9 paisajes espectaculares que te llevarán de ruta por el mundo sin salir de España

Coger un avión y recorrer miles de kilómetros no está al alcance de todos y, normalmente, hay que conformarse con ver según qué sitios en las películas o en la televisión. Pero, cuidado, no hace falta gastarse mil y pico eurazos y cruzarse medio mundo para disfrutar de lugares increíbles. Sin salir de España, podemos visitar estampas que poco tienen que envidiar al desierto del Gobi, a los Alpes suizos o a las paradisíacas playas de Malta, por ejemplo. Mejor empezar por lo de casa, ¿no?

La Selva de Irati, en Navarra
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Una de las mayores masas forestales de Europa, poblada de hayas y abetos, está entre los valles de Aezkoa y Salazar. A tiro de piedra, vamos. Más de 17.000 hectáreas pobladas por ciervos y especies en peligro de extinción como los pájaros carpinteros. Además, desde hace unos años está prohibido visitarla en coche, así que la comunión con la naturaleza es total. Un paraíso que poco tiene que envidiar a la famosa Selva Negra de Alemania pero del que se habla mucho menos.


El Llano de Ucanca, en Tenerife

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Estamos cansados de ver en las películas ese árido paisaje del oeste americano, cruzado por diligencias y en los que los bandoleros pueden aparecer en cualquier momento. O el Llano de Ucanca, coronado por el Teide, en la isla de Tenerife. Un espacio mágico al que muchos acuden, incluso, para meditar, porque hablan de él como un “espacio de poder”.


Las playas de Menorca

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Tranquilas, silenciosas, con agua color turquesa y con acantilados increíbles. Sí, las playas de Malta son conocidas en toda Europa pero, ¿qué hay de las de Menorca? Cala Galdana, cala Mitjana… rinconcitos en los que los barcos también parecen estar suspendidos en el aire gracias a las aguas cristalinas. Y lo mismo: sin salir de España.


Los Alpes o los Picos de Europa
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¿Qué tienen en común? Escarpadas montañas, cumbres blancas y explosiones de tonos verdes en forma de valles que parecen, más bien, pinturas al óleo. La única diferencia es que unos están en Suiza y los otros aquí al lado, en la parte central de la Cordillera Cantábrica. Lo mejor de todo es que están salpicados de pequeños pueblos en los que comer y descansar, un placer que no se puede describir con palabras.


Las Médulas, en León

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El Gran Cañón del Colorado es parada obligada en la mítica Ruta 66, una increíble garganta natural que encoge el estómago. Pero, claro, está a miles de kilómetros de aquí. En cambio, las Médulas, considerada la mayor mina de oro a cielo abierto de todo el Imperio Romano, está en la comarca de El Bierzo (León). Una foto más que singular: a los tonos rojizos se les suman los tonos verdosos de castaños y robles. No está mal, ¿no?


La Fiebre del Oro, en Huelva

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¿Un río de color rojo? Efectivamente, el Río Tinto ha sido, tradicionalmente, un espacio minero en el que el hierro disuelto ha teñido de un tono rojizo muy vivo sus aguas. Y, de nuevo, todo nuestro.


 Can Marçà, en Ibiza

En el norte de la isla, aunque pueda parecer que esté en un planeta de otra galaxia. Es una impresionante cueva de unos 100.000 años de antigüedad que ha soportado hasta glaciaciones. La fluoresceína natural produce un efecto digno de la ciencia ficción en esta gruta descubierta por unos contrabandistas que la usaron para esconder sus botines. Todo leyenda.