Por qué somos conscientes del horror de los mataderos pero seguimos comiendo carne

Mientras las ‘3 N’ del carnismo sostienen que comer carne es normal, natural y necesario, en España se matan 1.700 animales cada minuto

Hemos crecido viendo al Pato Donald y a los Tres Cerditos, acariciando conejos y, sin embargo, permitimos que la industria cárnica tenga unos procesos de producción abominables para el bienestar animal. El hecho es que, aunque cada vez hay más información sobre el tema, muchos no dan el paso de dejar de consumir carne, ni siquiera de reducirla. Aunque la empatía hacia los animales hace que podamos cuidarlos e incluso quererlos, no evita que según Greenpeace cada minuto se sacrifiquen 1.700 animales para su consumo en nuestro país . Pero lo más injusto no es su muerte, sino su vida: la mayoría habrán sido maltratados, amontonados en espacios reducidos, estresados, mal alimentados, mutilados y atiborrados de antibióticos. Y al final del trayecto, un toquecito de aceite y que aproveche.

Es por ello que no está de más analizar qué factores en tu vida te han hecho normalizar esta dinámica que tan lejos está de los cuentos de Disney. "Cuando algunos niños ven en la televisión a animales con sentimientos y de repente les pones el mismo animal en el plato de la mesa, no quieren comérselo", cuenta el antropólogo Pablo Herreros, autor del libro Yo, mono, "porque ellos son mucho más coherentes". Según Herreros, estos niños todavía no han recibido los estímulos culturales que les dicen que se pueden comer a animales que podrían haber sido sus amigos.

Si en tu caso no recuerdas que en algún momento te pareciera incoherente estar comiéndote a Tambor o a la gallina de Chicken Run es porque ya te habían socializado en el carnismo. Este sistema de creencias se basa en la desinformación y los intereses de la industria para justificar un consumo excesivo de carne, repitiendo hasta la saciedad lo que la psicóloga Melanie Joy llama las 'tres N': que comer carne es ‘normal‘, ‘natural’ y ‘necesario’.

‘Normal’

Aïda Gascón, directora de Anima Naturalis España, cree que desde pequeños “nos empiezan a ejercer presión a nivel cultural, desde la familia hasta los médicos, la televisión o la escuela, que nos fuerza a romper con esa empatía natural que tenemos desde pequeños". Así, si tus padres te dicen que comerte a tus potenciales amigos es correcto y a tu alrededor lo hacen todos, lo acabas normalizando. Este proceso lo acompaña la habituación, un proceso por el cual la respuesta a un estímulo repetido es cada vez menos intensa. La falacia que nos contamos a nosotros mismos desde entonces es que si se ha hecho desde siempre y lo hacen las personas que respeto y quiero, "tiene que ser correcto".

Así que nos guste o no, nos pasamos la vida normalizando la crueldad. La psicóloga Victoria Lacalle nos explica que tenemos un mecanismo de defensa llamado “disociación”, mediante el cual dividimos la realidad en dos. Para evitar la culpa, separamos la persona que quiere a Peppa Pig y acaricia cabritas, de la que se come un chuletón. De hecho, el carnismo se lleva de maravilla con el especismo, una ideología que otorga más valor a una especies que a otras y, por supuesto, sitúa al humano en la cima de la pirámide. Desde la escuela te dan a entender, con cuentos de animalitos de granja felices, que hay seres que no existen por derecho propio, sino para satisfacer a los humanos.

‘Natural’

Por si eso no te lo tragas, llega la segunda ‘N’: la idea de que comer tanta carne es natural, porque ya cazábamos en la prehistoria. Aunque empezar a comer animales tuvo un papel importante en la evolución de nuestros antepasados, su dieta seguía basándose en los vegetales, las legumbres y los frutos secos, muy lejos del nivel actual de consumo de carne. De todas formas, puestos a comer, tanto los neandertales como los homo sapiens cometieron canibalismo y, en cambio, hoy no dirías que el canibalismo sea 'natural'. Y lo que desde luego no es natural son las retorcidas condiciones en las que viven los animales de producción intensiva antes de llegar a tu plato. Esta realidad ha quedado retratada en documentales como Empatía o Matadero, entre muchos otros.

Para acabar de rematar al argumento de lo biológico, piensa que si comer animales hoy en día no fuese un constructo cultural, no te parecería tan aberrante que en China o Vietnam coman perro mientras que tú haces barbacoas de ternera, el animal que 1.000 millones de hindúes consideran sagrado. No olvides que las normas y costumbres del grupo al que perteneces te pueden llevar a banalizar cualquier mal, y de hecho, según Herreros, este mecanismo de desconexión no lo usamos solo a la hora de comer, sino que "la xenofobia y las situaciones de guerra tienen mucho que ver con ese bloqueo de la empatía".

Por eso, aunque quizás nunca le darías una patada a un perro, sales del supermercado con carne de producción industrial y no lo relacionas con el maltrato animal (así como compras una camiseta nueva de fast-fashion y no lo relaciones con la explotación laboral). Además, Victoria Lacalle nos explica que para dar prioridad al placer, queremos evitar pensar en esta realidad, y por eso la mayor parte de gente que come carne te pide que no le enseñes vídeos de maltrato y que no les des la chapa con el vegetarianismo.

Pupa

‘Necesario’

Seguro que te suena lo de que "si no comes carne no vas a crecer". Llegamos a la ‘N’ más absurda: que la carne es absolutamente necesaria para vivir. Lo que necesitamos son proteínas, pero las podemos obtener del tofu, el tempeh, el seitán, las legumbres, los frutos secos o la quinoa, entre otros. De cualquier forma, si lo que queremos s tomar carne moderadamente (la mayoría de médicos te dirán que eso significa un par de veces a la semana), tampoco es ‘necesario’ que haya maltrato durante la producción si sabemos de dónde proviene, consumiéndola ecológica y orgánica.

Pero no basta con comer ecológico si los españoles seguimos consumiendo al día más del doble de la cantidad máxima recomendada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), según el Ministerio de Agricultura. Este consumo desorbitado perjudica directamente tu salud al reducir la ingesta diaria de fibra vegetal, sobrecargando el hígado y el riñón y aumentando las probabilidades de tener una enfermedad cardiovascularAdemás, comer tanta carne disminuye el efecto que los antibióticos tendrán en tu organismo, porque como ha alertado la OMS, la producción masiva atiborra a la ganadería con estos fármacos.

Aunque los críticos del carnismo partiesen de la base del "vive y deja vivir" (en este caso, "vive y deja matar") el carnismo no solo afecta a los animales y a tu salud, sino que perjudica enormemente al medio ambiente. La producción ganadera es la responsable de la emisión del 18% de los gases invernadero que causan el calentamiento global, más que los coches, los aviones y el resto de formas de transporte juntos. Además, es la causa del al menos un 70% de las tierras deforestadas en la Amazonia.

Es muy probable que dentro de algunas décadas los historiadores se pregunten cómo podíamos ser tan cafres, con la tecnología que ya tenemos, de seguir torturando y contaminando animales para alimentarnos, pudiendo fomentar alternativas sostenibles (como las que propone el documental Demain). El cambio depende de ti, y solo con reducir tu consumo de carne ya estarás haciendo mucho. Qué dices, ¿te lo plantearás o seguirás tirando de las 'tres N'?