Lo han dejado todo para viajar por el mundo y vivir cuidando casas y mascotas

Antonella tiene 30 años y Matías, su marido, 34. Tenían una vida cómoda, tranquila: ambos trabajaban en su ciudad, La Plata (Argentina), y ganaban un buen sueldo. Su mayor pasión siempre ha sido viajar. En cuanto cuadraban fechas, hacían las maletas y salían a descubrir nuevos lugares, nuevos platos, nuevas culturas. Pero ambos se cansaron de tener que esperar a las vacaciones y decidieron convertir su afición en algo más.

Regalaron su ropa, vendieron sus muebles, dejaron de lado sus trabajos y salieron al mundo. "¿A qué? ¡A vivir! A conocer gente que no conocemos, a hablar idiomas que no hablamos, a bailar música que jamás escuchamos, a dejar que la vida nos sorprenda, a leer el libro entero y no sólo la primera página", cuenta Antonella. Hoy, la pareja se dedica al house sitting, es decir, a cuidar casas y mascotas a cambio de alojamiento gratuito. 

"El house sitter siempre nos atrapó, aunque obviamente se tienen muchas responsabilidades, por eso no se parece a ningún otro sistema de viaje", añade la argentina. El mecanismo es sencillo: el propietario de la casa les cede sus llaves a condición de que cuiden de su hogar como si fuera suyo y atiendan a sus mascotas, alimentándolas, paseándolas y dándoles el cariño que él no puede darles durante su viaje.

La aventura de Antonella y Matías empezó en Madrid, su primer destino europeo. Después volaron a Inglaterra y, tras haberla recorrido de arriba a abajo, ahora preparan el viaje a su próximo destino, Dinamarca. "Después iremos a Oslo, Estocolmo, Helsinki, San Petersburgo y terminaremos en Moscú. Allí tomaremos el tren transiberiano y llegaremos a la Muralla China para Año Nuevo", repasa. Y viven sin agobios: de lo único que tienen que preocuparse es de encontrar alojamiento y generar algo de dinero para pagar sus billetes. 

"La idea es recorrer todo Asia y seguir por Oceanía, África… pero el viaje muta día a día, al ritmo al que mutamos nosotros", continúa Antonella, que comparte todas sus experiencias en Instagram. Y termina con un deseo: "Ojalá te animes a enlazar tus propias rutas. Ojalá, algún día, dejes de vivir soñando y vivas viviendo".