Date cuenta de que tú lo que necesitas es una escapada a Dublín

Eres de las personas que siempre propone quedar en el pub irlandés y la música celta en las películas hace que sobrevueles mentalmente kilómetros de prado verde y acantilados. Todo eso ha sido un entrenamiento para el instante en el que te das cuenta de que nunca has estado en Dublín, y decides hacer las maletas para sacudirte los problemas al ritmo de esta ciudad tan histórica como imparable. Mete a tus colegas en la maleta (o a tu pareja, ¡o a nadie!) y ponte capucha, que hay altas probabilidades de precipitación de euforia. A continuación leerás algunas de las razones por las que no te arrepentirás de reservar ese vuelo.

Música para dar y regalar

A cualquier hora y en cualquier esquina del centro encontrarás música en directo, y no podrás evitar asomarte por la puerta rústica del pub a ver qué se cuece. Es probable que empieces la fiesta improvisadamente al ritmo de la guitarra o de un violín que te calará hasta los huesos. Dublín en sí es música, no en vano es la cuna de U2 o The Cranberries, así que ve poniéndote en contexto con ellos o con The Pogues y The Dubliners, porque oirás sus canciones más de una vez.

Desde folk, celta, indie o rock hasta hits de pop, hay algo sonando en este momento para ti en algún bar (sobre todo si lo que necesitas es descansar un poco de tanto reggaeton). Bastará con un paseo por Temple Bar, la calle que da nombre al pub mítico, para darte cuenta de todo esto, y cuando hayas vuelto del viaje con suficiente Guinness en tus venas, podrás sucumbir a la nostalgia escuchando Nothing compares to you de otra gran dublinesa, Sinnead o'Connor.

Historia para un rato

Tierra de celtas, paganismo, vikingos, catolicismo, revoluciones y una estoica resistencia a la influencia británica, Irlanda tiene una larga y rica historia imposible de abarcar en un artículo o siquiera en un viaje. Puedes meter la nariz en ella en el Museo Nacional de Arqueología o el Little Museum of Dublin, o investigar otras culturas en la Chester Beatty Library, que como muchas otras galerías en Dublín, es gratis. Otro atractivo de la ciudad es descubrir por qué la UNESCO la declaró la ciudad de la Literatura, visitando el Museo de los Escritores, haciendo un tour literario o simplemente imaginando el día a día de figuras como Oscar Wilde, James Joyce o Samuel Beckett entre sorbos de whiskey y párrafos de genialidad.

Lo que no puedes dejar de hacer es un tour gratuito a pie. No hay que reservar, te presentas al momento y un joven del lugar te lleva a visitar perlas arquitectónicas como el castillo de Dublín, la catedral de Chirstchurch o el Trinity College, sí el de los exámenes de inglés. Combinan genial la información histórica con las anécdotas graciosas (si no te lo cuentan, pregunta por "the erection in the intersection", que intuyo que no necesita traducción). Si tu guía honra al ácido humor irlandés, las risas están aseguradas. Descubrirás curiosidades como que muchos dublinenses odian salir en Saint Patrick's Day y que los irlandeses tienen grandes ideas, pero suelen cagarla al ejecutarlas. No te hago más spoilers.

Estatua del escritor Oscar Wilde en Merrion Square

Cómete la ciudad

Dublín es perfecto para recorrer a pie o en bici (¡con cuidado!), sobre todo si lo que te interesa es callejear y curiosear. Abundan las tiendas de música o de ropa de segunda mano, y restaurantes de todo tipo. ¿Sabías que es típico comer ostras con cerveza? Quien te diga que comer en irlanda es aburrido, no ha estado en Dublín. Recomendaciones: The Brazen Head si quieres un buen manjar local el mercado de los sábados en Meeting House Square si quieres picotear productos locales e internacionales, y WOWBurger en Wellington Quay si te apetece comer barato con vistas al río. Parece mentira que una ciudad tan relativamente pequeña pueda condensar tanto, pero lo principal lo verás en pocos días, así que si tienes la oportunidad también vale la pena pasar media hora en el tren con destino a Howth, un pueblo pescador con acantilados preciosos en el que puedes comer el Fish&Chips de tu vida.

Alegría y birra fría

Cuando empezamos la visita de la fábrica Guiness Storehouse, pensé que solo sería un escaparate de márketing, pero me equivocaba. Además de entender por qué esta cerveza negra ha conquistado el mundo, solo te digo que allí te entrarán ganas de apuntarte a claqué. Pero, para sentir el ambientazo del centro de Dublín y degustar birra en su hábitat natural, los pubs, lo mejor es merodear a tus anchas. Ojo porque cierran los bares alrededor de las dos, así que hazte un favor adaptándote al horario irlandés y empieza la fiesta bien pronto. Algunos hostales ofrecen pub crawls, pero te puedes ahorrar los 12 euros porque el ritmo de cambio de bar acaba siendo un poco frenético y los descuentos no son gran cosa.

Además del conocido e imprescindible Temple Bar, te recomendamos Porterhouse para probar sus birras artesanas (si consigues catarlas todas, exigimos foto de después), BadBobs para unos bailoteos y el Cafe-En-Seine para un cóctel un poco más sofisticado. La cultura de pasar la noche de bar en bar está muy arraigada, pero para los valientes que también quieran discoteca, puedes acabar saltando al ritmo del techno en Pygmalión o darlo todo en Copper Face Jacks, el templo sudoroso de la juventud dublinense. Solo te decimos que en este último a veces hacen "noche gratis para pelirroj@s". Hagas lo que hagas, al final del viaje es probable que recuerdes esta frase:

Cuando muera, Dublín estará escrito en mi corazón" - James Joyce