5 escapadas en tren para relajarse lejos del ‘turisteo’ de Barcelona

Entre las calles petadas de guiris y las playas hiperpobladas, toca irse de Barcelona si quieres disfrutar del verano

En agosto Barcelona es intransitable: el centro está invadido por guiris y las playas tienen tantos nórdicos que parece un desembarco vikingo. Muchos queremos darnos un respiro de la masificación e irnos lo más lejos posible, pero o no tenemos días de vacaciones o no tenemos coche con el que hacer una escapadita de fin de semana. Por suerte, solo basta con subirse a un tren para descubrir algunos pequeños paraísos catalanes a prueba de turistas.

La Riba y el río Brugent

Si quieres echarte un chapuzón pero no tienes ganas de pelearte por un trozo de tierra donde poner tu toalla, deja las playas y pásate a los ríos. La Riba, una pequeña localidad tarraconense accesible con las líneas R13 y R14 de Renfe, tiene varias rutas que resiguen los ríos de las montañas de Prades. Una de ellas es la que va desde el Cap de Riba y la Font de Pasqual a l’Esqueix, un estrecho con puentes colgantes y pasarelas. La ruta es un paseo de unas cinco horas de dificultad moderada a través de un paisaje verde lleno de pozas y charcas que nada tienen que envidiar a las playas barcelonesas.

 

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L’Estany de Banyoles

La gran mayoría de referencias que tienen los niños de Barcelona sobre el lago de Banyoles (Girona) son las leyendas sobre sus monstruos y dragones. Quizá estas historias han servido para ahuyentar las hordas de turistas que invaden la Costa Brava cada año. Sea como sea, mejor para nosotros. En toda la zona se pueden practicar diversas actividades al aire libre como ciclismo (hay alquiler de bicis), senderismo, montar en barca o bañarse en alguna de las playas habilitadas. Para llegar, coge el tren hasta Girona y frente a la estación encontrarás buses directos a Banyoles.

Montserrat

Las emblemáticas montañas que perfilan el skyline catalán tienen mucho más a parte de la virgen negra o el espectacular monasterio y su Escolanía. Son también uno de los puntos más concurridos por los senderistas y el área natural más amplia en las cercanías de Barcelona. Los Ferrocarriles de la Generalitat llegan hasta los pies de la montaña, pero para subir hasta la cumbre se puede tomar el cremallera o el teleférico. Una excursión a una hora de Barcelona que te ayudará a respirar el aire puro que no se encuentra en la ciudad.

Garraf

El Garraf, en Sitges, tampoco se libra de guiris en agosto. Aunque la mayoría van a Sitges, Garraf es tan pequeño que con pocos turistas que haya ya parece masificado. Sin embargo, entre semana no suele estar especialmente lleno y es un pueblo muy interesante, no solo por sus playas, sino por su litoral lleno de casitas de pescadores, su encantador núcleo urbano, sus bares y restaurantes con vistas al mar y el emblemático edificio modernista de las Bodegas Güell, del mismísimo Gaudí. Para llegar, coge la R2 sud en Estación de Francia, Paseo de Gràcia o Sants.

Altafulla y Tamarit

Poco antes de llegar a Tarragona se encuentran los pueblos costeros de Tamarit y Altafulla. Todavía conservan su identidad de pueblo medieval gracias a las callejuelas del centro histórico, sus iglesias y los dos castillos, el de Altafulla dentro del casco antiguo y el de Tamarit en la playa, donde podrás bañarte a los pies de esta fortaleza del siglo XI. Desde la Estación de Francia, Paseo de Gràcia o Sants llegarás a la estación que comparten ambos pueblos, Altafulla-Tamarit, y a 20 minutos a pata de allí encontrarás la playa y su castillo.

Hay muchísimos más rincones de Cataluña que descubrir montado en Renfe. Desde algunas de las capitales de provincia (como Reus y sus edificios modernistas, Tarragona y las ruinas romanas o Girona y la ruta de Juego de Tronos) hasta los rincones naturales más inexplorados (para los senderistas recomiendo las excursiones Senderisme en tren). Si te molestan más los turistas que el sudor, ya sabes dónde pasar lo que queda del verano.