Por qué nos hace más felices gastar dinero en experiencias que en objetos

El tiempo es tu mayor riqueza, y es a cambio de él que te ganas el sueldo, así que pensar dos veces en qué conviertes tu dinero no está de más. Lo que haces forma parte de ti mucho más que lo que tienes, así que llenarte de experiencias te hará más feliz que acumular objetos. Si gastas más dinero en hacer y estar no tanto en tener, no solo disfrutarás y recordarás momentos que no caducan, también crecerás y se te abrirán nuevas puertas. Porque el dinero atrae al dinero, pero la vida atrae a la vida.

Eres lo que has vivido

Y lo que has aprendido, y lo que has pensado. Si te sueltan mañana en pelotas en medio del desierto (ojalá que no), lo único que poseerás es lo que está en tu cabeza. Y en realidad eso es lo único que ni caduca, ni te pueden quitar. Tus experiencias te han hecho quien eres. Lo sepamos o no, todos queremos ser una versión mejorada de nosotros mismos, el tema está en qué criterio usamos en nuestra "ambición". Las experiencias te hacen descubrir y crecer, y te aportan mucho más que salir de una tienda y tener algo que desempaquetar. El abanico de opciones es infinito y depende por completo de la persona y el momento: Un viaje, una comida, un fin de semana en la montaña. Un concierto, un taller de coctelería, una clase de meditación o un salto en paracaídas. Participar en lo que consumes es la mejor forma de irte conociendo a ti mismo y ver qué es lo que te gusta y lo que no.

Los objetos son como la eyaculación precoz

Te satisfacen rápido y mal. La ilusión que te produce comprarte algo nuevo suele ser fruto del márketing, y una vez se lo has enseñado al mundo y llevas usándolo unos días, se convierte en un objeto más. El ciclo de satisfacción es mucho más corto y superficial que cuando inviertes en una experiencia. Quizás deberíamos medir mejor el grado de felicidad que nos aportará ese bolso, reloj o el nuevo iPhone para el que ahorramos. Claro que hay objetos útiles, y otros que se convierten en recuerdos, pero si lo piensas, muchos de nuestros caprichos son herramientas prácticas convertidas en objetos de culto o de estatus. Si te pones a recordar los momentos en los que más plenitud has sentido, dudamos que sean acariciando la piel de tu nueva chaqueta o lamiendo tu nuevo iPad. Lo que seguramente recordarás es el parque al que fuiste o la película que viste: los objetos existen para ayudarnos a vivir mejor, no para obligarnos a tener el último modelo cada año.

Una experiencia te lleva a otra

De un plan con amigos pueden surgir ideas, otras quedadas, nuevas amistades, y sobre todo vas construyendo el tejido que será tu vida, llenas tu álbum mental de recuerdos, personas y momentos. Por eso una actividad es el mejor regalo que te puedes hacer a ti o a los demás. Incluso si sale mal, siempre te quedarán las risas con tus colegas recordando cómo os perdisteis buscando el hostal o cuánto os llovió en la excursión en bici. Y sabe Dios que la cara de tu amigo odiando el barranquismo no tiene precio.

Invierte en conectar contigo

Al compartir un momento con alguien creas vínculos, y no hace falta que te digamos lo importante que es sentirse conectado para ser feliz. También hay experiencias geniales que puedes hacer tú sol@, y otras que te llevan a conocer gente. La cuestión es invertir en cosas que te conecten con tu 'esencia' en lugar de enajenarte de ella. Aunque cada persona es un mundo, todos somos animales con ropa, y el cuerpo nos pide cosas comunes: movernos, explorar, relacionarnos con el entorno y con otras personas, comer y dormir. No te extrañe entonces que acumular propiedades sin más no haga feliz a nadie. Si no te sobra la pasta, con más razón es buena idea gastar dinero en vivir las cosas y no en poseerlas.