La bolsa de plástico que se disuelve en el agua para no contaminar

Buena parte de los cinco billones de bolsas de plástico consumidas anualmente terminan contaminando la naturaleza

El dato duele tan solo con leerlo: según un informe reciente de Naciones Unidas, el mundo consume cada año alrededor de cinco billones de bolsas de plástico. Es decir, unos 10 millones de bolsas por minuto. Y lo peor de todo, es que la inmensa mayoría de ellas no se recicla. Termina contaminando la naturaleza de forma destructiva, especialmente los mares y los océanos. Para combatirlo, difunde el medio francés Demotivateur, unos ingenieros chilenos han creado una bolsa que se disuelve en el agua tras unos segundos.

El revolucionario invento, que fue presentado hace unos días bajo el nombre de SoluBag, contiene cero derivados del petróleo y es completamente hidrosoluble debido a una pequeña modificación en sus componentes de fabricación: sus creadores simplemente han reemplazado el aceite por piedra caliza. Una nueva fórmula química que permite que estas bolsas sean cien por cien inocuas tanto para el agua donde se diluyen como para el medio ambiente en general.

Para probarlo, los propios ingenieros introdujeron una de estas bolsas en agua durante la presentación del producto. Bastó con remover el líquido durante unos segundos para que la bolsa desapareciera por completo, aunque dejando el agua turbia a causa del carbono. Algo que según sus creadores no tiene ningún efecto sobre el cuerpo. De hecho, el propio director de la compañía, Roberto Astete, llenó un vaso con ese mismo agua y la bebió para demostrar que seguía siendo totalmente potable.

El objetivo es claro: convertir la dañina bolsa de plástico de toda la vida, que ha transformado algunas zonas oceánicas del planeta en auténticos vertederos, en cosa del pasado. Y el gobierno chileno lo ha puesto en bandeja: hace unos días anunciaba la prohibición de las bolsas de plástico tradicionales, lo que significa que el país necesita una alternativa. SoluBag, cuyos inventores esperan comercializar a partir de octubre, podría ser la solución. Desde luego el planeta necesita una si no queremos terminar enterrados en plástico.