Un informe revela que tener trabajo ya no salva de la pobreza y de la exclusión social

”El 11,7% de las personas ocupadas se encuentra en situación de pobreza y, al mismo tiempo, el 32,9% de la población pobre tiene un empleo”

Desde que se inventó el trabajo, desde que la gente dejó de hacer las tareas de supervivencia en comunidad y comenzó a poner su esfuerzo al servicio de otros a cambio de un contrato y una remuneración, este se ha vendido siempre como una barrera protectora frente a la pobreza y la exclusión social. Si tenías un trabajo estabas bien. Solía ser suficiente en el pasado para no tener que pasar penurias en tu día a día. Pero eso está dejando de ser así. Como cuenta el profesor de sociología Alexis Cloquell en una publicación para The Conversation, un informe acaba de revelar que “la relación entre empleo y pobreza es más frágil de lo que suele asumirse”.

En concreto, y para que te hagas una idea de la gravedad de la situación, “el 11,7% de las personas ocupadas se encuentra en situación de pobreza y, al mismo tiempo, el 32,9% de la población pobre tiene un empleo, frente a un 20,6% que está en paro”. Esto significa que hay cientos de miles de personas en España, según este análisis de la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social en el Estado Español (EAPN-ES), que se levantan cada día para ir a sus puestos de trabajo, esforzarse, entregar su mano de obra al servicio de una empresa y que sin embargo no tienen el dinero mínimo para llevar una existencia digna. Es algo demasiado triste.

¿Que por qué ocurre esto? Es sencillo: España ocupa ahora la primera posición de la Unión Europea en cuanto a creación de empleos. Le llaman la locomotora de Europa. El problema es que no está creando el suficiente trabajo de calidad. Y es que, en palabras de este experto, catedrático especializado en el estudio de los desafíos sociales y la vulnerabilidad, “el debate sobre la reducción de la pobreza no puede centrarse únicamente en el acceso al empleo, sino que debe incorporar la calidad del trabajo y el marco normativo que lo regula”. Hay una precariedad estructural. Un desfase entre lo que se cobra y lo que se requiere para vivir tranquilamente.

Pero no es solo una cuestión de pobreza. Es también de desconexión social y de marginación. Como bien explica Alexis Cloquell, “la dificultad de acceso a la vivienda, los empleos inestables y la debilidad de las redes comunitarias generan trayectorias vitales sin anclajes. El resultado no es solo pobreza material, sino desarraigo social y político, un malestar difuso que erosiona la confianza en las instituciones, en el estado de bienestar y en el funcionamiento y calidad del sistema democrático”. Es lo que ocurre cuando el principal objetivo del trabajo es enriquecer a los empresarios y no el de servir de barrera antipobreza para la mayoría de la gente.