Los microbios de las vacas podrían resolver la contaminación de los plásticos

Los microbios alojados en los estómagos de las 1.500 millones de vacas del planeta podrían ayudarnos a descomponer el plástico que producimos

Los cambios climáticos se han producido de manera natural desde que naciera nuestro planeta hace 4.543 miles de millones de años. Pero, a estas alturas de la película, nadie medianamente sensatx niega que la sociedad industrial de consumo haya acelerado dramáticamente la velocidad de ese cambio. Salvo los negacionistas con sus oscuros intereses. En cualquier caso, la triste realidad es que los seres humanos parecemos esforzarnos mucho en emitir más y más gases de efecto invernadero a la atmósfera. Están saliendo a montones de toda clase de tubos metálicos, pero también del culo de las vacas.

Y no es una broma. Tanto los eructos como los pedos de las vacas contienen metano, un "gas responsable de aproximadamente el 30% del calentamiento que ha tenido lugar desde la época preindustrial", según dicen desde el programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente. Ahora piensa que en el planeta actual, y como consecuencia de la ganadería industrial, existen 1.500 millones de vacas, cada una de ellas con sus buenas cantidades de eructos y pedos. Su contribución al cambio climático es innegable. Pero una investigación de científicxs austríacxs ha llegado a otra conclusión: las vacas podrían salvar el planeta.

Publicada en la revista especializada Frontiers in Bioengineering and Biotechnology, la investigación prueba que en el estómago de las vacas se encuentran algunos microbios capaces de descomponer los plásticos que producimos de manera masiva e inconsciente los seres humanos. En concreto, lxs científicxs sometieron los plásticos llamados tereftalato de polietileno (PET), adipato-co-tereftalato de polibutileno (PBAT) y furanoato de polietileno (PEF) a los microbios del rumen de vaca, una de las cámaras de su estómago. Y aunque tenían más problemas en descomponer el PET que los otros dos, los resultados son esperanzadores.

Después de todo, los gases de efecto invernadero y el cambio climático no son los únicos retos ambientales: la contaminación por plástico asola el planeta, especialmente algunos océanos y hábitats naturales. Y, en ese sentido, no podemos olvidarnos de la interconexión del mundo. La degradación de las especies y hábitats a causa de la intromisión del plástico tiene asimismo consecuencias en el contenido de la atmósfera y este, tal y como hemos sugerido, en la aceleración o no del cambio climático. Por esto los científicos llevan tiempo explorando nuevas vías de biodegradación del plástico, siempre tan difícil de subyugar.

En palabras de Sebastian Farnaud, profesor de bioinnovación de la Universidad de Coventry, en Inverse, "lo que demuestra este estudio es que el mecanismo de la digestión plástica es más amplio de lo que pensamos en realidad". De hecho, y como añade este especialista, los resultados de esta investigación "nos ofrecen la esperanza de encontrar otras enzimas, que es lo que secretan estos microbios, que puedan ser más eficientes incluso". Teniendo en cuenta que, según la Asociación Estadounidense de Ciencias, los humanos hemos generado 9.100 millones de toneladas de plástico desde 2050, realmente lo necesitamos.