5 planes secretos para hacer en Tarifa explicados por un tarifeño

Tarifa. Antaño cuna del jipismo y el naturismo, hoy ha quedado reducida a un microhábitat de frenesí nocturno para una inmensa mayoría de mileniales que acuden al extremos sur de Europa desde buena parte del mundo. Vienen, cada año más y más, a empaparse de tequila, bailotear el hit veraniego y establecer abundantes conexiones neurosexuales en alguna discoteca poligonera. Vienen a la party hard, y obvian casi todo cuanto Tarifa tiene de especial. Por eso, y como oriundo de estas latitudes que aún se resiste a esa caricatura verbenera y superficial que la última década ha clavado en el imaginario colectivo, os traigo cinco secretos tarifeños que difícilmente encontraréis en guías turísticas o flyers publicitarios.

Las Jammis del Estrecho

La playa de Bolonia debe su fama a las dunas que la acunan y, a menudo, está presente en las listas de mejores playas nacionales, europeas e incluso mundiales. No obstante, pocos turistas saben que en el cruce que da acceso a la misma se esconde un tesoro de incalculable valor: una parcela privada, diseñada con contenedores de camiones y mucha madera, donde cada martes tiene lugar la jam session del pueblo.

Desde las 11 de la noche hasta las 6 de la mañana, este rincón de película abre su puerta a la música libre en directo, a la multiculturalidad y, por encima de todo, al espíritu bohemio. Aunque aquí también puedes beber, bailar y seducir, la energía del ambiente no tiene nada que ver con la energía poligonera. Aquí viene uno a enamorarse de Tarifa.

La vie en bleu... et vert

Desplazarse del hostal hasta el supermercado para comprar alcohol de alta graduación no puede considerarse una caminata tarifeña. Además del clásico paseo por el casco antiguo (con especial mención al Barrio del Moral y sus preciosos patios blancos rebosantes de macetas), Tarifa cuenta con una vasta extensión de parajes naturales donde perderse. Donde termina la playa de la Caleta, que duerme junto al puerto, empieza uno de mis favoritos: un sendero que recorre la costa mediterránea y el Parque Natural del Estrecho para unir Tarifa con cala Arenillas. Por el camino, cuarteles y búnkers abandonados, plataformas de abrasión, acantilados y mucho verde. Una experiencia para conectar con todo aquello que verdaderamente puso a Tarifa en el mapa.

Comida en directo

Venir hasta aquí para almorzar pizzas congeladas debería ser objeto de multa. No solo por la calidad de los restaurantes locales, que abarca desde pescaderías y asadores hasta veganos, sino por la magia que desprende el callejeo tarifeño. Aunque las recomendaciones de Tripadvisor pueden llevaros a rincones de todo tipo, basándose únicamente en la calidad de la comida y del servicio, lo idóneo es pasarse por rincones estratégicos como la Calzada, la plaza de San Martín o la plaza de El Perulelo, escenarios improvisados para los músicos locales. El indierock de Alex Tysen. El swing de Mar Negra. El gipsy jazz de Samuel. El folclore argentino de Camorra. Una atmósfera vibrante que merece disfrutarse sin los estragos de la resaca.

Del colesterol al infinito

Las vacaciones, ya os lo contamos, pueden ser muy peligrosas para la salud de nuestro corazón si lo martilleamos con sedentarismo e ingentes cantidades de etanol. Tarifa es, sin duda, un edén para todo tipo de deportes: surf, kitesurf, buceo. Pero no todo el mundo está dispuesto a caerse un trillón de veces de una tabla ni a gastarse el presupuesto de los mojitos en cursos de aprendizaje. Para todos ellos, y buena parte de los tarifeños, la ruta del colesterol es ideal. Un camino de madera que comienza donde acaba el paseo marítimo de Los Lances y que recorre 4,5 kilómetros de belleza natural. Trotando bajo el atardecer, frente al océano y acompañado de perros, vacas y toros, uno experimenta un importante subidón de frescura, libertad y armonía.

Desayunos añejos

Con el cierre de las discotecas y la llegada del amanecer, las calles de Tarifa se llenan de mileniales en busca de un bocado que sacie el hambre voraz que la borrachera trae consigo. Mientras la gran mayoría sucumbe al buen posicionamiento de los dos restaurantes de kebabs que esperan en la calle principal, solo unos cuantos despistados y algún que otro bien informado acaban en el Nacor, más conocido en el pueblo como Acapulco. Esta cafetería, una de las más antiguas del pueblo, ofrece riquísimos bocadillos desde las cinco de la mañana. Además de trabajadores de pubs y discotecas, la clientela habitual la componen pescadores y obreros locales. Una buena oportunidad para no marcharse de Tarifa sin haberse mezclado con su gente.