléfono llorando diciendome que no sabían cómo iban a poder pagar el alquiler, no sé cómo voy a alimentar a mis hijes, no sé cómo voy a poder pagarme la universidad y a la vez estar leyendo como estas personas se estaban celebrando el ‘abolovirus’”.

“Lo de OnlyFans un clásico: señalamos a la persona vulnerable y no a quien se está lucrando del problema. Son las mismas dinámicas de siempre, señalar siempre al blanco fácil: es fácil señalarme a mí por dedicarme al porno cuando yo no soy nadie en esta industria y no a las grandes productoras que manejan el negocio”. Sobre la actitud de los medios me explica que “ Hace unos años cuando esto estuvo de moda me pasaba el día respondiendo entrevistas y ahora, hace cosa de 3 años, desde que las modas y las tendencias dentro del feminismo mainstream han cambiado es imposible declararse pro derechos de las trabajadoras sexuales públicamente porque te hunden. Es lo mismo que lo que está pasando con las personas trans: la transfobia está emergiendo de las cloacas, como una pandemia paralela”. 

Dice Anneke, sobre quienes las acusan de propagar el covid, que la historia se repite, “Se nos ha señalado una vez más con un foco de infección, tiene mucho que ver con el movimiento higienista del s XIX cuando se señaló a las trabajadoras sexuales como fuente de propagación de ETS, y me parece curioso porque en mi experiencia somos precisamente personas que cuidamos muchísimo nuestra salud, constantemente nos hacemos test y checkeos para mantenernos cuidadas y cuidar a las personas con las que trabajamos. Yo conozco gente que en su vida se ha hecho un test de ETS y yo y mis compañeras no paramos de hacérnoslos. Es como que la gente no es capaz de mirarse al espejo. El problema no es ‘poner en riesgo la salud pública’, el problema es que estamos poniendo en riesgo nuestra salud y la de nuestra familia porque tenemos que comer y pagar facturas, y sin ayudas con las que subsistir tenemos que seguir trabajando. En otros países en los que el trabajo sexual está regulado o descriminalizado las TS han cobrado su paro, prestaciones, ayudas etc. y por eso han podido no trabajar y no ponerse en riesgo. No nos dan alternativas”.

Dali y Rosa María, las chicas de Only Fans

Dali tiene 34 años y empezó en el trabajo sexual sin ser consciente de que era trabajo sexual: como modelo alternativa erótica en Suicide Girls, aunque solo hace dos años que empezó a cobrar por sus sesiones de fotos “mi trabajo y mi tiempo valen dinero”. Hace un año, al inicio de la pandemia, empezó en OnlyFans, “Si las personas que tenían una nómina han visto sus ingresos reducidos (ERTES) a un 70%, las que no la tenían, como las trabajadoras sexuales, se han quedado a cero”. Ella que ha sido inmigrante sin papeles “viviendo al día” se hace idea de cómo han tenido que pasarlo las trabajadoras sexuales en situación irregular. “Hubo una moda de dar voz a las trabajadoras sexuales, ahora prefieren dar voz a las que escudadas en el abolicionismo son, por ejemplo, abiertamente transexcluyentes. Yo también estoy en contra de la trata, no solo de ts, de todo tipo de esclavitud, no es lo mismo. Es muy fácil criticar cuando tú tienes la comida caliente cada día en tu casa”.

Rosa María es de Santa Coloma vive en Murcia desde hace 10 años, va a cumplir 26 años y empezó a plantearse el trabajo sexual hace un año al ver que había posibilidades más seguras que las citas, “La calle es muy insegura, y siendo una pava trans no voy a optar por la forma más arriesgada porque es todavía más peligroso para una persona como yo”. Viendo que se podía hacer a través de internet de forma fácil desde casa y teniendo una buena base de seguidores en Twitter lo vio como una forma de sacar algo de dinero. Ella optó por LoverFans, la versión española de OnlyFans, donde empezó en septiembre de 2020.

“A mí me empezó a llegar acoso cuando a una mujer muy conocida le dio por mostrar mi imagen (en redes) insinuando que soy una violadora por entrar en un baño de mujeres el verano pasado, además fue la única vez que lo hice porque — como mujer trans — cuando lo haces tienes mucho miedo. Puedes recibir agresiones muy fácilmente. Esta señora me expuso y el acoso duró días, incluso para mí que suelo llevarlo bien (porque estoy acostumbrada, es habitual para las personas trans, por desgracia) me generó muchísima ansiedad. Puede que no te maten directamente, asesinar esta feo, ¿pero empujarte al suicidio? lo van a intentar. Han pasado mi cuenta de Forocoches, los nazis me han amenazado de muerte, las tránsfobas me han amenazado de muerte… Empezaron a llegarme comentarios asquerosos en mi cuenta de Twitter donde promocionaba mi cuenta de LoverFans y tuve que cerrar la cuenta porque ya no me sentía segura”. 

“El problema es que la mayor parte de personas que están en el trabajo sexual no tienen alternativas mejor pagadas. Es un problema estructural: no tenemos una vivienda garantizada, ni la comida, la luz, el gas, el agua y necesitamos dinero para vivir. Se podrían tomar medidas para intentar que, efectivamente, los hombres no sientan que disponen de los cuerpos de las mujeres, porque lo jodido es que es real, la violencia misógina es una realidad brutal. Se podría hacer un plan de trabajo público, se podrían declarar los bienes básicos como bienes públicos. Se podría dar una educación sexual que eduque a los niños en que la misoginia no está bien, que sus compañeras no son diferentes de ellos, pero en su lugar el gobierno se limita a cerrar los clubes de alterne. Yo no tengo claro que reconocer el trabajo sexual en todos los aspectos (como trabajo no autónomo, porque como trabajo autónomo tiene que ser reconocido) sea lo correcto, no soy experta, pero desde luego la penalización a las trabajadoras sexuales no es la vía”.

Por si todo esto no fuera lo suficientemente complicado, la secretaria de Igualdad del PSOE y vicepresidenta primera del Gobierno, Carmen Calvo, anunció el pasado domingo 21 de marzo que su partido está trabajando en una ley para la prohibición total de la prostitución en España. En este país la prostitución no tiene una legislación concreta: no es ilegal pero tampoco está despenalizada para las prostitutas. El proxenetismo en teoría sí lo es, pero las ordenanzas municipales hacen que la mayoría de multas se las lleven ellas. En su comunicado, Calvo se declaró abolicionista, “No nos engañemos, hay trata porque hay prostitución. Si no hay prostitución, no hay trata” y aseguró que el plan buscará no solo “sacar a las mujeres de la prostitución” sino darles alternativas, “de verdadero trabajo, porque la prostitución no es trabajo, es una esclavitud”.