El Paraíso En La Tierra Que Se Llama Río De Janeiro Y Al Que Hay Que Ir

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Es samba y bossa-nova. Es carnaval. Es alegría, color, luz. Es el estadio de Maracanã y el Cristo Redentor, una de las siete maravillas del mundo moderno. Es piel bronceada. Deporte. Paseos, atardeceres. Es encuentro de culturas. Pronto será también Juegos Olímpicos. Pero si hay algo que define a Río de Janeiro, es la playa. La mezcla de arena, mar y cielo alcanza aquí su perfección en la tierra. Y aunque nos pille lejos, el poder de atracción que generan sus kilómetros de costa nos obligan a visitar la ciudad con más ritmo del mundo al menos una vez en la vida.

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Porque en cuanto alguien nombra Río de Janeiro, inmediatamente suenan otras dos palabras: Copacabana e Ipanema. Pero hay mucho más por descubrir. Lo primero, que las playas de Río están divididas por ‘Postos’, los puestos de salvamento, que delimitan la cascada de culturas, paisajes y actividades que se suceden a lo largo del mágico paseo costero de la ciudad. Las playas de Leme, Arpoador, Leblon y, por supuesto, Copacabana e Ipanema, reúnen en sus arenas todo con lo que uno pueda soñar.

¿Los mejores amaneceres? Los de Leme y Copacabana. ¿Los atardeceres más románticos? Los de Ipanema, Arpoador y Leblon. Y entre la salida y la puesta del sol, deportes acuáticos, de playa, los mejores paseos y las fiestas más increíbles imbuidas de ese componente al que la ciencia jamás podrá poner nombre propio y que corre por la sangre carioca. Porque no se puede explicar, pero ahí todo suena, luce y se mueve diferente.

El corazón se detiene el Leme, el primer posto de Río, cuando ante uno se presenta el Pan de Azúcar, el Cristo Redentor y toda la Bahía. Y lo mismo ocurre cuando esperamos pacientes el final del día desde el posto siete, Arpoador, cuando el sol se esconde tras el Morro Dois Irmãos mientras decenas de surfistas clavan sus tablas en la arena para contemplar el espectáculo. La fiesta se llama Ipanema, por supuesto, y más en concreto sus postos ocho y nueve, donde a cualquier hora del día podremos disfrutar de “la cosa más bella, más llena de gracia”.

Lo mejor de las playas de Río, además de sus increíbles paisajes, son las gentes que los llenan de vida. La paz que contagian los grupos de personas practicando yoga en Copacabana, el glamour de las fiestas de Ipanema y Leblon. La sensualidad empapa cualquier movimiento. El salitre del mar se impregna en los cuerpos de los que disfrutan practicando deportes de playa, como el volleyball. Porque todo se vuelve sensual, incluso jugar con unas simples palas, si se hace en las los postos de las playas de Copacabana.

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Resulta imposible plasmar con palabras la luz, el color y la magia de los Postos de Río de Janeiro. Esto ha sido sólo una aproximación romántica al paraíso en la tierra. Pero Hawaianas ha querido ir un paso más allá, inventando unas chanclas inspiradas en cada uno de ellos, y ha logrado plasmar todo aquello que convierte a las playas de Río en un lugar único. Si viajar hasta allí nos resulta imposible, siempre podremos tener un pedacito de cada posto en nuestros pies. Y si nos lanzamos a la aventura y cumplimos esa ‘visita irrenunciable’, pasearemos por la capital del ritmo y el color calzados con las chancletas que han logrado exprimir todo el sabor de los Postos de Río de Janeiro. Ahora, nos toca a nosotros decidir.