Cazadores furtivos perpetran la mayor matanza de elefantes de la historia

El boom de la caza furtiva en Botsuana durante los últimos tres meses es consecuencia directa del desmantelamiento de las unidades anticaza por parte del nuevo gobierno del país

Las áreas salvajes de Botsuana son hogar de más de 135.000 elefantes, la mayor población de este hermoso y majestuoso animal de todo el planeta. Hasta ahora su protección frente a cazadores furtivos había estao garantizada por la unidad anticaza del gobierno estatal. Botsuana era tan segura para estos paquidermos que escapaban de países vecinos como Angola, Namibia o Zambia para refugiarse ahí. Pero abril trajo consigo una triste noticia para estos animales: Mokgweetsi Masisi ganaba las elecciones presidenciales y, solo un mes después, destruía la unidad anticaza. De momento, 90 elefantes lo han pagado con su vida, según difunde la BBC.

Así lo ha denunciado Elephant Without Borders. La oenegé está realizando, junto al Departamento de Vida Silvestre del país africano, el censo aéreo anual de elefantes. Y los datos son descorazonadores: los cazadores han perpetrado durante los últimos tres meses la mayor masacre de elefantes de la historia. "Cada día estamos contando elefantes muertos. Acabo de regresar de volar NG42, probablemente el área más remota y aislada de Botsuana, y allí hemos contado 6 cadáveres. Estoy asombrado, completamente anonadado. Es la caza furtiva más grande que he visto o leído en cualquier lugar de África", cuenta Mike Chase, portavoz de la ONG.

Las motivaciones de esta práctica, tan estúpida como despiadada, son de sobra conocidas: arrebatarles a los elefantes el marfil de sus cuernos para complacer la demanda de adornos de marfil de Asia. Bajo estas intenciones han sido saqueados casi hasta la extinción las poblaciones de elefantes de países vecinos como Angola o Zambia. Los expertos calculan que una tercera parte de los elefantes africanos fueron asesinados durante la última década. Los rinocerontes blancos también sufren la codicia humana. La desesperación ha llevado a varios países a sustraerle los cuernos para que dejen de ser blanco de la caza ilegal.

Medidas polémicas para una crisis histórica. Desde Elephants Without Borders, mientras tanto, reclaman que gobiernos, empresas y organizaciones no gubernamentales colaboren juntas para combatirla: “Botsuana siempre ha estado a la vanguardia de la conservación y confío en que el presidente Masisi defenderá nuestro legado y abordará el problema rápidamente. La acción conjunta de todas las partes interesadas en la industria turística y en las oenegés es ahora crítica y vital”, manifiesta Chase. Botsuana representa el último santuario de elefantes del mundo. Y lo están destruyendo por unos cuantos miles de euros.