Rituales Satánicos, Esqueletos Y Criptas: La Cara Oculta De 5 Catedrales

Lo creas o no, hay gente a la que le gusta pasar miedo incluso cuando viaja. Es una adicción, ese morbo de lo inesperado, de saber que estás pisando lugares llenos de crímenes y horrores puede ser lo más. Y para ellos también tenemos destinos, por qué no. Y aunque el mal está donde menos te lo esperas, se ve venir que en estos lugares no se montan fiestas los sábados. Viaja por el lado oscuro, visita insólitas iglesias decoradas con esqueletos humanos, sé testigo de rituales satánicos y, sobre todo, cuidado por donde pisas.

Una iglesia para adorar a Satanás (Colombia)

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Este curioso templo levantado en la localidad colombiana de Quindía es una auténtica revolución, para lo bueno y para lo malo. Su creador se autodenomina brujo, santero, hechicero y espiritista y defiende la libertad de culto al mismísimo Lucifer. Muy agradable, sí señor. Aunque aparentemente tiene el mismo formato de una iglesia -con bancos y un altar- nada tiene que ver. El altar lo preside una imagen de Satanás que pone la piel de gallina. Y, por supuesto, su número favorito es el 666. Su fundador, que ha tenido un montón de problemas con las autoridades de Colombia por haber hecho un pacto con el Diablo, asegura que en ese lugar no hacen ni rituales satánicos, ni sacrificios, y que sólo se dedican a venerar al Ángel Caído. Si te atreves a entrar, allá tú.

La macabra historia del osario de Sedlec (República Checa)

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Esta capilla, además de ser el 'santuario de la muerte' del barrio de Kutná Hora (República Checa), es una obra de arte muy macabra. Más de 40.000 esqueletos humanos decoran la capilla: paredes, techos, columnas, lámparas, etc. Y todo el mobiliario exhibe calaveras, fémures, tibias y troncos humanos de personas fallecidas por la Peste del siglo XIV y las guerras husitas del siglo XV. Al entrar en la Capilla de los Huesos es inevitable sentir como un escalofrío recorre tu cuerpo. Es un lugar que desprende dolor y malas vibraciones, en el que se te disparará la adrenalina y no podrás evitar tener una inmensa sensación de vacío.

La Capilla de Las Calaveras de Czermna (Polonia)

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Los muertos son los reyes del asunto en el turismo de las catedrales oscuras. Esta antigua fosa común alberga los restos de las víctimas del hambre, el cólera, la Guerra de los Treinta años y de las guerras de Silesia de finales del siglo XVII mediados del siglo XVIII, respectivamente. Poco después, fue el párroco polaco Wacław Tomaszek quien descubrió ese cementerio improvisado y decidió convertirlo en una capilla fúnebre de estilo barroco decorada con 3.000 cráneos colocados minuciosamente. Había más de 20.000, pero su obra se limitó a 3.000. Dicen que cuando el sacerdote murió, para continuar con la tradición, su calavera también fue colocada presidiendo el altar.

La huella del Diablo (Munich)

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La Catedral De Munich esconde un secreto muy bien guardado. Fue construida sobre una antigua iglesia del siglo XVIII y diseñada por el arquitecto Jörg Von Halsbach, que hizo un pacto con el Diablo: si le permitía acabar la obra sin impedimentos, le prometió hacerla sin ventanas. El hombre logró levantar esta impresionante obra arquitectónica, pero traicionó su acuerdo con una enorme ventana tras el retablo. Cuenta la leyenda que cuando Satán lo supo, entró muy enfadado y dejó su huella en el suelo. Allí está. No se sabe de dónde viene. Lo que sí se sabe es que ese mismo año el arquitecto falleció. ¿Fue un castigo del Demonio o casualidades de la vida?. Que cada uno saque sus propias conclusiones.

Arte fúnebre en la Cripta de los Capuchinos de Roma

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En la Iglesia de Santa María de la Concepción descansan, nada más y nada menos, que los restos de más de 4.000 monjes capuchinos. Lo más llamativo y morboso del lugar es que algunos de esos esqueletos están completos, vestidos con túnicas franciscanas y colocados en diferentes posiciones como si fueran maniquíes. También hay candelabros hechos a base de omoplatos o decoraciones con pelvis y cráneos. En este caso no se sabe quién fue el autor de la oscura idea, pero su intención es clara. Al salir, se puede leer la escalofriante frase: “Lo que tú eres, nosotros fuimos, lo que nosotros somos, tú serás”.