Lanzarote es el lugar al que puedes ir a buscar el verano eterno

¡Buenos días de nuevo, otoño-de-mierda! Son las 8 de la mañana, hace frío, aún es de noche y te quedan por delante muchas horas de intensa miseria en la oficina. A Pedrito, el imbécil de 'ventas', le han subido el sueldo. Y tu jefe, ese que te humilla en público cada vez que te lo cruzas, quiere verte en su despacho. Con los informes para ayer. ¿Y qué hacen aquí estas tetas si yo tenía pectorales? Con 16 años, pero ahí estaban. Tu novia, por cierto, está encantada con su nuevo profesor de Zumba, que es “supersimpático, tía”. Y argentino, claro. Dos contracturas de espalda, tres kilos menos de pelo y un irritante tic nervioso en el ojo izquierdo más tarde, te toca decir basta. Necesitas vacaciones. Sí, otra vez. ¿Quieres un consejo? Arráncate un dedo, cógete una baja y lárgate unos días a una isla. ¿Quieres otro? Que sea Lanzarote.

Un invierno que es verano y pocas caras tristes

¿Que por qué Lanzarote? Porque las Canarias son nuestro Caribe. Porque Tenerife y Gran Canaria también suenan bien, pero están un poco más vistas. Porque tienes más de 800 km2 de un paisaje volcánico alucinante. Porque viven en un eterno verano. Porque, a poco que te muevas, tienes mar y montaña a un paso. Porque hay camellos. De ambos tipos. Porque estás a poco más de dos horas de avión, hay varios vuelos diarios y no necesitas visado. Porque, si sabes elegir, se puede comer muy bueno y barato. Porque -atención, fanboys-, Jon Kortajarena pasa allí sus ratos tontos. Porque su gente es cercana, amable y sonriente. Y porque cualquier cosa es mejor que sufrir un ictus deseando que Pedrito sea atropellado por un tren de mercancías. Lanza is the place, dude.

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Lo que merece la pena ver y lo que puedes ahorrarte

¿Eres de postalita para la familia, camiseta de tirantes e imán de nevera? En tal caso, gozarás sin ataduras de los destinos clásicos. Ya sabes, esos que salen en todas las guías de la Oficina de Turismo lanzaroteña. Lo bueno es que eso es lo que da de comer a los hijos del comercial de tu agencia de viajes. Lo malo es que corres serio peligro de pudrirte de aburrimiento a las cinco horas. Rodeado de guiris.

Siendo sinceros, hay sitios a los que deberías ir. Visitar Lanzarote y no pisar el Parque Nacional de Timanfaya es poco menos que un sacrilegio para los más puristas. Un vasto terreno marciano que recorrerás en autobús por algo menos de 10 euros. Allí están los camellos. Sí, los que tienen una joroba, esos a los que algunos insisten en llamar dromedarios. Por cierto, consejo: haz turismo responsable y deja a los seres vivos al margen de tu entretenimiento.

Bien, también tenemos los Jameos del Agua, un lugar curioso –abarrotado en épocas de verano- y en el que podrás admirar unos cangrejitos ciegos y albinos que pasarán olímpicamente de ti. Allí, también te hablarán de César Manrique, polifacético conejero venerado en Lanzarote como una auténtica deidad. Y, en la misma línea, aparecen La Cueva de los Verdes, el Jardín De Cactus o la Playa de Papagayo. Todo muy bonito, todo en su sitio, pero mejor dejar estas cosas para unas vacaciones en pareja. En la medida de lo posible, evita también Playa Blanca, plagado de ancianos británicos y alemanes. Exacto, tú no necesitas eso.

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Entonces, ¿a qué dedico mi tiempo?

Estás estresado, saturado de tu vida y hasta las branquias de Pedrito, así que debes optar por actividades que te hagan sudar un poco. Y aquí entra EL SURF. Créeme, podríamos estar hablando de tu próxima obsesión. Pues estás de suerte, porque resulta que aquí podrás encontrar algunos de los mejores spots de España. Y, si vas ahora, tendrás las mejores condiciones del año. Conduce hasta Caleta de Famara y disfruta del primer día del resto de tu vida: buen rollo, ambiente surfero, cuerpos esculpidos y olas perfectas. ¿Es tu primera vez? Apúntate a una de las numerosas escuelas de la zona y deja que los profesionales se encarguen de mantenerte a flote. ¿Eres ya un pro? Pon rumbo a La Santa, sede de la competición El Quemao Class. Cuidado, que ahí las cosas se ponen serias.

De camino a Famara, te verás sorprendido por un enorme macizo que se alza sobre la costa. Los lugareños lo llaman 'el Risco', y puede subirse andando. Enfila hacia la cercana Teguise, que allí te indicarán cómo hacerlo. Son unas cuantas horas de caminata, pero las vistas son absolutamente brutales. Y, si tu ojos quieren más guerra, recarga gasolina y emprende la marcha hacia Yaiza, donde te esperan los acantilados de Los Hervideros. Porno para la vista.

Ya estoy on fire, ahora quiero fiesta

Obviamente, en Lanzarote también hay espacio para el jaleo. En la capital, Arrecife, tienes algunas opciones, pero la ciudad no destaca principalmente por sus alternativas de ocio. En este sentido, lo mejor es acercarte hasta Puerto del Carmen. Allí podrás perderte entre discotecas, pubs, cervecerías y todo tipo de saraos. Y hay turistas. Y extranjeras. Y cosas que sí, pero no. Recuerda que vas solo unos días, que tu objetivo es relajarte, que tienes novia y que, a la mañana siguiente, quieres seguir vivo y con todo en su sitio. Menos el dedo que te has arrancado, claro. De ti depende.

Decidido. ¿Algo más que deba saber?

Sí. No te lo pienses mucho. Coge la mochila, reserva un vuelo y plántate allí. Y olvida lo del argentino. En realidad, es uruguayo. Y no le van las tías.

Créditos de fotografía: Amelia Arnau