Ni te imaginas el dolor que sufrió el pollo que compras en el supermercado

Viven tan mal y crecen tan rápido que sufren hipertrofia muscular, fracturas de las patas, incapacidad para respirar, pododermatitis, deformidades, problemas cardiovasculares y muchísimas más enfermedades

La carne de pollo que compras en el supermercado viene de aves hinchadas, obligadas a crecer hasta su límite, unos 2,2 kilos. Y todo para que los bebés crezcan lo más rápido posible y puedan enviarlos al matadero en un periodo de 41 días desde su nacimiento. En total, los pollos crecen un 300% más de lo que deberían. Para entender mejor la magnitud de esto: si fueran bebés humanos, sería un niño de dos meses que pesaría 300 kilos, como explica un reportaje de El Español con datos de la revista Poultry Science.

Por supuesto, este crecimiento anormal de los animales supone que vivan en condiciones ínfimas en las granjas. Sufren hipertrofia muscular, fracturas de las patas, incapacidad para respirar, pododermatitis, deformidades, problemas cardiovasculares y muchísimas más enfermedades. Muchos mueren por esto y ni tan siquiera llegan al matadero.

La ONG Equalia ha conseguido imágenes de criaderos españoles de pollos broiler, cobb y ross (razas modificadas genéticamente para que puedan engordar mucho más rápido). En las imágenes aparecen pollos tumbados porque no pueden mantenerse de pie debido a su peso extremo, “lo cual les genera problemas físicos y malformaciones en las patas, así como enfermedades al entrar en contacto permanente con la 'cama', impregnada de sus propios desechos”, explica el artículo.

El reportaje denuncia que hay otros pollos, las razas de crecimiento lento, que están, como mínimo, 56 días siendo criados, lo cual supone menos deformaciones y enfermedades y, por lo tanto, menos antibióticos (que también son perjudiciales para ti). Según Equalia, si quieres evitar este tipo de pollos, no compres huevos y otros productos de código 3. Además, hay muchas voces pidiendo que se prohíban este tipo de prácticas de crianza, como sucedió recientemente en Francia que la presión popular y diversas ONGs animalistas lograron que se prohibiera triturar bebés de pollo vivos para hacer esos nuggets que tanto te gustan, una medida que aquí estamos lejos de plantearnos.

De momento, este tipo de granjas están permitidas según la normativa europea. Pero el coste de esta carne de pollos hipertróficos y hormonados “lo pagamos con nuestra salud, la de los animales y la del medio ambiente”, explica a El Español la portavoz de la ONG, María Villaluenga. Como consumidores solo nos queda ser conscientes de qué compramos, mirar los códigos para asegurarnos de que nos llevamos un pollo más sano y presionar a nuestro Gobierno para que legisle acorde a las sensibilidades actuales, como tantos otros países están empezando a hacer.