La razón por la que miles de elefantes son explotados en el Sudeste Asiático

Es un poderoso reclamo turístico en casi todo el Sudeste Asiático y muchos occidentales se dejan contagiar por el exotismo de su imponente estampa. Porque, disfrutar de los increíbles paisajes de Tailandia es ya de por sí una experiencia mágica, pero tal vez lo es más si se hace subido a lomos de un elefante. Aunque conviene pensárselo dos veces. Según, la última campaña de la ONG World Animal Protection  en la actualidad más de 3.000 elefantes son explotados y sometidos a duros adiestramientos con el único propósito de provocar el deleite de los turistas.

Los datos del estudio te parten el corazón: el 80% de estos animales son golpeados sistemáticamente, separados de sus madres y obligados a 'trabajar' durante largas jornadas sin comida ni agua suficientes. Por eso, la institución quiere despertar la conciencia de los turistas y apuesta por reducir las actividades lúdicas que impliquen el 'uso' de animales. Alertan de que estas actividades ponen en serio peligro el equilibrio de la población salvaje de esta especie, cada vez más perseguida. Marca como objetivo prioritario la protección de, al menos, 1.500 elefantes antes de 2020, y pone el foco sobre varios países que se han erigido como los destinos más populares: Tailandia, Laos, India, Nepal, Sri Lanka y Camboya. 

Además, World Animal Protection se ha propuesto implicar a los propios gobiernos y empresas turísticas, aunque entiende que esta segunda vía tal vez sea más complicada. En colaboración con TUI Care Foundation, organización centrada en la promoción del turismo responsable, pretenden "promocionar los lugares turísticos de Asia en los que los elefantes no son explotados, para que los visitantes puedan disfrutar de ellos sin dañarlos".

Pero hay buenas noticias, en World Animal Protection creen que hay motivos para el optimismo: "las opciones alternativas de viaje están cambiando lentamente, aunque todavía muchos turistas ven estos paseos como el punto culminante de sus vacaciones. Tan pronto como los viajeros son conscientes del sufrimiento causado, su entusiasmo disminuye rápidamente". Todavía queda camino por recorrer, pero los primeros avances para conseguir que los elefantes no se conviertan en el último capricho de Instagram de algún turista ya se han dado.