Los campos de reeducación chinos donde se viola a mujeres sistemáticamente

El gobierno chino quiere controlar todo el país, y la diversidad cultural lo dificulta. Por eso, "necesitan destruir la moral" de las minorías. Y estos campos de tortura son el mejor ejemplo

Para Tursunay Ziawudun, las mascarillas no significan covid, significan violación. Es lo que usaban los hombres que la violaban sistemáticamente para cubrirse la cara y proteger su identidad, aunque todavía no había covid. Además, no eran policías, sino empresarios vestidos con traje. Llegaban a media noche, iban a sus celdas, las seleccionaban como si fueran un perrito en adopción y las llevaban a una habitación oscura sin cámaras donde les hacían de todo. "Quizás esta sea la cicatriz más inolvidable que llevaré para siempre", asegura, recordando sus heridas emocionales después de vivir nueve meses atrapada en un “campo de reeducación” para la etnia uigur, de mayoría musulmana.

Desde hace más de cinco años que existen este tipo de campos para “reeducar” a uigures y otras minorías que “desafían” la cultura hegemónica china. Según algunas estimaciones (nada oficial), hay más de un millón de personas encerradas en estos campos, donde se aplican torturas, esterilizaciones forzosas y violaciones sistemáticas. Y todo para castigar a personas que han nacido en una cultura que “desafía los valores chinos”. De hecho, como explica The New York Times, estos campos empezaron en 2014 porque, a raíz de un ataque terrorista de separatistas uigures, el presidente, Xi Jinping, decidió que debían ser “castigados sin piedad” y eliminar su cultura propia, porque lo consideraba “un foco de tensión” que China no podía permitirse si quería tener todo el país controlado con mano de hierro.

Cedida por Tursunay Ziawudun a la BBC

Desde entonces, hay detenciones masivas a las personas más “conflictivas” para “curarlas” y hacer que “vuelvan a amar a China”. Según Jarkenbek Otan, que sobrevivió a uno de estos campos, las autoridades le dijeron “tienes algo que no funciona en tu cabeza. Te vamos a enviar a un centro para arreglarlo. Tenemos que transformarte”. La forma de “transformarlo” fue con todo tipo de vejaciones. "Desde muy temprano por la mañana hasta muy tarde por la noche, solo les permiten sentarse en una silla muy dura. Mi pobre madre tiene que soportar este castigo todos los días. El único crimen que ha cometido mi mujer es haber nacido uigur. Por esta razón ella vive en un campo de reeducación, donde debe dormir en el suelo, ya no sé si están vivas o muertas", recuerda otro superviviente, cuya madre y esposa siguen atrapadas en los campos.

Precisamente, las que sufren más carga física son las mujeres: “éramos violadas todas las noches por uno o más hombres”, añade Ziawudun, ahora refugiada en Estados Unidos. La BBC entrevistó a una anciana que también fue detenida. Ella no sufrió violaciones, pero sí que tuvo que participar en ellas, desnudando a las otras reclusas y limpiándolo todo después de la violación. "Mi trabajo consistía en quitarles la ropa por encima de la cintura y esposarlas para que no se movieran. Entonces dejaba a las mujeres en la habitación y entraba un hombre, algún chino de fuera o un policía. Me sentaba en silencio junto a la puerta, y cuando el hombre salía de la habitación, llevaba a la mujer a darse una ducha. Recuerdo que los hombres pagaban para elegir a las reclusas jóvenes más bonitas".

“Sí, hay un sistema de violación organizada”, concluye. Y no es la única. Hay más mujeres “poco deseables” (utilizando el vocabulario de los carceleros y violadores) que cuentan la misma historia, mientras que “las más bonitas” sienten vergüenza y no se atreven a hablar con medios para detallar las torturas que sufrieron en los campos de internamiento. "No puedes contarle a nadie lo que pasó, solo puedes recostarte en silencio", recuerda otra víctima a la BBC. "Está diseñado para destruir el espíritu de todos".