Científicos LGTBI salen del armario para denunciar la homofobia en la ciencia

500 Queer Scientists reclama un enfoque menos heterocentrista en la ciencia y que las instituciones incluyan a personas con diversidad sexual y de género

Cuando se viralizó la noticia de unos pingüinos gais en un zoo de Alemania, los medios lo cubrieron entre la burla y el chiste. Este fenómeno requería un estudio y atención biológicos que no recibió por la forma heterocentrista como entendemos el mundo. Como destacan en el blog Ciencia LGTBIQ, “lo que un día fue carne de noticias ridículas sobre pingüinos gais en un zoo alemán era producto de una mirada demasiado heterocentrista a la conducta social de los animalitos”. No hubo un tratamiento veraz sobre el rol social que las parejas gais cumplen en las comunidades de pingüinos ni ningún interés en tomarlo en serio. 

Este heterocentrismo se debe a quién ostenta el poder en la ciencia: hombres heterosexuales, cisgénero y blancos. Son ellos los que imponen qué es lo que se trata, cómo y por qué. Para combatirlo, el científico LGTBI Javier Armentia presentó en Naukas 2018, una sesión de charlas sobre ciencia y su divulgación, la campaña 500 Queer Scientists, una red de testimonios muy similar al #MeToo y al #MeQueer, que tiene por objetivo dos vertientes: por una parte, visibilizar los científicos LGTBI y tejer una red de sororidad entre ellos, y por otra, promover una ‘ciencia queer’, como la califica Armentia.

Esta ‘ciencia queer’ es un desafío a la heteronormatividad. No solo porque visibiliza a los científicos LGTBI sino porque, además, añade la perspectiva queer al conocimiento científico. Un claro ejemplo es el de los pingüinos gais y toda la ignorancia que rodeó la noticia. Otro de los casos que resalta la importancia de pasarle el filtro arcoíris a la ciencia es el uso de la desinformación científica que hacen algunos medios y organizaciones para promover una agenda conservadora y discriminatoria.

Para ilustrar, Armentia planteó el ejemplo del polémico autobús de Hazte Oír que, bajo la excusa de la biología, hacía proclamas transfóbicas. “Faltan voces que digan: ‘oye, la ciencia no dice estas cosas’. Hay que hablar de una ciencia queer”, reclamó Armentia. Así pues, crear una ciencia más inclusiva, que escuche a mujeres y colectivos sexuales o étnicos minorizados, no hace más que enriquecer la investigación, porque colisionan más puntos de vista dispuestos a explorar nuevos terrenos bajo una óptica diferente.

Por otra parte, 500 Queer Scientists también trabaja para crear una alianza de sororidad queer. La necesidad de este proyecto se explica con las cifras que envuelven al colectivo en los ambientes científicos. Por ejemplo, entre un 25 y 40% de personas LGTBI sufren discriminación y rechazo laboral en el mundo de las ciencias médicas. O, por poner otro ejemplo, en la educación de las STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) las personas que pertenecen a minorías sexuales y de género tienen las tasas más altas de abandono, en parte por el bullying, el acoso y el maltrato.

Estas plataformas y estas voces a favor de la ciencia queer salen principalmente del mundo anglosajón. En España hay un gran déficit de visibilidad LGTBI en las instituciones académicas y científicas. Según un estudio de Armentia, mientras que la gran mayoría de centros en Estados Unidos tenían comités y organizaciones que se preocupaban por los asuntos LGTBI de sus inscritos y empleados, en España no encontró ninguna organización que tuviera una sección destinada a investigar y profundizar en las minorías sexuales y de género. Como dijo Armentia, “todavía queda mucho por hacer”. Y quizá con estas plataformas, muchas personas puedan alzar su voz para conseguir auténticos cambios.