Playas de Galicia en las que creerás que estás de vacaciones en el paraíso

Siempre que los gallegos hacemos la maleta para irnos de nuestra pequeña tierra y nos instalamos en cualquier otro punto del mundo, tenemos la sensación de que estamos perdiendo algo. Es la llamada morriña, una sensación mezcla de melancolía y nostalgia que nos invade cuando pensamos en nuestra casa, en los amigos y en las tierras que hemos dejado atrás.

Lo que nos encontramos en nuestro nuevo destino también es un lugar común para nosotros. Nuestros nuevos compañeros de clase, de trabajo o de piso se extrañan siempre de que nuestro acento sea gallego, y uno piensa ante semejante sorpresa si en España la gente cree que en Galicia hablamos con un deje chino o un tonillo andaluz. La verdad es que no: en nuestra pequeña tierra charlamos cantando, subiendo y bajando la entonación como gallegos. Tampoco es cierto el segundo comentario que nos hacen, esa frase con maldad que sugiere que Galicia es una región de tono gris, con lluvias torrenciales y ciclogénesis perpetuas. A Galicia, queridos amigos, algunos de nosotros incluso la llamamos Galifornia —sabemos que no es muy original— por su sol, sus playas y sus rincones paradisíacos que en verano están siempre abigarrados de turistas asombrados y gallegos orgullosos.

Estos son cuatro de los lugares más espectaculares que alberga nuestra tierra y que te harán olvidar al fin el mito de la lluvia:

Las Islas Cíes, con la mejor playa del mundo

Este pequeño archipiélago de tres islas está en las rías baixas, en la boca de la ría de Vigo. Fue declarado parque natural en 1980 aunque en 2013 se puso en marcha una campaña para declararlo Patrimonio de la Humanidad encabezada por la Universidad de Vigo, el CSIC, el Instituto Español de Oceanografía o la Consellería de Medio Ambiente apoyaron la candidatura.

Las tres islas —Monteagudo, Faro y San Martiño— están deshabitadas y son medio salvajes. A dos de ellas se puede llegar en barco público y se puede dormir en un camping por menos de 20 euros con tienda propia y una reserva en la web. En las dunas y playas todavía hay matorral autóctono, como xestas y torviscos, y en las islas anida la mayor colonia de gaviotas de patas amarillas del planeta, además de árboles propios como el rebollo.

La mejor playa del mundo, según el diario británico The Guardian, está en las Cíes: es la de Rodas, que este tabloide define así: "Los vecinos la llaman 'la playa caribeña'. El agua es lo bastante turquesa y la arena suficientemente blanca como para creerse la comparación... hasta que metes el dedo del pie en el agua". Las playas, las dunas y las vistas desde los miradores de Cíes son espectaculares, pero el mar, en pleno Atlántico, está un poco fresquete.

Cangas do Morrazo, en la playa hasta las 11 de la noche

Este pueblo del suroeste gallego en el que nació el medallista olímpico David Cal, es uno de los lugares más paradisíacos de Galicia. Está al final de la península de O Morrazo, bañada por la ría de Vigo, y en su extremo noroeste forma una ría propia, la de Aldán. Esta es mucho más cerrada, y sus playas, como la de Pintens, la de Castiñeiras o la de Areacova, están rodeadas de árboles y tienen al agua mucho más caliente que las que dan a mar abierto.

La zona oeste de Galicia es el punto más occidental de España, donde en la misma longitud en Portugal es una hora menos. La consecuencia es que estos pueblos están en la zona peninsular española donde más tarde se pone el sol, y en verano se puede estar tumbado en la playa a las 22.30, con una cerveza en la mano, un libro en la otra, el sol poniéndose enfrente con solo 30 personas en una arenal de cientos de metros, los árboles aislándote por detrás, ni un solo ruido de motor a tu alrededor y un crepúsculo rojizo y rosado.

Por ellas veranean jugadores de fútbol como el internacional Iago Aspas, que es del pueblo de al lado, o exjugadores del Real Madrid como Sanchís, uno de los miembros más destacados de la ‘Quinta del Buitre’ (la generación de futbolistas de las categorías inferiores del Real Madrid que lograron un saco de éxitos durante los 80 y 90).

Además, en el extremo oeste del pueblo está el monte do Facho, donde se asienta uno de los poblados romanos más importantes de la península Ibérica, creado sobre pueblos prehistóricos. El monte está al lado del acantilado de cabo Home, donde hay unas vistas tremendas. Muy cerca está Barra, una de las mejores playas nudistas de España.

Las Islas Ons, los mejores pulpos y percebes

Como las Cíes, están en las rías baixas y pertenecen al Parque Nacional das Illas Atlánticas, único espacio protegido de este tipo en Galicia. Cuenta con dos islas, Ons y Onzeta, y un puñado de islotes. En Ons todavía viven unas 80 colonos, descendientes de aquellos que ya a finales del siglo XVIII se ganaban la vida en este pedazo de tierra plantando patatas y pescando pulpo.

A las islas se puede llegar en barcos públicos y se puede dormir en un camping por seis euros cada noche. En ellas hay playas nudistas y cuatro rutas para conocer cada rincón de su tierra. Hasta este archipiélago se acercan los mariscadores para coger los que dicen que son los mejores percebes del mundo y uno de sus restaurantes, Casa Acuña, es propiedad de Palmira Acuña, quien ostenta el título de mejor pulpeira de Galicia.

El mar que rodea el archipiélago es de un intenso azul turquesa, con playas de arena blanca y fina en su lado oriental. En el extremo contrario hay acantilados escarpados donde soplan vientos fuertes y el Atlántico alcanza el infinito. Allí está el Buraco do Inferno (Agujero del Infierno), una cueva marina o furna de 40 metros de profundidad en la que, según la leyenda, se oyen los lamentos de las decenas de almas de marineros que perdieron la vida faenando en sus costas. La ciencia, sin embargo, apunta a que los sonidos que emanan vienen del mar y de los araos, un ave ártica que antes anidaba en Ons para criar pero que ahora solo está de paso.

Bueu: música, playas y comida

Este pueblito del suroeste de Galicia está bañado por las rías baixas y también forma parte de la península de O Morrazo. Ademas, fue el primer municipio no madrileño en el que giró Vetusta Morla, uno de los grupos de indie rock español más conocidos. No es de extrañar, porque por esta villa pasaron decenas y decenas de bandas por locales como el Aturuxo.

En el centro hay restaurantes en los que se puede comer de lujo por un buen precio: La Perfecta, O Loureiro y O Farol. Tiene playas que parecen más caribeñas que españolas, como Mourisca, Tulla o las calas que las siguen y a las que solo se puede acceder en barco privado o caminando media hora por caminos escarpados y estrechos que cruzan el monte que las separa de la civilización.

El punto de Bueu que más se adentra en el mar es cabo Udra, otro acantilado en el que rompe el mar y donde los romanos, que creían que la Tierra era plana, vislumbraban el fin del mundo.