Por qué no deberías tener miedo a viajar después de un atentado

La estampa parece perfecta desde esa cuenta de viajes que sigues en Instagram. El turquesa inverosímil de las aguas dominicanas, la frondosidad misteriosa de la selva vietnamita o la luminosidad nocturna de los Campos Elíseos en Navidad. Rápidamente, el corazón se hincha de ilusión y espíritu trotamundos. Te vienes arriba durante unos minutos, exploras con la ansia la web de Skyscanner y, cuando el chute de dopamina inicia su desaparición, comienzan a aflorar los contras y a gestarse las excusas. El tiempo, el dinero y, por encima de todo, el miedo, archienemigo predilecto de la aventura. Miedo a la delincuencia, a las enfermedades o, cada vez más, al yihadismo.

#Barcellona risponde al #terrorismo con una marcia alla quale hanno partecipato 500mila persone. "Non abbiamo paura", "No all'islamofobia", "Uniti contro il terrorismo", "La miglior risposta alla paura", "Solo pace": questi sono i messaggi contenuti nei numerosi striscioni che hanno sfilato nella città. Applausi hanno accolto gli uomini dei Mos, la polizia catalana, e il personale degli ospedali che ha prestato soccorso ai feriti. (Credits: LLUIS GENE/AFP/Getty Images) #Sky #SkyTG24 #news #world #spain #terrorism #noterrorism #peace #barcelona #barcelonamarch #notenimpor #prayforbarcelona #ramblas #rambla #catalunya #catalonia

Una publicación compartida de Sky TG24 HD (@skytg24hd) el

Un miedo, este último, absolutamente comprensible. El atentado perpetrado en la sede de Charlie Hebdo en enero de 2015, durante el cual fueron asesinados 12 trabajadores del semanario satírico, supuso el punto de inflexión sobre la hasta entonces relativa seguridad de viajar por Europa. París de nuevo, Bruselas, Niza, Berlín, Estambul, Londres, Estocolmo y, hace apenas un par de semanas, Barcelona, han visto desde entonces cómo la barbarie terrorista ponía fin a la paz en las ciudades del Viejo Mundo. Por desgracia, muchas de las idílicas postales en las cuentas de viajes que sigues en Instagram están ahora irremediablemente ligadas a todas esas espantosas imágenes que nos vimos obligados a ver en los telediarios de todo el mundo.

Y ese pánico, claro está, desnutre buena parte de nuestros sueños viajeros. No en vano, y según una encuesta de IPK International para la feria turística ITB Berlín de 2016, hasta el 40% de los turistas admite que la amenaza yihadista condiciona la elección de su destino vacacional, alcanzando el 15% quienes directamente prefieren no realizar viaje alguno. París, según su Observatorio de la Oficina de Turismo y Congresos, perdió en 2016 hasta 1,3 millones de visitantes, cifra que asciende a 2 millones cuando nos referimos a todo el país. Londres, por su parte y según estimaciones de Euromonitor, podría perder hasta 285.000 turistas a lo largo de 2017.

La carte du terrorisme #islamiste en Europe. #terrorisme #terrorism #Trump #Barcelone #JesuisParis #JesuisCharlie

Una publicación compartida de Vivien Hoch (@vivienhoch) el

Este fenómeno no es exclusivo del terrorismo. Tras los acontecimientos de la Primavera Árabe que tuvieron lugar entre 2010 y 2013, países como Egipto o Túnez han visto como buena parte de sus visitantes daban la espalda al Mediterráneo Oriental. España, tan cerquita y, hasta el pasado 17 de agosto, tan plácida, ha ido absorbiendo ese turismo temeroso, lo que ha contribuido a que supere año tras años sus propias cifras de visitantes extranjeros, alcanzando el pasado año los 75 millones y esculpiendo el tan polémico término de turismofobia. La cada vez más convulsa situación en algunas regiones parece el gran obstáculo que nos separa de algunos de los rincones más hermosos y deseados del planeta. Pero no es el único.

Latinoamérica es una de las regiones más anheladas del mapamundi. Su diversidad natural y su riqueza cultural seducen a todo el mundo, pero son muchísimos quienes nunca llegan a poner un pie en sus tierras debido al miedo que genera la alta tasa de criminalidad de los países que la conforman. No en vano, Honduras, Venezuela, El Salvador o Guatemala son algunos de los países con mayor índice de homocidio por habitantes del planeta con 144.000 asesinatos en el continente según el último informe de la ONU. Las cifras de robos, secuestros y violaciones son también muy elevadas en algunos países de la zona si las comparamos con las cifras de regiones más apacibles como Europa Occidental. La etiqueta de peligrosidad es, a día de hoy y en base a los datos, difícil de eliminar del imaginario colectivo.

Otras regiones, como el Sudeste Asiático o África, acusan la problemática de la salubridad de sus alimentos, la permanencia de enfermedades graves o la amenaza de catástrofes naturales. Riesgos que, al igual que el terrorismo o la delincuencia, convierten la maravilla del mundo en un lugar también inquietante, un entorno complejo donde la seguridad no está nunca 100% garantizada. No obstante, y aunque el miedo tenga fundamento, la realidad es que las estadísticas favorecen a los aventureros: en España las posibilidades de morir en un atentado son de una entre 2,8 millones. Mientras tanto, quedarse en casa atenazado de miedo sí que te garantiza una muerte lenta por aburrimiento y sopor total. 

Viajar es un acto de valentía necesario. Una manera contundente de decirle a los terroristas, a los criminales y a los virus (incluido el del zika y del que ya nadie se acuerda) que las ganas de vivir están por encima de los titulares de periódicos. Que la libertad y el optimismo prevalecen. Que el miedo, presente y hasta cierto punto razonable, no conseguirá empequeñecer el mundo. Porque, para nuestra generación, explorar el planeta es casi una obligación. Así que la próxima vez que te sientas deslumbrado por alguna estampa idílica, aprovecha la inyección de dopamina que te regala el cuerpo, reserva los vuelos y no escuches esa voz desconfiada y plagada de excusas que quiere arruinar tus ambiciones.