La crisis de la heroína ha provocado un mercado de adopción de adolescentes en EEUU

El gobierno ha lanzado una campaña para concienciar a los posibles padres de lo necesario que es darles una segunda oportunidad

Como cada semana, nos llega la newsletter de Pitchfork, pero hoy, lo que más nos ha sorprendido ha sido un anuncio al final del correo: "adopt a teen", decía el recuadro. Todo el mundo sabe que los adolescentes son los menores más difíciles de colocar en una familia de adopción que todo lo que desea es tener un hijo lo más pequeño posible, que con suerte haya olvidado los traumas por los que ha pasado y que pueda empezar su vida de cero, de la forma más "normal" posible. Que sea uno más de la clase.

Pero en Estados Unidos, según cuentan en el link que aparece en el mail, hay muchos adolescentes en centros de acogida en busca de una familia, a consecuencia, claro, de la crisis de opiáceos que deja 100.000 muertos al año y 192 al día. "Busco un lugar al que llamar casa y una familia que me entienda y me acepte", dice Axis, de 14 años. "Cada noche, cuando me acuesto, me pregunto: ¿seré adoptado mañana?", expone Bruce, de 15. "Ser adoptado significará que tendré a alguien que siempre esté ahí por mí", apunta Caleb, de 16. Cada una de estas citas aparece acompañada por una foto de los menores, que sonríen con tristeza.

Caleb, por ejemplo, aparece abrazado a un caballo. Es blanco caucásico, tiene 16 años, está en el estado de Dakota del Sur y su número de caso es el 7260151763. Su perfil fue actualizado por última vez el 28 de mayo de 2019. Su foto, el 4 de junio del mismo año. "Nació en 2003, quienes conocen a Caleb lo describen como inteligente, atento, educado y muy divertido. Este joven afable y enérgico es un gran trabajador. Es confiable y siempre dispuesto a ayudar con lo que haga falta...". La descripción sigue otros dos párrafos. Si no te convence, puedes hacer swipe.

La siguiente es Cheyana, tiene 17 años, vive en Misuri y también es blanca/caucásica. "¡Cheyana es una joven creativa y honesta!", empieza la descripción que acompaña su foto, donde aparece también con una sonrisa resignada, media melena negra y ojos también negros. En la página oficial de adopciones de Estados Unidos aparecen las fichas de 30 niños, pero hay miles. En septiembre de 2018 había 437.000 niños esperando ser adoptados en Estados Unidos, 30.000 más que cinco años antes, según datos oficailes del Children's bureau. El 33% de los menores de los centros de acogida, muchos de ellos huérfanos, son hijos de padres adictos a las drogas.

Solo este año, 20.000 jóvenes abandonarán las casas de acogida porque se habrán convertido en mayores de edad sin haber encontrado una familia. Esto los expone a un mayor riesgo a la indigencia, a ser padres precoces, a tener menos oportunidades de educación, más desempleo y, en general, a una vida peor que quienes se hacen adultos con un entorno familiar estable, explica la misma página web, citando varios estudios.

"Estamos intentando apagar el fuego tratando de frenar las muertes por sobredosis, pero no nos hemos preocupado de atender otros problemas, y el más importante es el de los niños", dice a la American Psychological Asociation John Kelly, psiquiatra experto en adicciones de la Harvard Medical School. Como advierte la agencia de adopción, atender a los menores es una forma de prevenir una nueva tanda de jóvenes adultos sin redes, sin oportunidades y sin futuro.