Tú en mi casa y yo en la tuya o cómo viajar gastando la mitad

Las ofertas inundan la pantalla. ¡Quédate en mi casa rural de la Toscana! París es preciosa en primavera. ¿No te gustaría vivir un mes frente a Central Park? Cada anuncio aviva su propia fantasía. Y lo mejor de todo es que puedes hacerlas realidad con el único coste de prestar tu propia casa.

Cada vez más españoles dejan de lado recelos y dudas para intercambiar su casa con desconocidos, como en la película The Holiday (Vacaciones). La tendencia apunta alto, pero ha costado. “Al principio sonaba rarísimo y arriesgado”, nos cuenta María Ángeles Sas, representante de la plataforma Intervac desde los 80. Lo que comenzó por correo postal entre dos amigos profesores, allá por 1953, hoy lo hacen cada año con más de medio millón de personas. Algo bueno tendrá.

Lo más evidente, conocer mundo sin vaciar tu billetera. A la hora de viajar, el alojamiento es lo que más cuesta, un 58% del presupuesto. Ahí está el ahorro. La casa sale gratis; tú pones el resto: los billetes de avión, la comida y la suscripción a cualquiera de las plataformas online que canaliza las reservas (entre 50 y 130 euros anuales, menos que una noche en un buen hotel).

Y no, el perfil no suele ser el del típico veinteañero que, mochila al hombro, busca la aventura que cambiará su vida. Más bien, se trata de matrimonios con hijos, jubilados, y muchas, muchas, parejas en sus 30. “Encaja perfectamente en su modo de vida y mentalidad. Es el paso siguiente al couchsurfing”, dice Violeta Díaz, representante de IntercambioCasas. “Son la generación que ha viajado desde pequeños, acostumbrada a aprovechar al máximo sus vacaciones y a encontrar los vuelos más baratos”, añade.

No importa si tienes un pequeño apartamento, sin grandes lujos ni comodidades, o incluso si tienes un piso alquilado (aunque avisaría antes al casero, por si acaso): hay demanda. A franceses, estadounidenses, holandeses y canadienses les entusiasma España, el segundo país europeo con mayor número de viviendas disponibles: ya sea una corrala en Lavapiés, un estudio en Bilbao o un chalet en los Pirineos. “En general se busca lo diferente, si vives en la playa, buscas montaña o ciudad, y viceversa”, señala Díaz. Por su parte, Francia, EEUU, Reino Unido e Italia triunfan entre los españoles.

La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) advierte de que, aunque haya valoraciones escritas por otros viajeros, “nunca sabrás de antemano si la experiencia va a ser satisfactoria”. Y tiene razón. ¿Y si rompen el jarrón de tu abuela? Dejar tu hogar en manos desconocidas no es fácil. Por eso, desde Intervac nos tranquilizan: “Si en un hotel manchas la moqueta te dará igual, pero intercambiando casas la mentalidad es distinta: eres anfitrión y huésped al mismo tiempo, por eso harás todo lo posible para que la mancha se vaya”.

Impera la ley de la confianza mutua, como si se invitara a un amigo a casa. Como nos comenta con orgullo María Ángeles, de Intervac, esta confianza entre usuarios se resume en la historia de una pequeña nota que allá por los 90 le dejaron unos huéspedes ingleses, junto a una copa rota y una moneda de 500 pesetas: “Lo siento, no encontrar en Corte Inglés”. Y es que, sostienen, este trueque de casas implica más cuidado con la vivienda y los vecinos.

No son Airbnb, ni quieren parecerse: "Nuestro cliente busca una relación distinta con el viaje, profundizar en la cultura local y vivir en un barrio de verdad”. Hartos de hoteles impersonales, apartamentos turísticos o lugares masificados, cada vez son más las personas que buscan sentirse y hacer sentir en casa durante sus viajes de vacaciones.