¿Están Volviendo Los Neonazis A Berlín?

Europa no gana para sustos. Este fin de semana el escalofrío ha venido desde Berlín. La ultraderecha populista xenófoba anti-refugiados Alternativa por Alemania ha entrado en el parlamento regional de Berlín con un 14% de los votos. El alza ha venido a costa de pegar un buen mordisco electoral a los conservadores de la canciller Angela Merkel, que obtienen su peor resultado en la capital, y los socialdemócratas, que tendrán que pactar con los verdes y la extrema izquierda si quieren seguir en el poder. La entrada en el parlamento nacional en las elecciones del año que viene, aquello que parecía imposible hace unos meses, se da hoy por hecho. Pero, ¿quiénes son AfD? ¿Están los nazis volviendo a Berlín?

Lo primero, hay que tener mucho cuidado siempre que se habla de nazis volviendo a algún sitio porque se corre el riesgo de banalizar lo que fueron los nazis y de simplificar las raíces del fenómeno actual. Así que no, nazis no son. Pero son xenófobos, populistas, conservadores socialmente, anti-musulmanes y con tendencias antisemitas. Una joya, vamos.

El partido, que ha sufrido cierta mutación interna, se gestó entre 2012 y 2013 durante los peores días de la crisis del Euro. Según denunciaban, la moneda única es una estructura fallida que empobrece al sur y obliga al norte a subvencionarlo. Así que querían volver al marco alemán. De aquella no se metían, o al menos no demasiado, en cuestiones políticas o sociales.

El clim

Frank Ossenbrink
a de hastío de muchos alemanes con el sur de Europa, al que percibían dependiente de sus ayudas, llevó a que en las elecciones al Parlamento Europeo en 2014 lograran siete diputados. Y ahí todo empezó a desbocarse. En el partido surgieron voces que cuestionaban centrarse solo en aspectos económicos y vieron otros temas más populistas como un filón. En el verano de 2015 la química Frauke Petry (foto), perteneciente a la rama más conservadora y nacionalista del partido, ganó el liderazgo.

Ese mismo verano la ola migratoria comenzó en Europa. La canciller Angela Merkel abrió los brazos a los refugiados y más de un millón de personas, la mayoría musulmanas, llegaron a Alemania. AfD comenzó entonces a frotarse las manos. Criticaron a Merkel, a la Unión Europea, al establishment, al Islam y a todo lo que podía darles votos. Incluso el presidente ruso, Vladimir Putin es más popular que Merkel entre muchos simpatizantes de AfD.

En sus críticas se mezclan las consecuencias apocalípticas para la economía que, dicen, los refugiados representan; los supuestos riesgos para la seguridad que su presencia en Alemania implica y la visión de que ellos, musulmanes extranjeros, son en sí mismos una traición a los valores tradicionales alemanes.

Su mensaje resuena especialmente en las regiones excomunistas del Este de Alemania. Precisamente en la ciudad de Dresden, capital de una región con un 0.1% de población musulmana, nació en 2014 el movimiento Pegida que denunciaba la supuesta islamización de Alemania y occidente. Según una encuesta, son los simpatizantes de los excomunistas quienes menos recelos tienen hacia AfD. Pero la presencia de este ha llegado también a los parlamentos del oeste, entre ellos el eco-friendly Baden-Wurtemberg.

Si AfD va ser una fuerza boyante en el Bundestag el año que viene aún está por ver. Los estudios de comportamiento electoral dicen que los alemanes se piensan más el voto en las elecciones generales que en las regionales, lo que podría restar fuerza a AfD. De momento Merkel ha hecho un guiño a los votantes que se le han ido diciendo que si pudiera volver atrás gestionaría las cosas de otro modo. De cómo los electores perciban las palabras de su canciller depende en buena parte el futuro democrático europeo.