WestWorld Te Plantea Si Violarías O Matarías A Alguien Que Tú Mismo Has Creado

La creación de androides, tan realistas que resulta difícil distinguirlos de los humanos, está cada vez más cerca de ser una realidad. Google está desarrollando ,a través de Deepmind, una inteligencia artificial capaz de aprender (al más puro estilo Her), y los avances médicos en la fabricación de órganos sintéticos o prótesis articuladas también pueden acabar desembocando en la creación de humanoides. Y para que todo esto no nos pille desprevenidos, la serie WestWorld nos plantea los dilemas morales que encontraríamos en un futuro cercano conviviendo ya con estos 'progresos'.

La última apuesta de HBO te traslada a WestWorld, un parque temático que recrea el Antiguo Oeste y está poblado por androides hiperrealistas, llamados 'anfitriones'. Estos, desarrollan hilos narrativos en los que participan los huéspedes (personas que van allí a pasar sus vacaciones). Los huéspedes escogen a qué anfitrión seguir y, en función de eso, vivirán una de las historias programadas: atraparán a un forajido, rescatarán a una joven indefensa o tendrán un duelo a muerte en el Saloon.

Los huéspedes no pueden resultar heridos, ni por las demás personas ni por los androides. Sin embargo, a los anfitriones pueden hacerles lo que quieran y eso termina con un gran porcentaje de los visitantes asesinando, violando y masacrando a los humanoides. Además, los humanos saben que están viviendo una ficción, pero los robots están programados para creer que todo es real (tienen un bucle narrativo que repiten cada día como por primera vez). Así, lo que se había planteado como un parque temático, se convierte en un paraíso del crimen y los horrores.

Para que la ficción resulte más real, los androides sufren (tienen respuestas emocionales y dolor) pero al final del día los resetean para que olviden las atrocidades que les han hecho y puedan reiniciar su bucle. Por lo tanto, no pueden aprender. No pueden escapar del bucle. Es lo único que los diferencia de las personas: no pueden decidir, no son libres.

Lo que plantea WestWorld (aparte de que supone que las personas, en un contexto sin consecuencias, nos regiríamos por los instintos más violentos) son dos dilemas respecto a nuestras posibles creaciones tecnológicas.

Por una parte, se pregunta para qué servirían unos androides tan realistas. ¿Para qué los usaríamos? Según la serie, la mayoría de nosotros volcaría en ellos nuestros impulsos más oscuros, los que normalmente reprimimos en sociedad. Los robots serían lo suficientemente parecidos a nosotros como para desahogar nuestra frustración pero, al tratarse de artículos tecnológicos, no sentiríamos culpa.

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Por otra parte, si los usáramos como objetos (entendiendo que, al ser artificiales, lo son) y los convirtiéramos en juguetes sexuales o en el blanco de nuestra agresividad, nos enfrentamos a otro dilema: ¿Eliminamos su sufrimiento, borrando su memoria, aunque esto impida su aprendizaje y, por lo tanto, que evolucionen como lo haría un individuo humano? ¿O les permitimos alcanzar cierta autoconciencia pero les dejamos sufrir, indefensos, ya que según las leyes de la robótica jamás podrían dañarnos? Dicho de otro modo: ¿Cuál es la prioridad, que desarrollen sus capacidades por sí mismos y crezcan, o que desahoguemos nuestros instintos en ellos y sufran?

Cada vez estamos más cerca de tener que plantearnos esto fuera de la ficción. Y cuando los androides sean una realidad, tendremos que analizar si nuestra calidad como especie se basa en lo que somos capaces de crear o en cómo nos comportamos con nuestras creaciones. Si nos convertimos en dioses crueles y arbitrarios, lo más lógico (o lo justo) sería que nuestras creaciones se rebelasen contra nosotros. Vale la pena reflexionar de antemano.