Páralo todo y desintoxícate: lugares para unos días de desconexión total

El zumbido de notificaciones en el bolsillo del pantalón. La lista de responsabilidades que llevas tatuada en la frente. El ‘runrún’ de preocupaciones que fluye hasta que consigues dormirte. Los decibelios de las calles del segundo país más ruidoso del planeta. La vida moderna ataca por todos lados, con todas sus armas, para hacer imposible que estemos conectados con nuestro ser y con nuestra espiritualidad. Por eso, de vez en cuando, necesitamos unos días de desintoxicación. Un respiro de la vorágine, de la presión, del alboroto. Un retiro. Y nosotros os traemos cuatro opciones para todo tipo de almas.

Retiro monástico

Hospedarse en un monasterio cristiano puede parecer cosa de otra época, pero pocos lugares en el mundo ofrecen la serenidad y armonía que guardan estos rincones históricos. Después de todo, la vida aquí es mansa, austera y silenciosa, salvo cuando los cantos gregorianos entran por la ventana de la habitación. Sus viejas y valiosas paredes son un refugio excepcional para hallar la calma perdida en el ajetreo cotidiano, independientemente de la poca o mucha fe que profeses hacia Dios.

Nuestro país cuenta con una amplia variedad de hospedajes monásticos para peregrinos y curiosos, cada uno con sus propias reglas. Por eso, en algunos resulta obligatorio participar en los oficios litúrgicos como en el Monasterio de Santa María de El Paular, en la Comunidad de Madrid. Otros, como el célebre Monasterio de Silos, una abadía benedictina de la provincia de Burgos, ofrecen mayor libertad de movimiento.

Ninguno es, sin embargo, un hotel o un lugar donde practicar turismo, avisan. Son lugares donde reflexionar y empaparse de la vida espiritual de los monjes, que en algunos monasterios llegan incluso a guiarte durante la estancia. Los hay que cobran por el alojamiento, los hay que viven de los donativos y los hay que intercambian los servicios por horas de trabajo. Sea como sea, la experiencia merece la pena.

Retiro de silencio

No necesitas comprar un billete de avión y recorrer diez mil kilómetros para experimentar la paz y la armonía a través de la meditación. España alberga innumerables centros y retiros donde adentrarse en la espiritualidad oriental, aunque no todos imparten la maravillosa y legendaria práctica de la meditación vipassana, la técnica de autopurificación que usó Gautama Buda para alcanzar la iluminación.

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El Centro de Meditación Vipassana Dhamma Neru, uno de los más famosos del país, se encuentra a 56 kilómetros de Barcelona, cerca de Santa María de Palautordera. La experiencia, sin embargo, puede resultar desafiante: nada de móvil, nada de televisión, nada de literatura, nada de música, nada de alcohol, nada de camas lujosas, nada de contacto físico y, por encima de todo, nada de comunicación. Ni verbal ni oral ni gestual. Nada.

La práctica del ‘Noble Silencio’ a lo largo de los diez días es primordial para potenciar esta práctica que, mediante la observación de la respiración y otras sensaciones físicas, trata de alejarnos del ego y del sufrimiento. ¿A qué precio? A cero euros. La organización se mantiene gracias a las donaciones que aquellos que pasaron por ahí y quedaron vislumbrados decidieron hacer en señal de agradecimiento. Las plazas de cada convocatoria, eso sí, vuelan.

Retiro hippie

Aunque pueda sonar anacrónico hablar de comunas hippies en 2017, nuestro país alberga una de las comunidades flower power más antiguas del viejo continente: Beneficio. Ubicada en las laderas de la Alpujarra granadina, donde también se asientan las comunidades hippies de El Morreón y Los Cigarrones, este asentamiento es invisible a mapas y sistemas de localización por satélite. La única forma de acceder a ella es, como en tiempos precartográficos, preguntando a los lugareños.

Aquí viven, en perfecta consonancia, alrededor de doscientas personas. Aisladas de la civilización, de las facturas y de los horarios laborales. Sin luz eléctrica, sin medicina moderna, sin dinero. La vida se desarrolla con tranquilidad, durmiendo en tipis o casas autoconstruídas, cocinando en fogatas, bañándose en manantiales, practicando el trueque, sembrando huertos y, por encima de todo, respetando profundamente la naturaleza.

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Si necesitas ver la otra cara del mundo, toma el coche, conduce unas horas y forma parte de esta hospitalaria rainbow family durante el tiempo que necesites para tomar aire y recomponer el espíritu. Sumérgete en la madre tierra y reconecta con esa parte de ti que permanece aplastada por todas las angustias e inquietudes de la vida moderna. Quizá te quedes más tiempo del que esperabas.

Retiro convencional

Si te espanta la idea de convivir entre cruces y rosarios, de pasar unos días en la posición de la flor de loto o de dormir acompañado de mosquitos, el retiro espiritual sigue al alcance de tu mano. No necesitas doctrinas, técnicas especiales o códigos de conducta. Basta con encontrar un lugar natural y desahogado y escapar unos días de la rutina. Después de todo, tu espíritu va siempre contigo.

Una opción muy recomendable ahora que la primavera asoma entre los árboles son las calas vírgenes y solitarias que contiene nuestro país a lo largo y ancho de su hermosa figura. Desde las playas del norte como la playa de Rodas o la Cala de Corbs a las playas isleñas como la Cofete, pasando por las espectaculares playas gaditanas, cuya imagen paradigmática la ocupa siempre la famosa playa de Bolonia.

Pasar el día o los días en uno de estos paraísos es una buena cura para la enfermedad urbana que nos corroe. Eso sí, requiere compromiso: dejar el móvil en casa, cargarse de energía y explorarlas con la curiosidad y vitalidad de un niño. No hay nada que le guste más al espíritu que una bonita estampa costera soleada. Paciencia: brotará de donde quiere que esté escondido. Cuando ocurra, atrapa ese ahora. Vive ese ahora. Eso, ni más ni menos, es el retiro espiritual.