Estos 3 jóvenes viajaron a la India haciendo autostop y esto es lo que aprendieron

Tres jóvenes españoles de 20 años emprendieron un viaje de 12.700 km sin dinero ni planes que les enseñó lo que realmente importa en esta vida

Todos estamos acostumbrados a planear nuestros viajes. Mirar el calendario para comprobar qué fecha tienes libre, reservar tu estancia en un hotel en el centro cerca de las zonas más turísticas y preparar un ‘plan de viaje’ donde figuran todos los sitios que quieres ver, dónde comer e incluso cómo llegar a ellos. Pero, ¿serías capaz de embarcarte en un viaje de 216 días sin maletas, ni planificación previa, ni reservas de hotel tan solo tu mochila y un destino final? Ellos sí y no solamente les sirvió para conocer prácticamente medio mundo, sino para conocerse mucho mejor a ellos mismos.

El 15 de enero de 2018, Gerard, Roko y Narcís, tres chicos de tan solo 20 años y tan normales como tú o como yo, se disponían a hacer un viaje desde Barcelona hasta la India. El día de su partida, desconocían cuándo llegarían a su meta, por qué países pasarían y mucho menos dónde dormirían. “Haríamos todo el recorrido en autostop. Sin ningún plan, en libertad total”, comenta Gerard con una sonrisa que contagia entusiasmo e idealismo a partes iguales. A su lado, los otros dos viajeros no paran de repetir la palabra ‘libertad’ como si fuera un mantra. Estamos en un bar de Sant Celoni, el pueblo gironés donde se criaron, y las anécdotas no paran de surgir una tras otra. 

En esta imagen podemos ver el recorrido que hicieron en su viaje.  | Facebook

El motivo principal para emprender este viaje estaba más claro: huir de la rutina en la que se veían inmersos estos tres amigos de la infancia. Ya sabes, tener que ir cada día al mismo sitio, la universidad o el trabajo, y de allí a casa para volver a empezar a la mañana siguiente. Algo que, más allá de limitar a estos jóvenes, lo que les hizo fue reflexionar: “Solo tenemos 20 años, ¿vamos a estar así toda la vida, teniendo una pauta siempre?”. Les faltaba algo y la idea de ‘escaparse’ les motivaba cada vez más.

Seguir los pasos de otros 

Antes de empezar cualquier aventura, y más para una que te enviaría a sitios en los que no te gustaría perderte, es necesario informarse. En su caso, quedaron cautivados por las hazañas de Albert Casals, un chaval en silla de ruedas de 27 años que ya lleva 12 viajando sin dinero y haciendo autostop. En una entrevista que le hizo el diario Desnivel, Albert declaraba que cuando viajas sin dinero nunca sabes qué va a ocurrir y eso te permite disfrutar más las cosas. Lo desconocido te da aventuras mejores de las que uno podría planear aunque te esforzaras. Su mayor preocupación era que en la sociedad se pone mucho énfasis en unas maneras concretas de ser feliz y muy poco en otras que son más trascendentales.

En su libro “El mundo sobre ruedas” invitaba a sus lectores a tener la valentía de seguir sus pasos ya que lo único que importa es la felicidad que has conseguido experimentar antes de morir. Y eso mismo fue lo que hicieron estos tres viajeros después de consultar a Albert y comprobar que, efectivamente, ellos también podrían hacerlo si se armaban de valor. Es más, cualquiera podría hacerlo si se decide.

"La gente es buena por naturaleza"

Durante su viaje pasaron por 12 países diferentes. En cada uno de ellos, sobrevivían gracias a la generosidad de la gente confirmando por ellos mismos eso de que "la gente es buena por naturaleza". En Italia, los tres amigos estuvieron viviendo durante siete días en una comunidad hippie llamada “El Valle de los Elfos”. Sus habitantes son agricultores autosuficientes que viven de cosecha propia. Construyen casas de la madera que encuentran en el bosque. Cuando los tres viajeros llegaron aquí, los italianos les ofrecieron una casa donde dormir y los elementos para poder cocinar y comer con ellos.    

Más tarde, durante una noche fría de lluvia en Croacia, los tres viajeros no encontraron cobijo para dormir en una iglesia por lo que se fueron a la estación de tren donde había un porche que les cubriría. Ahí se encontraron con unos vagabundos y les preguntaron dónde dormían ellos. Les dijeron que tenían la llave de un tren que estaba parado por la noche y que podían descansar con ellos

A partir de Turquía, el autostop era más fácil y la gente más amable. “En la carretera nos cogían con trailers para llevarnos a nuestro destino aunque tuvieran que desviarse de su trayecto inicial, nos daban de comer e incluso algunos nos ofrecieron algo de dinero porque nos veían ahí tirados durmiendo en la calle y se mostraban preocupados”. Al principio recibir tanto sin dar nada a cambio dejaba a los viajeros perplejos. "¿Por qué hacen esto por nosotros?", se preguntaban constantemente. La razón es simple, según Gerard: "El mundo está lleno de buena gente con ganas de ayudar a cambio de una simple sonrisa o un rato de conversación".

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Rompiendo con los estereotipos 

Los tres viajeros no dudan en asegurar que el país que más les cautivó fue Irán y el motivo es que venían desde casa con una imagen muy equivocada del lugar. “Nos advirtieron que fuéramos con cuidado porque es un país peligroso, pero no nos pasó absolutamente nada”, dice Roko con ironía. Según explica, la gente del lugar, sin conocerlos de nada, les llegó a ofrecer su casa para que no durmieran a la intemperie. 

Para ellos, Irán es "un país nostálgico" ya que existe una dictadura que oprime a los ciudadanos quienes viven encerrados. No poseen mucha libertad y esto se ve reflejado en el hecho de que los iraníes no tienen acceso a Youtube ni Facebook, no pueden salir con una chica por la calle si no están casados y están obligados a creer en la religión del gobierno (el Islam). Pero eso no significa que no estén dispuestos a acoger a un extranjero, más bien al contrario.

Si algo tienen claro los tres amigos es que después de convivir con la gente de Irán muchos de los estereotipos más arraigados que traían de casa se quedaron por el camino. El viaje se los llevó. "Cuando estás en tu casa, tienes una imagen ya montada y una vez visitas la cultura y te involucras localmente tienes la opción de conocer la realidad", insiste Gerard.

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Otro estereotipo que rompieron durante el viaje fue el de las mujeres que no viajan acompañadas y los peligros a los que se enfrentan. Esto fue gracias a encontrarse a una joven israelí que les contó que había estado viajando en solitario por toda Asia. Era una mochilera sin dinero como ellos. Hablando con ella llegaron a la conclusión de que cualquiera puede hacer un viaje como el suyo. “Poderse hacer se puede, pero por desgracia no es lo mismo. Porque la gente, sobretodo en estos países donde la religión es muy tradicional, puede que no vea con buenos ojos o que no entienda qué hace una mujer sola. Desafortunadamente han de ir con más cuidado o incluso acompañadas”, se lamentan los tres. 

Experiencias heavy de las que te abren los ojos

Si te dispones a emprender un largo viaje, lo más probable es que ocurran cosas inesperadas y más aún si vas sin un plan. Conocerás a muchos personajes peculiares por el camino y te encontrarás en situaciones extremas. Pero lo mejor de todo será cuando te topes con situaciones de una suerte inexplicable, casi como si estuvieran destinadas a ocurrir. Cuando los viajeros llegaron a Dubai, algo increíble ocurrió. Estaban caminando por la calle y encontraron un tupper con arroz en el suelo que recogieron para comérselo más tarde. Pasaron por ahí dos señores en un coche y se quedaron boquiabiertos al verlos mendigando.

“En esta ciudad no existen los vagabundos, por eso flipan cuando ven a alguien cogiendo algo del suelo”, nos contó Gerard. Estuvieron hablando con ellos, explicándoles su situación. Sorprendidos e intrigados por que siguieran durmiendo en la calle, los dos hombres les contaron que tenían un piso en alquiler vacío por baja temporada y que podían quedarse ahí. Los tres viajeros estuvieron viviendo en su piso durante 15 días totalmente gratis. Con wifi, nevera, aire acondicionado… todas las comodidades de las que carecían en su viaje. Una verdadera fortuna a pesar de que admitieron que tantos días quietos en el mismo sitio llegaron  a aburrirles

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Posteriormente, cuando los viajeros ya estaban en la India, se disponían a dormir en medio de la selva sin tienda de campaña porque hacía mucho calor. De repente, pasó un hombre con una moto y les preguntó irritado qué hacían ahí tirados. Ellos le contaron que no tenían donde dormir y que por lo tanto pasarían la noche en la selva, como ya habían hecho en otras ciudades. El señor sacó su teléfono del bolsillo y les enseñó lo que parecía una foto de la zona. “Empezó a señalar al lado derecho de la imagen, donde vimos la cabeza de una pantera negra escondida entre los arbustos”. Sin embargo, a aquellas alturas los tres ya estaban más que curtidos y la situación se solucionó de manera fácil y rápida (trasladándose al techo de un establo de vacas para estar protegidos por la noche), en realidad había sido una bendición. Ese hombre les salvó la vida. 

La vida es la suma de todo lo que has vivido

Después de pasar 216 días viajando por el mundo y recorrer 12.700 km, la vuelta a la realidad se hizo muy dura para los tres viajeros. Pero al menos ahora saben que van a ahorrar para poder escaparse otra vez, por lo que están motivados. Además, después de todo lo que han visto, se sienten afortunados de poder tener un trabajo donde ganar dinero y una casa en la que vivir. “Vivimos en un ‘primer mundo’ y hay una diferencia brutal entre nosotros y los países que hemos visitado. Nos hemos dado cuenta de que le damos importancia a cosas que no la tienen”. Tienen ganas de poder devolver con acciones todo lo que la gente ha hecho por ellos a lo largo de este viaje. “Nos hemos informado en ONGs e incluso nos gustaría montar algo nosotros mismos para aportar ni que sea un granito de arena”. Afirman que después de vivir una aventura como la suya, no puedes llegar a casa e ignorar lo que has visto. Todo el mundo debería hacer algo por ayudar a los más necesitados.

 

Music is love! ❤️

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Durante este viaje los tres amigos han aprendido que las cosas te pasan solas, no hay que buscarlas. El viaje siempre está a la altura y cada minuto vale la pena. Han sido cuatro meses llenos de experiencias, vivencias, aprendizajes y aventuras. Han vivido sin horarios, ni planes y raramente han dormido en el mismo lugar más de dos noches seguidas. Se han mezclado con la gente local de cada ciudad que han visitado y se han sumergido en su cultura y estilo de vida. Se han dado cuenta de que no todo es como te dicen en casa y que existe una alternativa de vida para ser feliz, la antítesis del consumismo.

A pesar de que su manera de descubrir esto haya sido extrema, experimentando con la libertad absoluta de la vida nómada y de dejar fluir los acontecimientos, sostienen que cada uno tiene su forma de encontrarse. “Nadie debería quedarse quieto en su zona de confort. Deberíamos hacer lo que nos gusta, algo que nos llene, no solo ceñirnos a las obligaciones sociales”, dicen a cada cual más convencido. Hay gente que viaja en bici, en furgoneta, en moto, en coche o a pie. No importa el como, la clave es viajar y conocer gente de otras culturas. Porque nuestras vivencias son más valiosas que cualquier objeto material.