No pidas la libertad sin aceptar antes que eres un esclavo

Para Henry David Thoreau la desobediencia es el primer paso para acabar con la opresión del Estado

El movimiento #blacklivesmatter ha demostrado recientemente que el racismo y la violencia estructural siguen existiendo en Estados Unidos, y ha ayudado a poner el foco de atención en tantos otros países en los que se siguen cometiendo abusos policiales o de poder hacia personas de según qué nacionalidad o procedencia. Esto ha generado una oleada de protestas de todo tipo por el globo que nos llevan a pensar en la capacidad de acción real que tiene una manifestación, y en la mejor manera que puede haber de hacer frente a un Estado cuando comete una injusticia. Y una buena ayuda para pensar todo esto es el filósofo norteamericano Henry David Thoreau y su texto “Desobediencia civil”.

¿Qué hacer frente a una injusticia?

El Estado es multifunción: protege, permite, oprime, violenta, se equivoca, ataca y defiende. Puede ser la figura a la que solicitar libertad y también el organismo que, de una forma u otra, se aprovecha de ti y te obliga a participar de algo en lo que estás totalmente en contra, ya sea la venta de armas, la opresión, la lucha armada o tantas otras opciones. Y esta es la crítica principal de Henry David Thoreau en su texto “Desobediencia civil”: él no quería formar parte de algo que consideraba como una injusticia, porque supondría ser parte del problema.

El texto fue escrito a mediados del siglo XIX, y se centraba principalmente en la injusticia que suponía que la esclavitud en Estados Unidos fuese algo que se sostuviese desde los propios gobiernos. El argumento de Thoreau era bastante simple: él no quería ser cómplice de ninguna manera de un Estado que fuese absolutamente injusto. Por lo tanto, se negó a participar y a colaborar como ciudadano con su gobierno, en su caso incumpliendo los pagos de los impuestos. Y poniendo en práctica un concepto que desarrollaría en profundidad, el de “desobediencia civil”.

¿Qué es la desobediencia civil?

Este concepto está detrás de las grandes protestas sociales y civiles del siglo XX. De Gandhi a Martin Luther King, fueron muchos y muchas los que utilizaron la desobediencia para enfrentarse a un modelo de Estado en el que no estaban representados o que cometía injusticias sistemáticas, ya fuese para luchar contra el racismo o la colonización.

La idea de desobediencia civil no implica violencia o insurrección. En principio Thoreau sería contrario al concepto de lucha o de un conflicto armado. Él lo que buscaba era que los individuos se negaran a participar de un Estado opresor e injusto. Es decir, entendía la desobediencia como el negarse a formar parte de un proceso que consideraba injusto; suponía incumplir la ley de forma pacífica para demostrar que uno no era siervo del Estado.

Individuo antes que ciudadano

El pensamiento de fondo tiene mucho que ver con cómo entendemos la individualidad y la ciudadanía. No hay que olvidar que ser ciudadanos de un Estado implica, de una forma u otra, ser súbditos de dicho Estado. Si se legislan una serie de normas o de reglas, tenemos que acatarlas, así que de alguna forma nos vemos coartados por ellas. Pero no solo eso, también participamos en ese sistema. Ya sea a través del voto, los impuestos o incluso siguiendo dichas normas que se nos imponen.

Lo que hace Thoreau es situar al individuo como algo previo al Estado. Uno, antes que ciudadano, es persona. Es decir: tiene una serie de valores, aptitudes, y una ética propia e independiente de las leyes de su país. Evidentemente, al vivir en democracia habrá muchas pequeñas decisiones con las que no estemos de acuerdo. Pero una cosa es tener otro punto de vista y otra es contemplar lo que no dudamos en afirmar que se trata de una injusticia, como era la esclavitud en su caso. Es ahí cuando hay que forzar movimientos de desobediencia. Porque desobedecer es negarse y no ser cómplice de una tortura, de una injusticia, de algo que consideramos inasumible.

Muchos filósofos se limitaron a hablar o a escribir sin participar activamente en su alrededor ni poner en práctica sus propias ideas. Ese no fue el caso de Thoreau. Su desobediencia siempre estuvo presente. Cuando era maestro, por ejemplo, le expulsaron del colegio porque se negaba a ejercer cualquier castigo físico sobre los niños de su clase. Y, posteriormente, se negó a pagar impuestos para no participar en un Estado esclavista, terminando en la cárcel. Estos gestos le añaden integridad pero también nos ayudan a pensar la posición que tenemos que adoptar con respecto a nuestras protestas. Cuando Thoreau estaba en la cárcel, Waldo Emerson, el famoso poeta norteamericano, fue a visitarlo. "¿Qué haces ahí dentro?”, le preguntó, “¿Y tú- contestó Thoreau- qué haces ahí fuera?”. Y es que una de sus frases más famosas decía que cuando un Estado es injusto, el lugar del hombre honrado es la prisión.

CN