Viajé a Madeira y ahora sé lo que es estar por encima de las nubes

Nunca antes estuve tan cerca de los aviones. En serio, resulta increíble estar en las alturas del archipiélago portugués de Madeira y ver sobrevolar a un Airbus por encima de esas mismas nubes en las que estás buceando. De compartir el mismo espacio con ese avión que, apenas unas horas antes, te transportaba a esta isla salvaje alejada de todo y de todos. Una isla al más puro estilo de King Kong, con miles de agujas repletas de arboles escondidos entre la niebla y con precipicios que te conducen hasta el abismo de cascadas inmensas.

Y es que, a parte de su buena y barata gastronomía atlántica, de sus playas abruptas e ideales para surfistas, Madeira es el escenario ideal para sentir el sabor de la libertad primigenia. Aunque la visites en pleno mes de agosto nunca hay aglomeraciones y, a partir de las 5 de la tarde, el silencio se apodera de las verdes faldas de las montañas. Es en ese momento, cuando es imprescindible atarse las botas y empezar a caminar por las alturas. En menos de lo que te imaginas pasarás de encontrarte al nivel del mar, a estar a más de 1.800 metros.

Eso sí, si decides compartir esta aventura, es necesario que alquiles un coche. Las buenas carreteras hacen que Madeira sea muy accesible y puedas plantarte, en menos que canta un gallo, en los sitios más recónditos de la isla. Dicho esto, ha llegado el momento: prepárate para estar por encima de las nubes. Aquí van las mejores rutas para ello:

1. Levada Queimadas - Caldeirão Verde

Es la ruta perfecta para experimentar lo que es caminar y no saber qué es lo que hay debajo de ti. A la izquierda está el camino, a la derecha la niebla. Y bajo la niebla, el vacío. Parece que te hayas adentrado en un cuento del que no sabes qué vas a descubrir al final. Pero creedme, vale la pena. Tras andar sin ver lo que hay a tu alrededor, se llega a un escondido paraje donde se encuentra una cascada de unos 100 metros de altura. Todo un espectáculo.

2. Levada Fanal

Es la ruta más completa y hermosa de la isla. La zona de Fanal está declarada como ‘Reserva de Reposo y Silencio’ y desde luego que lo es. Sentado en sus grandes y altos prados verdes, se vislumbra el oeste, donde la puesta de sol dora el manto de nubes que rodea la montaña. En este valle sientes una rara mezcla: te das cuenta de lo pequeño que eres y, al mismo tiempo, crees ser el centro del Universo.

3. De Pico do Arieiro a Pico Ruivo

Aquí va la ruta más larga, dura y espectacular de Madeira: ir desde Pico do Arieiro hasta el Pico Ruivo (1.862 metros sobre el azul del Atlántico). Nada más llegar, caminas por una cordillera de paredes verticales, en la que solo ves la parte más alta del Ruivo, asomando sobre la densa capa nubosa. Pero a mitad de camino, mientras atraviesas de un pico a otro, la corriente de aire se lleva las nubes y ante ti, se abre un nuevo mundo. Un valle rocoso y verde que se adentra hasta el centro de la tierra. Nunca antes te habrás sentido tan alejado del equilibrio. Tan aislado del mundo.

4. Punta de San Lorenzo

Pese a que esta ruta está al lado del mar, es el mejor lugar desde el que observar y comprender lo que es Madeira: una isla dividida en dos partes. La primera es la visible; la que conecta con la tierra y el mar. La segunda es la escondida y más mística; la que se alza sobre las nubes. Es importante explorar las dos. Ya que por mucho que tengas la vista puesta en el cielo, es mejor que antes hayas puesto los pies en la tierra. Yo viajé a Madeira y sé lo que es caminar y estar por encima de las nubes. Una vez lo pruebes, no podrás dejar de recordar esa sensación: creer que es lo más parecido a que hayas tocado el cielo.


Crédito de las fotografías: Estanis Bañuelos.