La pesadilla de ser azafatx de vuelo durante la pandemia

Tener que volar a una ciudad y acabar en otra, no encontrar cama porque no hay hoteles abiertos, que nadie te hable porque eres una "máquina de virus", o ir con la maleta cargada de comida en cambio de ropa por si te dejan tirado, entre otras

Ya estamos todos en fase 1 y 2. Por suerte. Ya podemos salir, disfrutar de nuestras queridas terrazas, amigos y familiares. Volvemos a tener un poquito de esa querida vida social que tanto echábamos de menos. Pero, aunque nos habíamos pasado meses encerrados y el mundo parecía paralizado, todavía había aviones prestando servicios de transporte indispensables, lo que supuso que miles de azafatxs trabajasen en medio de la pandemia.

Si de por sí ya es una profesión que tiene que aguantar muchas cosas, currar bajo la constante amenaza del coronavirus ha multiplicado las complicaciones. O así lo asegura un reportaje del diario Business Insider, que ha entrevistado a seis trabajadores. “La gente no quiere estar cerca de ti, especialmente si vas en uniforme. Se nota porque los pasajeros no te piden nada, no te hablan. Me siento como si fuera una máquina transmisora de la enfermedad”, explica una azafata.

El trabajo es muy solitario: viajas de aquí para allá y pasas mucho tiempo en hoteles, sin ninguno de tus seres queridos cerca. Como han descubierto muchas personas que vivieron solas la cuarentena, si estás solo siempre y los pocos contactos humanos que tienes son de gente que te ve como un virus con patas, te sientes muy mal psicológicamente: “es muy difícil mantenerte cuerda cuando te tratan diferente por tu trabajo. Más aun cuando son amigos y familiares, que no entienden por qué debemos seguir trabajando. Trabajar en vuelos ahora es muy raro, hay un clima de tensión”, añade otra azafata neoyorkina.

Hoteles cerrados, 30 horas colgadx

En tiempos pre-epidémicos, el trabajo de azafatx incluye volar mucho, hacer escalas cortas, y coger otro vuelo. Ahora, cada vez que les programan vuelos, no saben si van a volar con todos. En medio del caos turístico y las cancelaciones constantes, están viendo que salen de su ciudad a otra en avión, y les cancelan el vuelo de vuelta, quedándose colgadxs. Pero ahí no acaba el problema: cuando van a buscar hoteles, muchos están cerrados por la alerta sanitaria, así que han llegado a encontrarse abandonados en medio de la nada. “Estuve aislada en una ciudad desconocida durante 30 horas”, añade otra azafata.

Por eso, ahora cargan comida en sus maletas por si acaso se quedan un par de días colgadas. “No sabemos lo que sucederá, hay mucho estrés, hay cambios en menos de una hora, y de golpe te cancelan un vuelo cuando estás de camino al aeropuerto y ya no sabes qué hacer, o te cambian de ruta y acabas en una ciudad que no esperabas”, añade, asegurando que esto le está causando muchísima ansiedad.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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A todos estos problemas se suma lo que está destruyendo los nervios del resto de trabajadores que siguen a pesar de la pandemia: la posibilidad de contagiarse al atender al público constantemente y transmitírselo a sus familias. Además, de la explotación laboral y la incertidumbre: las compañías aéreas han perdido muchísimo dinero con los vuelos cancelados y las plazas vacías. Como añade la azafata, “cada día que me despierto me siento como en una sala de espera donde no sabes si te despedirán”.

CN