10 motivos por los que Uruguay es el país para los que saben apreciar las pequeñas cosas

Uruguay es un país que te rompe los esquemas. Su expresidente Pepe Mújica, la legalización de la marihuana con fines recreativos, la tranquilidad de su estilo de vida, playas interminables pobladas de lobos marinos y hippies de origen alemán, el lujo obsceno de Punta del Este y estar considerada la Suiza de América son su tarjeta de presentación. Pero, si alguna vez te decides a cruzar el charco, deberías tomarte un par de semanas y fluir al ritmo relajado de los apenas tres millones de charrúas, que es como se conoce a los uruguayos. Estos son los 10 motivos por los que Uruguay es el país de la gente que disfruta de los pequeños detalles de la vida:

1. El presidente filósofo

Imposible empezar la lista sin recordar al inolvidable Pepe Mújica. Este antiguo guerrillero tupamaro siempre estaba dispuesto a recibir con un mate y una sonrisa pícara a cualquiera que se pasase por su austera chacra (como le llaman a las casitas de campo) a unos kilómetros de la capital Montevideo. Sus recuerdos de 13 años en prisión, su filosofía simple de vida (donó el 90% de su sueldo), su voluntad de eliminar la indigencia y reducir la pobreza en un 50% en el país y su VW escarabajo de 1987 llevaron al cineasta Emir Kusturica a dedicarle el documental biográfico El último héroe de la políticaUn símbolo que resumió como nadie la idiosincrasia del país: la sobriedad.

2. La tranquilidad absoluta

Chris Novak

Lo primero que verás al llegar a Uruguay (sobre todo si haces el trayecto con el buquebus de Buenos Aires) es la inmensidad de sus praderas verdes y amarillas. Una extensión difícil de imaginar regada por las casitas dispersas de chapa y madera de colores (chacras) y las vacas traídas de Europa. Una oda a la tranquilidad y el estilo de vida campechano representada por los propios uruguayos que a última hora de la tarde no dudan en salir con unas sillas a la puerta de casa a degustar un mate y contemplar sus increíbles puestas del sol.

3. Montevideo, cumbia y fernet coca

Ojo, no te confundas. Uruguay tiene un arma arrojadiza que te sacará del sopor idílico del primer día nada más pises los boliches (bares) de los barrios Cordón y Parque Rodó de Montevideo: la cumbia villera. Este perreo sureño oriundo de las ‘villas miseria’ (suburbios) es bastante más original que el típico reggaetón y te garantizará horas de baile y fiestón. Todo ello mientras degustas un fernet coca helado, el ‘cubata’ rey de los habitantes del Cono Sur y herencia directa de los inmigrantes italianos por unos 100 pesos (tres euros) la copa. En el tema fiesta se puede decir que Montevideo es pequeñita pero matona.

4. Playas y lobos marinos

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Corre el mito de que al agua de las playas de Uruguay es marrón y está fría como el sobaco de un caminante blanco. Pues bien, lo primero es falso, lo segundo no. Una vez sales de la influencia del enorme río de La Plata y llegas a Punta del Este, te esperan kilómetros y kilómetros de playas de arena y dunas gigantes entre las que no te puedes perder Valizas, Cabo Polonio, Punta del Diablo y La Paloma. Las palabras se quedan cortas para describir el espectáculo que es observar una colonia entera de lobos marinos (ojito que los machos alcanzan los dos metros y los 300 kilos) y aquí están por todas partes (dicen que hay unos 300.000 en todo el país). Sí, huelen mal.

5. El rollito hippie de Cabo Polonio

Solamente llegar hasta este pueblecito de 300 habitantes, en medio de una playa sin calles ni alumbrado, ya es una experiencia. Tras bajar del ómnibus (así le llaman los charrúas a los autobuses haciendo gala de su ‘portuñol’), un camión amarillo que parece sacado de un safari en Kénia te llevará entre los caballos sueltos hasta el centro de las casitas hippies de colores que conforman Cabo Polonio y que rodean su imponente faro. Pasear por las tienditas hippies y puestos de artesanía y comida es sencillamente genial. Además, se respira un rollito muy agradable y está a rebosar de gente joven. Un muy buen lugar para tomar un mate con alguien interesante.

6. El pijerío de Punta del Este

El polo radicalmente opuesto a lo que verás en el resto del país y la prueba de que, a su manera, Uruguay tiene de todo a pesar de estar prácticamente despoblado. Para resumirlo brevemente, Punta del Este es la versión charrúa de Marbella pero con un poquito menos de mafiosos rusos. Edificios altos de apartamentos, tiendas de souvenirs y familias con niños pasando el día en la playa de la Brava (para los valientes) o la Mansa. En la primera vale la pena hacerse la típica foto con la escultura ‘La Mano’ y en la segunda, más familiar, puedes dejar todas tus cosas mientras te das un chapuzón sin temor a que te roben. Esa es precisamente una de las mejores cosas de Uruguay, la relativa seguridad que existe comparado al resto de América Latina. No te pierdas el espectacular hotel Casapueblo del artista, Carlos Paez Vilaró, y que te recordará a Cadaqués.

7. El ritual del mate

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Caminar por Uruguay es darse cuenta automáticamente de que su brazo derecho jamás estará disponible para darte la mano. Resulta flipante ver cómo utilizan el brazo para sujetar las 24 horas del día el dichoso termo del mate. Sí, esta gente consume esta infusión a base de la hierba mate como Pocholo la cocaína. Prepararlo de manera correcta es todo un ritual sagrado en Uruguay y aprender cómo tomarlo y con quién te garantizará una rápida integración social con los locales. Eso sí, como tengas la desgracia de añadirle azúcar (está amargo de cojones), de tomarlo tibio o de mover la bombilla (la pajita de metal para beber), serás enviado al ostracismo de manera inmediata. Si te molan los carajillos y el whisky de garrafón, el mate Canarias es el mejor (7 euretes el kilo).

8. Gastronomía bestial: el asado

Los uruguayos suelen calcular en medio kilo la ración por persona en sus asados, pero siempre suelen añadirle un poquito extra. Sin darte cuenta y rodeado de mates (o vino) estarás metiéndote entre pecho y espalda más de 500 gramos de carne: costillar de vaca, chinchulín (intestinos), tripa gorda, choto (cabrito), mollejas, riñón, chorizo y morcilla. Casi nada. Seguramente a muchos os parecerá algo de lo menos refinado pero la verdad es que es una de las mejores carnes que probarás en tu vida, eso seguro. Además, tanto en Uruguay como en Argentina el asado es toda una institución y el momento sagrado para compartir con tus amigos y familia. Si tienes la suerte de que te inviten sabrás lo que te decimos.

9. Tener de todo sin pasarse

Este punto podría parecer una frikada, pero lo cierto es que en Uruguay la tecnología todavía no les ha robado el momento del día tomando un mate junto a los colegas, viendo la puesta de sol junto a los cientos de gatitos en el faro de Punta Carretas en Montevideo o simplemente fumándote un ‘pucho’ de marihuana cultivada por el Estado y de venta en las farmacias (solo para uruguayos registrados). Aun así, aunque los charrúas no vivan sometidos por las redes sociales, es realmente fácil encontrar WiFi en bares, restaurantes, hoteles, autobuses y varios puntos de la ciudad. Algo a lo que se suma que los enchufes uruguayos son de tres agujeros por lo que son compatibles con tu Mac, cargador de móvil, etc. Tampoco es el país más consumista del mundo, ni un paraíso del shopping. En fin, tienen de todo pero sin pasarse.

10. L@s charrúas

Si algo hace que Uruguay valga la pena es su gente. Puede sonar a topicazo, pero son extremadamente educados y grandes conversadores. Lejos de la arrogancia de sus vecinos del otro lado del río de La Plata (los porteños), el uruguayo medio suele ser un tipo humilde, amable y dispuesto a hablar de cualquier tema ya que, además, el nivel cultural medio de sus habitantes es realmente elevado. Normalmente no suelen tener el recelo a los españoles de otros países del continente aunque también es verdad que les encanta gastarnos bromas a los ‘gallegos’ como se nos conoce en esta parte del mundo. Muy majetes.