El primer parque natural del silencio está en la selva de Ecuador

El silencio es un bien natural que no valoramos lo suficiente: solo en Barcelona se detectan 600 muertes prematuras al año por el ruido. Este parque natural quiere concienciar y conservar este bien, cada vez más escaso

Cuando te adentras en este rincón de la selva amazónica sientes que el espacio ya no es dimensional, ya no hay ni lejos, ni cerca, todo está junto. Los monos, los insectos, los pájaros, los animales de río resuenan a tu lado con una fuerza que jamás habías imaginado. Todos están a cientos de metros de distancia, pero el silencio sepulcral que reina en esta selva es tal que el mínimo ruido retumba a tu lado con una potencia amplificada.

Es lo que sienten los afortunados que han visitado el Zabalo River, en Ecuador, una zona libre de humanos (los más cercanos son la tribu indígena Cofán y están a quilómetros de distancia) considerada el primer parque natural del silencio, un reconocimiento otorgado en 2019 por Quiet Parks International, una organización fundada en 2005 por el estadounidense Gordon Hempton, ecologista y ambientólogo cuya misión es preservar, no solo la fauna y flora que compone la biodiversidad, sino el silencio, un bien natural igual de importante (y escaso) que el aire limpio o el agua potable y que no siempre está presente en nuestras reivindicaciones ecológicas. 

"El 97% de los estadounidenses está expuesto a ruido por encima de los mínimos permitidos", asegura la organización en su página web. Además, la contaminación actústica no solo afecta a humanos, también a los animales: "los pájaros en las ciudades tienen que cambiar sus llamadas para adaptarse al ruido", "los arrecifes de coral en Australia también sufren estrés por el ruido de las embarcaciones y son más sensibles a depredadores", "incluso las plantas basan el crecimiento de sus raíces en base al ruido del agua subterránea, y el ruido altera el crecimiento natural". Aquí, quieren que la vida no cambie por nuestra ruidosa existencia, explica Hempton en un reportaje del portal estadounidense Vox. 

quietparks.org

Este problema de contaminación acústica no es solo de EE.UU, en España las pocas cifras que tenemos son igual de alarmantes. Solo en Barcelona, el ruido causa 600 muertes prematuras al año, denuncia El Periódico de Catalunya. No hay muchas más cifras nacionales porque, según El País, "España no cuenta con estudios a largo plazo" de los efectos del ruido en sus ciudadanos. El artículo, sin embargo, sí que menciona referencias a nivel europeo: en todo el continente hay "16.600 muertes prematuras, más de 72.000 hospitalizaciones y 13 millones de europeos que sufren trastornos del sueño por el sonido excesivo".

Los expertos consultados para el artículo afirman que la contaminación acústica es la gran olvidada en nuestro país a pesar de ser igual de grave que la contaminación del aire. "Los picos de exposición sonora incrementan los ingresos hospitalarios de forma similar a lo que hacen los gases procedentes de la combustión de los vehículos", detalla Julio Díaz, jefe del Departamento de Epidemiología de la Escuela Nacional de Sanidad del Instituto de Salud Carlos III. Los efectos del ruido están incluso relacionados con "enfermedades cardiovasculares, hipertensión, trastorno del sueño, bajo rendimiento, deterioro cognitivo, tinnitus o sordera, problemas del embarazo, obesidad y diabetes". Díaz prevé que, al igual que la sociedad se ha ido concienciando sobre los devastadores efectos en el cuerpo humano de los diferentes tipos de contaminación, la acústica será el próximo hot topic de la contaminación, ya que cada vez hay más visibilización y estudios de sus efectos.

Al igual que está sucediendo con los otros tipos de contaminación, la acústica también se ha reducido por la cuarentena, "hasta un 50%", aseguran en El Periódico. Los estudios apuntan a que el principal causante de esta contaminación es el tráfico, por eso las grandes avenidas, que a pesar de la cuarentena siguen recibiendo coches, siguen con niveles superiores a los estipulados por la OMS, los 53 decibelios: por ejemplo, Recoletos en Madrid o la Avenida Roma en Barcelona sobrepasan los 60 decibelios, a pesar de haber perdido mucho ruido desde el inicio del confinamiento.

Gracias a la reducción del ruido se están viendo algunos efectos de lo que sucedería si lo eliminásemos definitivamente: se oyen pájaros en Barcelona y Madrid, y en ciudades costeras como Valencia o San Sebastián están encontrando más actividad de cefalópodos, que no tienen miedo a aventurarse por la falta de vibraciones humanas subacuáticas. Es solo uno de los muchos motivos que llevaron a Hempton a crear la organización de parques naturales del silencio: la justicia animal, dejar que vivan sin miedo. Pero no solo eso, la tranquilidad que reporta en nuestro cerebro descansar de todo este ruido que que erosiona nuestras ciudades "se tiene que vivir", asegura.

Y por eso invita a todo el mundo a visitar, no solo el parque natural de Ecuador (que, desde finales del año pasado, acepta visitas guiadas para controlar el ruido), sino también los "rincones tranquilos" que ha ido estableciendo por todo el mundo, pequeñas áreas naturales que, aunque no llegan al tamaño de un parque, mantienen la tranquilidad. "Venid y escampad el mensaje", añade en su entrevista, "tenemos que recuperar el silencio".