Los gays no podemos besarnos por la calle sin miedo a que nos agredan

Las agresiones LGTBIfóbicas aumentan año tras año. Solo en Cataluña, han subido un 44% respecto al 2018 y en Madrid la tendencia es la misma

Se había acabado la cita, era hora de irse de casa. Nos despedimos con un beso, pero a lo lejos, un grupo de unos ocho hombres no nos saca el ojo de encima y se nos acercan. Cruzo el paso de peatones y mi acompañante se va hacia su moto. Mientras saco el candado de la bici, veo cómo lo rodean. Se dividen en dos grupos, pasando de cerca de él, unos a la derecha y los otros a la izquierda. Se me encoge el corazón, me pongo rojo, nervioso, y ya me veo en el hospital tras recibir una paliza. Pero no le dicen nada y pasan de largo.

Respiro y me siento absurdo y paranoico porque no ha sucedido nada. Me acerco y le pregunto si está bien. Me dice que sí, que él también ha pasado miedo y que no es la primera vez en lo que va de noche. Que en un banco, mientras nos besábamos, un señor se nos acercó, sin despegar su mirada de nosotros, como si fuera a decirnos algo, pero que acabó pasando de largo. De nuevo, respiró con calma cuando al fin se fue. También se había sentido algo ridículo al pensar que iba a pasarnos algo y al final se quedara solo en un susto.

Pero no es una paranoia. Las personas LGTBI vivimos con miedo, un terror similar al de las mujeres que corren con las llaves en la mano cuando vuelven de fiesta, huyendo del peligro, creyendo que las calles no son seguras, alimentadas por todos esos casos en los que otros pensaron que la sensación era pura paranoia y finalmente no lograron llegar a casa.

Cada vez que noto que me miran en el transporte público cuando voy acompañado pienso en aquellas chicas lesbianas que fueron agredidas en un bus de Londres en junio pasado. O cuando voy vestido de forma menos normativa, me acuerdo de aquel chico que fue insultado y agredido en un McDonald’s de Barcelona en fechas cercanas al Orgullo. O cuando es de noche y camino hasta mi casa, visualizo a la Drag Queen que fue apaleada de madrugada en Madrid y que acabó perdiendo un ojo.

Son solo tres casos que se suman a las terroríficas estadísticas sobre agresiones al colectivo LGTBI. El presidente del Observatorio contra la homofobia de Cataluña, Eugeni Rodríguez, denuncia “un aumento del 44% de las incidencias registradas por el Observatorio, en comparación con 2018”. En total, 161, la mayoría en Barcelona. En Madrid la cifra es superior. Aunque el Observatorio Madrileño contra la LGTBfobia todavía no ha cerrado estadísticas del 2019, tiene las del 2018: 345 (es decir, casi una agresión al día en la región), 24 más que en 2017. El número de 2019 se prevé que también esté al alza respecto a años anteriores.

La mayoría de agresiones se han dado de noche en el transporte público, y no solo afectan a las personas LGTBI. Incluso parejas e individuos heterosexuales han sido agredidos al ser confundidos por personas del colectivo. Los datos recogidos por los Observatorios avalan que la LGTBIfobia afecta a todos.

Estos datos tan altos se deben a dos factores: el discurso de ultraderecha al que se está dando rienda suelta y, por otro lado, la visibilización y concienciación que impulsa a que más personas denuncien las agresiones. Yo, por ejemplo, hace cosa de cinco años fui agredido en el metro. Iba con mi pareja, nos paró un hombre con violencia y, agarrándonos, nos dijo que ojalá nos muriéramos. No llegó a pegarnos, pero sí que hubo contacto físico. No pensamos en denunciarlo, pero hoy en día, sin duda, lo habría hecho.

Aunque con los avances en materia LGTBI parezca que la homofobia está desapareciendo y que muchos discursos y violencias estaban superadas, nada está más lejos de la realidad. La homofobia que oímos en muchos discursos de políticos tiene una incidencia real en la calle, donde quienes nos discriminan se sienten legitimados para agredir a aquellos que escapamos de la heteronormatividad.

Y esto no hace más que crear calles inseguras y llenarnos de rabia y frustración porque, cada vez que tienes un susto y ves que no querían hacerte nada, te sientes paranoico y exagerado, pero no puedes evitar pensar en esas veces que sí que te hicieron algo. O en esos amigos, conocidos o noticias que demuestran que no estás montándote una película, sino que la violencia es real. La LGTBIfobia sigue al alza y los datos lo avalan, aunque muchos no quieran creerlo.