La violencia y la xenofobia han acabado con la imagen que tenías de Suecia

La oleada de violencia que sufre el país nórdico desde 2017 ha provocado el ascenso imparable del partido ultraderechista Demócratas Suecos y allanado el terreno para el fin definitivo del paraíso del bienestar socialdemócrata

Si alguien te habla de la vida en Suecia, lo más probable es que te imagines un país próspero y pacífico en el que parejas rubias de 1,90 llevan salen de sus casas sacadas del catálogo del Ikea, cogen sus Volvo eléctricos y llevan a sus hijos, igual de rubios que ellos, a una escuela pública en la que tendrán una educación de excelencia. Pues es posible que en gran parte siga siendo así, pero la imagen idílica del paraíso socialdemócrata nórdico, el paradigma del Estado del Bienestar, hace tiempo que ha dejado de ser tan pacífico e igualitario. Desde aproximadamente 2017, una oleada de violencia se ha extendido por las principales ciudades del país: Estocolmo, Göteborg y, sobre todo, Malmö. Solamente en 2019, el país registró 320 tiroteos y 230 explosiones con un resultado de 41 muertos y más de 100 heridos. Y no solamente asustan los números (10 veces peores que hace tan solo unos años) sino que la extrema violencia de los episodios, en los que no han faltado las ejecuciones a plena luz del día con armas automáticas o el uso de explosivos, están golpeando la opinión pública del país. 

“Ahora tenemos tantas explosiones en Malmö que se puede comparar con lo que ocurría en el País Vasco con ETA”, explicaba en la cadena pública de televisión SVT el analista de la unidad de artificieros de la policía sueca, Ylva Ehrlin. Suena a exageración pero a nivel estadístico no lo es tanto. Por desgracia, algunas de las muertes más traumáticas para el país incluyen la de una estudiante de 22 años que murió víctima de un artefacto explosivo colocado en una tienda de Lund. También, hace ahora un año, falleció la niña de 12 años, Adriana, cuando paseaba su perro por el barrio de Botkyrka, al sur de Estocolmo. La menor se vio sorprendida por un vehículo cuyos ocupantes comenzaron a disparar sin detenerse. Al parecer, el tiroteo fue un conflicto entre bandas rivales y la menor se encontraba en la frontera entre los territorios. Aunque quizá el más impactante de todos fue el tiroteo en la playa de Ribersborg (Malmö) en el que falleció la médico de 31 años Karolin Hakim cuando fue tiroteada por tres desconocidos mientras paseaba con su marido y su bebé en brazos. El asesinato fue tan brutal que el Gobierno de coalición sueco, socialdemócratas y verdes, se reunieron para elaborar un programa de 34 puntos para endurecer los castigos para las bandas criminales.

¿De dónde sale tanta violencia?

Como suele ocurrir en otras latitudes, el origen de la violencia está en el narcotráfico y en las luchas que las diferentes facciones mantienen sobre el territorio. El problema es que en el caso de Suecia, y en especial en las periferias de las grandes ciudades, las estructuras del narcotráfico son de todo menos algo firme y organizado. “En la segunda mitad de los noventa aparecieron las bandas de motoristas, con reglas de entrada y salida; había una organización en los grupos. Pero desde la segunda mitad de los 2000, empezó a convertirse cada vez más en el salvaje oeste ”, explicaba el criminólogo sueco Mikael Rying a la agencia de noticias TT que añadió: “Hablamos de crimen organizado, pero yo diría que es el crimen más desorganizado que hay. Y cuanto más desorganizado, más peligro de que los tiroteos crezcan y afecten a terceras personas”. Por su parte, Ulf Kristersson, principal figura de la oposición con el Partido Moderado, fue un paso más allá al afirmar que “no son delincuentes comunes; matan a niños y atemorizan barrios enteros” y que “las bandas son como los terroristas domésticos de Suecia”.

En efecto, y como apuntaban ambos, la falta de organización en los grupos y las continuas luchas por el territorio entre criminales de muy corta edad, han convertido algunas regiones del país. En especial las periferias de Malmö y Estocolmo, que están consideradas un polvorín en el centro de uno de los países más pacifistas y desarrollados del mundo. “Muchos asesinatos son venganzas por otros asesinatos o cuestiones de honor, a veces entre miembros del mismo grupo; es una bola de nieve que nunca acaba", explica Ardavand Khoshnood, criminólogo de la Universidad de Malmö en declaraciones recogidas por El Confidencial. Tanto es así que el experto prefiere utilizar el término “redes criminales” en lugar de bandas ya que apenas existe una coordinación planificada entre sus miembros que son, en palabras de Khosnood, “cada vez más jóvenes y violentos”. El jefe de la policía sueca, Anders Thornberg, llegó a declarar que solamente en la región de Malmö habían identificado a 80 miembros de estas redes entre los 8 y los 14 años de edad. 

Thornberg también aclaró que solamente en el área de Estocolmo se calcula que hay en torno a 1.500 individuos (mayores y menores de edad) divididos en unas 50 redes criminales. “Por cada asesinado, arrestado o sentencia, hay 10 o 15 más que quieren entrar”, declaró asumiendo la incapacidad de las instituciones por detener la violencia. A esto hay que sumar la gran movilidad de los grupos, que no dudan en desplazarse hasta países vecinos como Dinamarca para llevar a cabo sus actividades con el narcotráfico y la venta de armas obligando, incluso, al país a llegar a cerrar durante algunas horas una frontera de la zona Schengen, está alcanzando regiones rurales como el norte de Suecia. Si en 2017 el norte del país apenas sufrió 3 tiroteos sin víctimas, en 2019 la cifra se situó en 28 con dos víctimas mortales. Es más, los tentáculos de las bandas y redes criminales son tan amplios que algunas han llegado a instalarse en España. Prueba de ello fue la detención en 2018 de nueve miembros de la banda conocida como “los suecos” que pretendía instalarse en la Costa del Sol y la de dos miembros de la Dödspatrullen detenidos por los Mossos de Esquadra en Barcelona en enero de 2019.

Gasolina para la xenofobia

Como era de esperar, el hecho de que muchos miembros de las redes criminales sean migrantes de primera o segunda generación, la mayoría de ellos musulmanes, ha provocado que el partido antiinmigración Demócratas Suecos haya tenido un espectacular crecimiento en las principales áreas urbanas del país (14 escaños más en las últimas elecciones) hasta el extremo de situarse como primer partido en intención de voto de cara a los próximos comicios por delante, incluso, del partido socialdemócrata, el partido más antiguo y que más tiempo ha gobernado en el país (que perdió 12 escaños). De hecho, el crecimiento es tal que hasta el Partido Moderado, la alternativa de derecha clásica liderada por Ulf Kristersson, está perdiendo votantes a un ritmo alarmante al rechazar el discurso de odio de la formación ultra.

No obstante, cabe una posibilidad de que ultras, conservadores y cristianos preparen una alternativa conservadora de cara a las próximas elecciones que acabe por declinar la balanza hacia las tesis de la derecha permitiendo que un partido de extrema derecha entre (y lidere) por primera vez en una coalición de gobierno en Suecia. Algo impensable hace tan solo unos años ya que, hasta ahora, el ‘cordón sanitario’ en torno al partido ultra era total. Por desgracia, todo hace pensar que el paraíso de la tolerancia, el pacifismo y el bienestar hace tiempo que dejó de existir en Suecia.