Erasmus En Finlandia: Mi Experiencia Liándola Bajo Cero

Probablemente el año que pases de Erasmus sea uno de los que recuerdes con más cariño el resto de tu vida. Yo eso ya lo sabía antes de elegir el destino, por eso quería ir más allá, concretamente a 4.000 km. Cuando alguien piensa en esta experiencia lo primero que le viene a la mente es fiesta, ambiente internacional, independencia, viajar... A mí me viene medio metro de nieve y paisajes que aún sigo sin creerme que fueran de verdad, allí, frente a mis ojos, en Finlandia. 

¡Moi, Finlandia!

La mañana que aterricé en Finlandia hacía -28 grados. Recuerdo perfectamente ese 4 de enero del 2016. Lo primero que me llamó la atención no fue ni la nieve, ni los menos tropecientos grados, ni lo altos y rubios que son (porque son muy rubios). Es que hasta me pregunté si se lavan el pelo con Neutrex Futura.

Pero lo que retuvo mi atención fueron una casa llena de ventanas que no se pueden abrir, un grifo con un botón para el agua caliente, la no existencia de plato de ducha ni bañera, dos puertas contiguas en la entrada y una única llave que abría desde tu casa y tu habitación hasta la sala común, la lavandería y la sauna. Sí amigos, en Finlandia hay más saunas que personas.

La vida en el polo

Los primeros meses son una auténtica pasada, cosas como cruzar el bosque para ir a clase o andar por encima de un lago helado para llegar a la discoteca se convierten en habituales. Empiezas a habituarte al clima, consigues bajar tu media a cinco minutos para ponerte toda la ropa de abrigo antes de salir, y 10 grados bajo cero te parece que sea buen tiempo. Incluso todavía tienes ganas de jugar con la nieve y hacer ángeles y muñecos.

Pero a medida que pasa el tiempo echas de menos la calle. Pisar asfalto y no nieve. Quedar con tus amigos para ESTAR en la calle y no solo para ir de un sitio a otro. Por suerte durante un Erasmus estás con gente las 24 horas, todos los días de la semana son válidos para montarse una fiesta, y en cuanto tienes más de dos días libres te piras de viaje. Pero me imagino que para un finlandés estar metido en casa y salir solo para ir al trabajo o a clase y volver durante los 7 meses del año que puede durar el invierno (y 5 de ellos cubiertos hasta los topes de nieve) debe de ser un poco desesperante. Los meses más duros, enero y febrero, rondan entre los -25 y  -10 grados, y llega un momento en el que apenas hay 4 horas de luz al día. La vida más allá de las cuatro paredes de tu casa, de la universidad o de la sauna, no existe.

Record Guiness a la consumidora de varitas de pescado

Finlandia no es cara, es carísima. Y aunque probablemente sea de las personas que menos alcohol han bebido en todo su Erasmus, las bebidas alcohólicas de más de cinco grados solo se venden en una tienda especializada regulada por el estado y a precios desorbitados. Pero en comparación con España, los servicios para estudiantes son mucho más baratas. La residencia cuesta la mitad de lo puede costar aquí, puedes comer en la universidad por 2 euros y cruzar el país por 1,5€.

La comida es tema aparte, olvídate de alimentos frescos como frutas y verduras, lo único asequible en el supermercado es lo congelado, y lo que dan en la universidad no es comida para vivir sino para sobrevivir.  El regaliz negro es el sabor nacional y sino ya está el curry para hacerle frente. Se comen patatas de guarnición con absolutamente todo, en todas sus formas y versiones posibles. Las resacas más épicas la patrocina el Salmiakki, bebida finesa por excelencia y que, por supuesto, tiene sabor a regaliz negro.

“Lentokonesuihkuturbiinimoottoriapumekaanikkoaliupseerioppilas"

Es la palabra más larga del mundo y quiere decir no te esfuerces en aprender finlandés porque es imposible... o algo así.

Donde noté más diferencia fue en la universidad. Tenía contacto directo con todos, desde los profesores hasta el decano. Te sientes muy respaldado en todo momento. Las aulas tienen disposiciones diferentes según el tipo de dinámica y mis clases específicas no superaban las 10-15 personas. Te dan las llaves de la biblioteca los fines de semana. Y sobra decir que no me encontré a nadie en todo el país que no supiera contestarme en inglés.

Finlandia está a años luz de otros muchos países en cuanto a seguridad, educación y ayudas a la maternidad. Tienen unas instituciones públicas ejemplares, un diseño arquitectónico flipante y si aún no sabes lo que son los Mummis, allí te encontrarás estos simpáticos dibujos animados por todas partes.

Pero también me di cuenta de que no es oro todo lo que reluce... Hay gente muy distante y con problemas para relacionarse, tasas altísimas de suicidio, una gran adicción al alcohol y al juego, y las depresiones están a la orden del día.

De arriba a abajo y de izquierda a derecha

Es cierto que cuando eliges un destino así para ir de Erasmus, renuncias a viajar mucho por viajar a lugares muy concretos. O eso pensé yo. Dentro del país puedes moverte en tren a las ciudades más grandes, pero no suelen ser directos y son bastante caros. Por lo que la única opción viable es el por todos adorado Onnibus. Este autobús cruza el país por un pavo, y en él acabas durmiendo más noches que en tu propia casa.

Desde Helsinki, Vaasa queda a 6 horas en autobús, y a medio camino se encuentra la segunda ciudad más grande, Tampere. Es impresionante por sus lagos. Desde Turku, situada al noroeste de Helsinki, salen vuelos low cost en los que te costará más el taxi para llegar al aeropuerto que el billete de avión.

Si quieres darle un respiro a la Visa y comprar provisiones de alcohol para el resto del curso, tu destino es Tallín. A dos horas en ferry desde Helsinki se encuentra el paraíso. Además puedes acercarte fácilmente a Suecia, y dos veces al año se organiza un crucero pirata desde Helsinki a Estocolmo con todos los estudiantes internacionales del país. Tres días de fiesta por el báltico con resacas culturales. ¿Qué más se puede pedir?

Pellízcate, es real, estás es Laponia

Pero si vas a Finlandia el destino por excelencia es la región de Laponia. Nunca verás nada igual. Si metro y medio de nieve te parecía poco, toma tres metros más. Paisajes impresionantes, el mejor lugar para practicar deportes de nieve y para bañarse en el hielo. ¡Tres veces e intercalando con la sauna, como los auténticos fineses! Montar en un trineo tirado por huskies, cuidar a los renos y si tienes suerte, ver las mejores auroras boreales.

No dejes de pasar por Rovaniemi, porque no todo el mundo puede afirmar que ha estado en casa de Santa Claus... ¡sí, el de verdad!

El intercambio universitario es una oportunidad de aprender idiomas, vivir en un ambiente internacional, conocer nuevas experiencias, sentirte libre, viajar todo lo que puedas e ir de fiesta todo lo que aguantes. ¿Mi consejo? Ve más allá. No importa el destino que elijas, te lo vas a pasar bien. Pero intenta que sea un lugar que te aporte algo más allá de todo lo que engloba la palabra "Erasmus". Algo que te cambie por dentro y que disfrutes sabiendo que es una oportunidad única. Porque precisamente de eso se trata, de hacerlo jodidamente irrepetible.