Escápate En Septiembre A Los Mágicos Pueblos Blancos De Andalucía

Crédito de la foto: ExpectGrain

Para los que no somos andaluces, pensar en el sur de España es imaginarnos en una terracita, al calor del sol, tomando una cerveza y una buena dosis de tapas. Todo tópicos, sí, pero ¡ay quién los pillara! Pues puestos a imaginar, esta vez te vamos a llevar a un mundo donde las leyendas de amores prohibidos y guerras entre sultanes todavía perviven. Es la ruta de los pueblos blancos de Andalucía, a caballo entre Cádiz y Málaga. Un enclave de espaldas al mar y de frente a la sierra lleno de misticismo e historia.

Muchos incluso aseguran que fue el primer gran itinerario turístico del país. ¿Su encanto? Las paredes teñidas de blanco inmaculado, sólo interrumpido por las machas de color de macetas multicolores. Quien soporta más de 40 grados a la sombra sabe por qué los habitantes encalan las paredes de sus casas. Por eso es el destino de septiembre perfecto para los valientes trabajadores que han sudado la gota gorda mientras sus amigos publicaban fotos de Menorca.

La ruta recorre una veintena de pueblos y sumerge sus raíces en el Al-Ándalus, que impregna el nombre de muchos municipios: Benamahoma (La casa de Mahoma), Alcalá (El Castillo) o Zahara (La fortaleza). El itinerario comienza en Arcos de la Frontera, entre espesa vegetación y ecos orientales. El laberinto de callejuelas te guía hasta el Castillo Ducal, con unas vistas que quitan el hipo. Otra parada imprescindible es Grazalema, el epicentro de la ruta y que te acercará más a la naturaleza. Tan indispensable como el stop es llevar un paraguas porque el municipio disputa el primer puesto entre los sitios donde más llueve de España.

Si el plan te motiva pero tanta culturilla te cansa un poco y lo que realmente te gustaría es adrenalina para el cuerpo, no olvides pasar por Algar, una meca de la pesca, el piragüismo, la vela y el senderismo. Los valientes pueden atreverse a hacer la ruta a pie: si has hecho el Camino de Santiago, los pueblos blancos te parecerán pan comido. Donde también hay varias excursiones por hacer es en Casares, el pueblo colgante. Entenderás su nombre cuando camines por las calles empinadas y veas sus casas desde abajo, porque parece que se te vayan a caer encima.

La última parada es en Ronda, dividida por “el río de la leche”, bautizado por los árabes como Guadelvín. La fuerza del agua que baja es la responsable de dejar al borde del acantilado a un conjunto de casas. Es el famoso Tajo de Ronda, que bien podría haber sido escenario de Juego de Tronos.

La ruta al completo puede hacerse en un día. Claro, como todo en la vida el ritmo lo marcas tú, pero lo ideal es dedicar unos tres días para recorrer con tranquilidad cada rincón y poder disfrutar de una buena comida o de un cafecito a media tarde. Y, reconozcámoslo, también para poder tirar fotos sin prisas y subirlas a Facebook o Instagram mientras los de Menorca están en la ofi.