"La LGTBIfobia invisible impide a muchas personas salir del armario"

El judoca olímpico Marc Fortuny abandonó el deporte por la homofobia. Aceptarse y salir del armario le dio la fuerza para volver y enseñar tolerancia a los más jóvenes. Historias como la suya nos demuestran la importancia de seguir reivindicando la igualdad de derechos real en el Orgullo LGTBI 2021. 

Cuando Marc Fortuny estaba en la selección española de judo no podía parar de fingir. Con veintipocos años y con el cartel de "joven promesa" quería ser uno más, y eso no solo le hacía esconder su homosexualidad, también participar él mismo en comentarios homófobos o machistas. Incluso, llegó a liarse con chicas que nunca le habían gustado. “Era un ambiente machista y bastante cerrado, con comentarios tipo: mariquita o nenaza. Nada bueno para mi proceso de salir del armario”, cuenta Fortuny, de 29 años, al recordar unas circunstancias que en 2015 le hicieron sentir que había “algo malo” en él y, finalmente, abandonar el judo profesional. No poder ser él mismo le había hecho odiar lo que más le gustaba.

Aunque pueda parecer que vivimos en un momento de gran tolerancia, la homofobia indirecta que sufrió Marc es demasiado habitual en nuestra sociedad. En pleno 2021 todavía estamos lejos de la igualdad real en el mundo del deporte, el entorno laboral, nuestros círculos sociales, la calle o el ámbito familiar. Es por ello que la red social Badoo; junto con la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Trans i Bisexuales (FELGTB); han lanzado una encuesta con motivo del Orgullo LGTBI 2021. La idea es medir hasta qué punto la ciudadanía española es capaz de empatizar plenamente con las reivindicaciones de las personas LGTBI y, además, si está dispuesta a exigir que los miembros de esta comunidad tengan lo que siempre han merecido: los mismos derechos reales que todxs los demás.

¿Realmente somos una sociedad LGTBIfriendly?

Y decimos reales porque la triste realidad es que los datos confirman que todavía no somos un país suficientemente LGTBIfriendly. Según la Agencia Europea para los Derechos Fundamentales, el 30% de las personas LGTBI aún no se sienten libres para salir del armario en el lugar trabajo. Una realidad que confirma el propio Marc: lo escondió durante su paso por la selección española de Judo y en el polideportivo donde siempre ha entrenado en la localidad catalana de Sabadell. Tras recorrer junto a él las decenas de tatamis verdes y amarillos y el gran espejo donde se miró tantas veces, Marc explica lo mucho que se arrepiente de no haber sido capaz de dar antes el paso, de mostrarse como realmente es sin miedo al qué dirán.

“Horrible. Fue horrible pasar cinco años fingiendo. Me estuve castigando por algo por lo que nunca debería haberme castigado”, recuerda sobre el peso de vivir oculto que le dejó secuelas dentro y fuera del deporte. “¿Cómo quieres ser un campeón si no te aceptas?”, reflexiona consciente de que la caída de su autoestima hizo que llegara a olvidar quién era realmente. “Creer que los míos (familia, amigos o compañeros del judo) me rechazarían, me creó muchas inseguridades. Pero por suerte, cuando salí del armario algo cambió, aprendí a quererme bien”, resume. Por suerte, Marc aprendió el grandísimo valor de ser fiel a lo que nos mueve, nos hace sentir vivos o nos da la libertad de amar.

Salir del armario: una liberación

El punto de inflexión del judoca para tomar esa gran decisión llegó en 2018 —cuando ya llevaba tres años alejado de las competiciones por el ambiente homófobo que sufrió en silencio — tras leer el libro del exfutbolista americano que había salido del armario en 2013, Robbie Rogers. Por fin había encontrado el referente que tanto le había faltado. Ya nada le frenaba para volver a los tatamis a disfrutar de ese deporte que, a pesar de todo, le había dado “los mejores momentos” de su vida. Sin embargo, cuando se supo que su alejamiento se debió a la homofobia su historia se meditizó. “El primer artículo que leí sobre mi decisión de volver fue algo dramático. Me presentaban como un pobrecillo y yo no quería eso, quería transmitir empoderamiento”, señala.

Afortunadamente, la respuesta no fue de lástima, sino de apoyo por parte de clubes por los que había pasado y de compañeros que le llamaban “valiente”. También le escribieron padres de los niños a los que entrenaba trasladándole unas palabras que, ahora, recuerda emocionado: “Estoy contento de que mi hijo tenga un referente como tú”. Por aquel entonces esos elogios no le hicieron luchar más por el judo profesional. Consideraba que ya lo había dado todo. Pero sí que apostó por seguir haciendo del deporte un espacio más inclusivo.

Educar en el respeto para prevenir la LGTBIfobia

“Preguntaba a mis alumnos: ‘¿Te gusta alguien?’ O, ‘¿tu pareja es niño o niña?’ No quería que nada les hiciera sentirse diferentes o menos(…) Me afectó que de pequeño me preguntaran qué niña me gustaba o que siendo más mayor me preguntaran por mi novia”, comenta el judoca dejando clara la necesidad de implementar una educación no heteronormativa que puede salvar a muchos jóvenes de autorechazarse o sufrir bullying. Así lo manifiesta una investigación de 2019 de FELGTB, que reveló que casi el 60% de la juventud trans había sufrido transfobia en la escuela y que, por tanto, es crucial que haya más referentes, profesores o, simplemente, personas como Fortuny.

Y decimos que resulta crucial porque las agresiones directas sobre las personas LGTBI siguen demasiado presentes en nuestras ciudades y pueblos. La FELGTB subraya que el 41% de españoles LGTBI han recibido insultos, amenazas o persecuciones en los últimos años y que el 55% de los delitos no se denuncian. Y lo peor es cuando el odio se traduce en agresiones físicas. Sin ir más lejos, el fin de semana del 29 de mayo se denunciaron en Barcelona seis ataques LGTBIfóbicos y, el pasado marzo, un joven de 18 años fue apaleado en Madrid por su familia al reconocer su homosexualidad. Se trata de una realidad que para Marc “duele y se debe detener ya”, del mismo modo que también deberían extinguirse comentarios y actitudes que aún están muy arraigados y que, aún siendo invisibles, hacen mucho daño.

“¿Qué quiere decir: ‘mariquita el último’? ¿Por qué hay chicas que me dicen: ‘Que lástima que seas gay’? ¿Por qué a veces debo justificar mi orientación sexual?”, sostiene al hablar de una microLGTBIfobia que, junto con la LGTBIfobia más feroz, debería ir desapareciendo a través de la educación en la diversidad sexual en las escuelas y llenando el imaginario colectivo de más referentes LGTBI. “Habrá que visibilizar mínimo 1.000 veces más para que todo el mundo entienda que ser LGTBI no te hace mejor ni peor profesional y que, obviamente, no hay nada malo en ello”, que todas las formas de sentir siempre han sido igual de válidas y que el problema no es del que ama, sino del que no ve el amor. Así que sí, hagamos que esto siga siendo amor. Para que nunca nadie vuelva a sentirse mal por hacer lo que ama junto a la persona que ama.