Decorar tu casa con plantas exóticas se está cargando el ecosistema

La debilidad de las leyes y la falta de protocolos europeos para regular el transporte de plantas está permitiendo que lleguen enfermedades exóticas a los bosques españoles, empeorando los efectos del cambio climático en nuestro ecosistema

No importa cómo sea tu casa. Vivas en la típica casa andaluza de paredes blancas, o en un piso burgués de Barcelona con sus clásicos suelos de cerámica y paredes terrizas, o en una casa de piedra en el Pirineo aragonés, hay un elemento de decoración que es universal y que siempre queda bien: una plantita. Sobre una repisa, en una estantería, colgando del balcón o en el suelo, seguro que tienes una.

Son inofensivas y hasta beneficiosas, ¿no? Al fin y al cabo, siempre va bien hacer más verdes nuestros hogares. La respuesta, sin embargo, es que depende. Hay plantas que pueden causar graves problemas para la salud humana y vegetal, entre otros muchos. En concreto, muchas de las plantas decorativas que compramos (cuyo único objetivo es hacer bonitos tus muebles de Ikea) son especies exóticas invasoras que traen enfermedades que matan nuestros árboles y bosques.

“Estos vegetales son potenciales portadores de hongos, bacterias e insectos que pueden comportarse como agentes muy nocivos para las masas forestales. No ha existido una coevolución previa con el hospedante, por lo que este no ha desarrollado mecanismos de defensa, y no existen enemigos naturales que mantengan el equilibrio”, explican los investigadores en salud forestal Jorge Martín y Julio Javier Díez.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Los ejemplos más comentados son la grafiosis del olmo, que causó la desaparición masiva de los olmos y olmedas de España, y el chancro del castaño, que aún hoy provoca que este árbol autóctono tenga muchos problemas de supervivencia. A estas plagas, si sumas el cambio climático, tenemos unas condiciones cada vez más adversas para las especies autóctonas.

En cifras: la Unión Europea importa plantas por un valor cercano a 300 millones de euros anuales. Provienen, principalmente, del este de África, Centroamérica y Asia. Se calcula que estas exportaciones han traído 1.300 especies exóticas que están invadiendo las autóctonas, provocando unas pérdidas de 12.000 millones de euros anuales (porque perdemos madera y otros materiales naturales además del dinero que cuesta combatir hongos, plagas, enfermedades y reforestación).

España, además, es uno de los países europeos con mayor presencia de enfermedades exóticas, porque recibe muchas importaciones que vienen de Asia por el Mediterráneo y América vía Atlántico. Los dos expertos afirman que la situación de los bosques es muy frágil y que no se denuncia demasiado.

Más allá de intentar comprar vegetación local para evitar riesgos, "los consumidores deben tener en cuenta estos problemas y transmitir su preocupación a productores, viveristas y políticos", recomiendan. La UE tiene muy pocas regulaciones en cuanto a importación vegetal, faltan leyes, protocolos una vez se detecta una nueva plaga y, sobre todo, ganas e intención de combatirlo, denuncian Martín y Díez. Por lo tanto, esta ineficiencia europea para regular el transporte de plantas está permitiendo que lleguen amenazas exóticas a los bosques españoles, empeorando los devastadores efectos del cambio climático en nuestro ecosistema.

Pero, ¿por qué no se habla tanto como se debería de esta pérdida de bosques y plantas por el comercio vegetal? Porque, a pesar del problema de la importación de especies foráneas y de las plagas que comportan, en Europa la superficie forestal ha crecido. Entonces, ¿cuál es el problema? Que las plantaciones que sustituyen a las áreas afectadas no tienen tanta diversidad. Es decir, donde debería haber robles, castaños y olmos, hay un bosque de pinos, por ejemplo. Tenemos más bosques, pero menos biodiversidad y, por lo tanto, menos ecosistemas que permitan a todos los animales (nosotros incluidos) sobrevivir.