Por qué Edimburgo es la mejor ciudad del mundo para alimentar tu creatividad

Ni Berlín, ni París, ni Nueva York. Si tienes inquietudes artísticas, estás pensando en escribir un libro o pasas por uno de esos momentos de tu vida en que necesitas contar algo pero no sabes muy bien qué, la capital escocesa es la ciudad a la que debes escapar. Porque Edimburgo, con su apasionante historia ligada a la brujería, sus cementerios donde la gente pasa la tarde merendando o leyendo —sí, sí… allí son como los parques y más bonitos incluso—, su verde omnipresente y sus increíbles festivales durante todo el año inspiran hasta el soñador más bloqueado.

Considerada ‘Ciudad de la Literatura’ por la UNESCO en 2004, esta apasionante ciudad amurallada en cuyos cafés se cobijó cuando era pobre y madre soltera JK Rowling para soñar la saga multimillonaria de Harry Potter, el niño mago, es también la cuna de numerosos escritores. Como el autor el padre del Doctor Jekyll y Mr. Hyde, Robert Louis Stevenson, o el Arthur Conan Doyle, cuyo famoso personaje, Sherlock Holmes, era escocés, antes de que se viera obligado a situar sus aventuras en el neblinoso Londres por razones comerciales.

Pero aquí te damos otras razones, más allá de las literarias, por las que Edimburgo embrujará tu imaginación y tal vez el lugar en el que te alojes (porque uno de sus encantos es su altísima actividad paranormal… ¡Buh!):

1. Piérdete por macabros callejones para saludar a la pequeña Annie

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Los famosos close o callejones que se abren a ambos lados de la Royal Mile, la arteria central de la ciudad, son una de las peculiaridades de la ciudad. A veces su nombre, como en el caso del close de los abogados, está asociado a profesiones, pero han sido escenario de terribles crímenes e historias de aparecidos. El más conocido y misterioso es Mary King’s Close, donde en 1645 fue uno de los focos de la epidemia de peste que asoló la ciudad. Se cree que, para que no se propagara la enfermedad, los accesos al callejón fueron sellados y se abandonó a los moribundos a su suerte.

Los escoceses siguen creyendo que Mary King's Close está habitado por fantasmas, y uno de los más conocidos (y queridos, sí) es una niña huérfana llamada Annie, que busca una muñeca que se le perdió y existe la tradición de llevarle juguetes. Si además los visitas por la noche y con un guía autorizado, te irán informando del nivel de actividad paranormal de algunos callejones y otros lugares encantados como el cementerio de Greyfriars.

2. Paseos psicogeográficos para conectar con la ciudad a pie o en escoba

Probablemente esta palabra te suene a chino, pero la psicogeografía plantea que el paisaje y la historia de un lugar afecta a nuestras emociones y que la mejor manera de entender y conectar con un sitio (y contigo mismo) es caminar a la deriva, como hacían los situacionistas. Y Edimburgo es fantástico para eso. Piensa que fue una ciudad azotada por incendios, plagas, profanadores de cadáveres, enfermedades (la Peste Negra, ¿recuerdas?), a la que hay que sumar el ‘mazo’ de la Inquisición, que asesinó en todo el país a no menos de 4.000 personas acusadas de brujería entre los siglos XV y XVIII.

Y, de hecho, era una acusación bastante socorrida para librarse de cualquiera: vecinos pesados, novias infieles, mujeres libres... Y de hecho, más de uno de nosotros hubiese ido a la hoguera, porque para ser considerado brujo bastaba con ser pelirrojo, tener marcas de nacimiento (pecas, por ejemplo) y que, después de torturarte, te lanzasen al más nauseabundo de los lagos de la ciudad y si flotabas, lo cual era normal con tanta suciedad, eras una bruja.

3. Un festival perpetuo pero, sobre todo, en verano

La ciudad escocesa lleva cerca de siete décadas entregada en cuerpo y alma a la labor de convertirse en la capital de los festivales en Europa. Cada verano Edimburgo se debate en una dualidad. Por un lado está el popular Festival de Edimburgo que ofrece cada año conciertos, recitales, ópera, orquestas y espectáculos callejeros de nivel internacional y, por otro, está el Fringe, que muchos consideran el festival de artes escénicas más importante del mundo con 294 escenarios por toda la ciudad, y que se define como alternativo, abierto y participativo.

Pero es que además de estos dos gigante, podrás unirte al Festival Cinematográfico Internacional de Edimburgo, el Festival de Jazz y Blues de Edimburgo, el Festival Internacional del Libro de Edimburgo, el Festival de la gente de Edimburgo y el Festival Militar del Tattoo, que se celebra en la explanada del Castillo de Edimburgo durante el mes de agosto. Cada festival tiene un programa distinto y una página web por separado que vende boletos o facilita pases o invitaciones sólo para sus propios acontecimientos.

4. Mil y una curiosidades 

Hay cosas que son difíciles de explicar con palabras y una de ellas es la sensación de melancolía sana que se siente al dejarse envolver por la haar, la típica niebla que se forma en el mar del Norte y que se arrastra hasta el centro de la ciudad casi cada mañana como queriendo darte los buenos días. Como probablemente una de las formas más habituales de pasar una temporada en Edimburgo es de Erasmus, no te vendrá mal saber que la ciudad podría ofrecerte una pequeña ayudita con los exámenes. Situada en la Royal Mile, la estatura del filósofo escocés David Hume proporciona buena suerte a quienes froten su reluciente dedo gordo del pie derecho.

Esto explicaría, entre otras cosas, por qué el mítico agente 007, James Bond, eligió el prestigioso Fettes College, una escuela privada espectacular, para su formación de espía culto y refinado. La otra gran razón es que su intérprete más conocido, Sean Connery, nació y creció en el cercano barrio de Fountainbridge. Como decíamos, otro personaje ficticio que vivió y murió en la capital escocesa fue el mítico detective, Sherlock Holmes. De hecho, una singular estatua en Picardy Place recordaría que el personaje que inspiró al escrito Arthur Conan Doyle era edimburgués, se llamaba Joseph Bell y fue su profesir en la facultad de Medicina de la Universidad de Edimburgo. El problema es que un sofisticado Holmes londinense vendía más que un médico escocés.

Por último, un dato, que quizás sea el más curioso de todos, es que el cementerio de New Calton todavía puedes ver una torre de vigilancia destinada a prevenir el robo de cadáveres de los llamados ‘body snatchers’. Esta macabra práctica, muy común en los S.XVIII y S.XIX, surtió de cuerpos las clases de anatomía de las escuelas de medicina. Un motivo más para la tétrica reputación de Edimburgo.