Lo que 30 millones de piezas de plástico pueden hacer por un paraíso que era precioso

Es una pequeña isla perdida en medio del Pacífico Sur, a miles de kilómetros de las costas de Australia, Nueva Zelanda y Sudamérica. Una minúscula porción de tierra, hoy deshabitada, en la que reina la paz y tan solo se escucha el ir y venir de las olas y el murmullo de la vegetación movida por la brisa marina. ¿Un paraíso por descubrir? Frío. ¿El último destino de moda preferido por los millonarios? Frío, frío. Más bien se trata de la desesperanzadora estampa de los efectos de la contaminación. Porque la arena de todas las calas de Henderson Island está plagada de cientos de miles de pedazos de plástico, -concretamente más de 30 millones- de desechos en forma de cepillos de dientes, balones, mallas de fruta y otros tantos desechos que alertan sobre cómo el hombre está castigando al planeta sin descanso.

La investigadora de la Universidad de Tasmania Jennifer Lavers viajó a la isla Henderson en 2015 para elaborar un estudio sobre contaminación que acaba de publicar. La estampa que encontró reforzó su teoría: millones de piezas de todo tipo, arrastradas por las mareas y reflejo de las incontables toneladas de desechos que nos son reciclados. Pero, ¿cómo han podido terminar todos estos kilos de basura en un diminuto islote del Pacífico? Es una cuestión de corrientes: las mareas arrastran la basura que las ciudades vierten al mar de forma irresponsable, y Henderson emerge en medio de uno de estos circuitos naturales.

"Estamos ante un ejemplo impactante pero típico de cómo los desechos plásticos están afectando el medio ambiente a escala global", explica Lavers en su investigación, y añade: "Lo que ha sucedido en la isla Henderson demuestra que no hay escape de la contaminación plástica, incluso en las partes más distantes de nuestros océanos".

Y esta es tan solo la imagen impactante. Detrás de esta realidad se esconden otras conclusiones, como el peligro que corre cualquier tipo de vida marina y las sustancias perjudiciales que todos podemos acabar ingiriendo si las grandes masas de agua continúan siendo maltratadas y ensuciadas con basuras. La solución, de nuevo, está en las manos de todos.