Si seguimos viajando en Ryanair acabaremos con el planeta mucho antes de lo que nos pensamos

La industria aérea en Europa produce un 26,3% más de emisiones de gases que hace cinco años

Tienes unos cuantos días libres y tu primer impulso es meterte en la página web de Ryanair para consultar qué vuelos baratitos salen desde tu ciudad. Míticas capitales europeas, preciosos rincones perdidos del viejo continente y, por qué no, alguna ciudad de la otra punta del país a la que también podrías llegar montado en tren. "El low-cost me está salvando la vida", piensas con regocijo. ¡Larga vida a Ryanair! ¡Y a Vueling! ¡Y a EasyJet! ¡Y a todas las que me cobren veinte euros por moverme cientos de kilómetros! Pero no está salvando nada. Todo lo contrario: están destruyendo nuestro planeta.

En concreto, y según datos publicados por la ONGTransport & Environment, las emisiones de carbono de las aerolíneas que operan en Europa aumentaron un 4,9% en 2018. Y hay un dato aún más escalofriante: el aumento fue del 26,3% si miramos los últimos cinco años, convirtiéndose así en una verdadera amenaza para el medio ambiente. De hecho, Ryanair tiene el dudoso honor de haberse metido este año en el ranking de los diez principales productores de dióxido de carbono de Europa, tal y como revelaba el último estudio de Transport & Environment publicado ayer en su web. Hasta ahora, solo había plantas eléctricas en esta lista, el ranking maldito.

¿Pero por qué Ryanair? ¿Por qué una aerolínea que presume precisamente de generar un 14% menos de emisiones de carbono por pasajero que cualquier otra gracias a la astuta táctica de embutir 27 asientos más en sus boeing 737-800? Pues por sus precios. Solo teniendo en cuenta los vuelos a España, Ryanair encabeza la lista, con 46,76 millones de pasajeros solo en 2018. El low cost ha triplicado el uso del avión desde 1990 en Europa. Escapadas aquí, escapadas allá... Nos hemos acostumbrado a pagar el precio de una cena para recorrer todo un continente. Incluso el precio de un café. Nos hemos acostumbrado al dulce sabor del low-cost. Y ahí juegan muchas aerolíneas, pero Ryanair es la reina. Nadie mueve tantos pasajeros ni realiza tantos vuelos.

Para Andreas Unterstaller, director de proyectos de Transporte y Medio Ambiente de la Agencia Europea de Medio Ambiente, estos precios son posibles porque no reflejan el verdadero coste del transporte aéreo. Según Andrew Murphy, gerente de aviación de Transport & Environment, las compañías deberían pagar impuestos sobre su queroseno, así como estar sujetas al IVA al igual que cualquier transporte. Los billetes reflejarían entonces su coste real y, claro, serían más caros. Menos escapaditas, pero un mejor planeta.

“Cuando se trata del clima, Ryanair es el nuevo carbón", concluye Murphy. Hasta entonces, nuestra responsabilidad es ser conscientes de los costes ambientales que tienen los vuelos y no dejarnos seducir por billetes a precios irrisorios que nos embarquen en viajes que podríamos haber realizado en transportes menos contaminantes. Lo que no pagamos nosotros, lo paga el planeta.